Una decisión trascendental

La internacionalización no es un coto reservado a las grandes empresas, también interesa a las pymes.

La globalización nos afecta a todos. Por un lado, nos ofrece nuevas oportunidades de negocio, se nos abren nuevos mercados en países que antes estaban cerrados para nuestros productos. Por tanto, no aceptar el reto nos supone un coste de oportunidad muy importante.

Pero también significa que nuestro mercado se abre a la competencia exterior con lo que se incrementará la rivalidad y, al final, sólo sobrevivirán los que sean competitivos. En este caso, no aceptar el reto podría significar el fin de nuestra empresa en un periodo más o menos largo, dependiendo del sector de actividad en que nos movamos.

La globalización es una variable externa, un hecho que nos puede gustar más o menos, pero sobre el que no tenemos capacidad de actuación a nivel individual. Eso sí, tenemos la obligación, como empresarios de reconocer nuestro entorno, cercano y lejano e identificar las oportunidades y amenazas que se derivan del mismo.

La internacionalización, en cambio, es una estrategia que puede adoptar la empresa frente a las amenazas y oportunidades que provienen de su entorno. Es, por tanto, una decisión individual que debemos tomar en función de ese análisis externo y sus propias capacidades, puntos fuertes y débiles que se hacen evidentes después de un riguroso y objetivo estudio de la empresa.

En primer lugar, hay que recalcar que no siempre es conveniente para una empresa iniciar este proceso, es decir, no siempre esta estrategia es válida o posible.

Hay que responder a una serie de preguntas como:

  1. ¿Disponemos realmente de oportunidades en el exterior que se pueden aprovechar?
  2. ¿Mejora nuestra cadena de valor subcontratando o comprando productos y materiales en el exterior?
  3. ¿Somos conscientes de las ventajas y de los riesgos de este proceso de salida al exterior?
  4. ¿Podemos abordar con garantías mínimas de éxito una estrategia basada en la internacionalización de la empresa?

Las tres primeras se refieren, en definitiva, a contestar: ¿debe la empresa salir al exterior? Es decir, si es una estrategia que se debe contemplar como interesante para afrontar los retos que nos marca el entorno actual y futuro.

Con respecto a la cuarta, clave por su importancia y trascendencia, hay que analizar dos aspectos, el aspecto de motivación-implicación de la empresa en el proceso y a las propias capacidades de la empresa.

prediagnóstico

Prediagnóstico

En la primera guerra mundial, la Gran Guerra se llamó, los soldados, acurrucados dentro del agujero en el que se encontraban, esperaban muertos de miedo al momento en que sonase el silbato, indicación de ataque, momento en que había que salir de la trinchera y avanzar por tierra de nadie hacia la madriguera del enemigo, recorrido infestado de peligros.

Muchas veces ocurría que muchos soldados, aquejados en lo que se llamó el síndrome del corazón del soldado (neurosis de combate o fatiga de batalla), no podían moverse, dejando al descubierto a sus compañeros que sí avanzaban, confiando que iban acompañados. Esta situación llevaba al desastre táctico, poniendo en peligro la estrategia de guerra diseñada por el Estado Mayor.

Por ello el análisis de la motivación e implicación real, no sólo del dueño o de su equipo directivo, sino de toda la empresa, es fundamental para poder tomar una decisión adecuada sobre el inicio de un proceso que requerirá de la participación unánime, ya que no es una acción aislada e independiente de la estrategia empresarial.

Un ejemplo de factores a considerar en el análisis podría ser el representado en las siguientes tablas:

Motivaciones

Motivaciones

Implicación real

Implicación real

Por otro lado, hay que estudiar las capacidades de la empresa para responder a las exigencias de este nuevo reto:

Capacidades

Capacidades

En caso contrario, si no se responde afirmativamente a estas tres cuestiones (debe, quiere y puede), es mejor buscar otras alternativas de crecimiento en los mercados actuales (nuevas líneas de productos y servicios, nuevos segmentos de clientes…) que iniciar un proceso que para desarrollarse adecuadamente tiene unas exigencias que la empresa debe estar preparada para afrontar. La internacionalización no es una obligación, es una alternativa, en algunos casos prometedora, a veces insoslayable, pero en otros puede ser hasta contraproducente en el momento actual.

Hay que analizar cada caso de forma individual, sus limitaciones, fortalezas, circunstancias, entorno, y, sobretodo, voluntad de apuesta de futuro por una estrategia que requiere un periodo de maduración más o menos largo, para dar sus frutos.

Si hay algo que nos está enseñando esta mundialización de las economías, es que ningún proyecto realmente importante se puede desarrollar en soledad. Tanto en el ámbito empresarial, con la ayuda de especialistas en las distintas materias y/o la búsqueda de socios que aporten valor añadido al proyecto, como de cara a las diversas instituciones que en España están para dar apoyo al tejido empresarial, en todos los ámbitos de la promoción, la formación y la información.

No cabe duda que una vez tomada la decisión, esta será trascendental para el futuro de la empresa.

En el próximo post intentaremos analizar las posibles ventajas y dificultades de la internacionalización para una pyme española.

Acerca de Ignacio de Alvear

Licenciado en Económicas y Empresariales por ICADE, con 24 años de experiencia en distintos puestos de responsabilidad, trabajando para empresas, administraciones públicas y el tercer sector. Desde 2003, como profesional, ofreciendo servicios de consultoría y formación enfocados al desarrollo y consolidación de las organizaciones.
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