CONDENADO A SER FELIZ

Desde un punto de vista universal limpio de dogmas nuestra llegada al mundo es un ejercicio del azar que se encarga de asignar dónde nacemos, cómo nacemos y buena parte de nuestras posibilidades de futuro. Vislumbré esto hace años, más tarde tuve la oportunidad de salir al mundo, comunicarme, comparar mi realidad con la de otros y convertir mi sospecha en evidencia.

Este proceso personal me llevó a tomar conciencia de lo afortunado que había sido en el reparto, por el dónde, el cómo y en qué familia había aterrizado. Un país donde se respetan los derechos humanos, pleno de salud y en un entorno acogedor, económicamente desahogado, con posibilidades de formación y desarrollo de un espíritu crítico.

Tomar conciencia de lo afortunado que era me llevó a dar un paso más; asumir la obligación de aprovechar las oportunidades que me había dado la vida y compartirlo. Es algo que debería ser imperativo pero que no siempre ocurre, tendemos a ser cómodos, a no apreciar lo que tenemos, a querer más, a dar por hecho que somos merecedores de todo lo bueno que nos ocurre o hacernos los mudos por el que dirán. Embebido en ese empeño de ser agradecido y aprovechar las oportunidades surgió la curiosidad por conocer más sobre la gente que no había tenido la misma suerte que yo.

 LA DESIGUALDAD

Compartir con los que sufren engancha, uno se siente desarmado ante las lecciones de humildad que recibe, agradecimientos de personas que a veces sólo reclaman que se les escuche, que se venza a la indiferencia y se les haga sentir que existen,  que su dolor es real. Te desarman sus sonrisas, tan sinceras entre tanta miseria e injusticia.

A lo largo de los años he compartido experiencias con colectivos desfavorecidos (población indígena, niños de la calle, población reclusa, personas con discapacidad física, refugiados, etc.) Cada una de estas vivencias por si sola hubiera sido suficiente para marca mi vida pero la bendita inconsciencia me hizo ir encadenando una tras otra agitando mi ser por dentro y por fuera hasta grabarse a fuego en mi carácter y dar barra libre a la aparición del insomnio en cualquier momento.

Creo que fue esa herida o su proceso de cicatrización, la causa de que intente disfrutar la vida a tope en cada momento. Me siento condenado a ser feliz y necesito compartirlo, me obligo a comunicarme, a abrirme al mundo, a empaparme y dejarme empapar. En el camino hay muchas dificultades que superar pero la actitud con la que nos enfrentamos a ellas debería ayudarnos a no dejarnos manipular, a encontrar el equilibrio personal, a hacernos transparentes, creíbles, convincentes, confiables, 200% comunicables y sobre todo mejores personas.   

LA SABIDURIA, EL ARTE DE VIVIR


COMUNICANDO

COMUNICANDO, COMUNICANDO

Llega el momento de hacer la presentación, y resulta que después de estar preparando todo durante varias semanas, no he impreso la copia para leer. Si, si, el tema es ya conocido y he estado delante de auditorios difíciles en muchas ocasiones, pero ¿seguro que no va fallar nada?. Tranquilo, no pasa nada, todo controlado. Concentración. Vamos al tema.

Aunque han pasado ya meses desde que terminó el MBA tú lo tienes claro, cristalino. ¿Cómo eran esos consejos? Repaso rápido antes de empezar: voy bien vestido, preparo un par de preguntas por si tengo dudas o me asalta un error, he sido puntual, organizo mentalmente los datos, me relajo para no llegar al límite del estrés (no tenía que haberme comido las 4 tortitas mejicanas con chile, porque en cualquier momento se las envío de vuelta al público),  estoy atento a cualquier movimiento de los asistentes, muestro compromiso en lo que comunico, inteligencia emocional, manejo bien el tiempo, miro a las personas con confianza pero sin avasallar,  me muevo por el escenario, soy creíble y, ¡pam! , me avisan de que comienza el espectáculo.

El escenario es un auditorio lleno de alemanes y austriacos con ganas de batalla, porque eso de que un españolito les lea la carta todavía no lo llevan bien. La presentación, en inglés y, el tema, algo sobre porqué todavía la biomasa crea indiferencia o repulsa en ciertos sectores. Lo cierto es que me han endosado esta presentación porque resulta complicado tener que hacer este papel. A mi lado, en esta obra, tengo a un canadiense sudando como un pollo (este se ha comido un cordero entero, todos los días durante el último mes). A la derecha están un profesor alemán, al que le quitaron la sonrisa al nacer, y un chaval muy majo futuro empresario de éxito. En el centro, nos modera un americano con ganas de hacer de presentador con humor, al estilo de Jon Stewart, pero que a veces se pasa de rosca y nos pregunta temas que no tienen nada que ver con el tema en cuestión.

jon_stewart_5430_645x

Después de una hora termina el espectáculo. He conseguido captar y mantener la atención del público, aprovechado que manejo bien este tema y, sobre todo, transmito con mensajes cortos y claros. Nada de andarse por las ramas que para eso tenemos a nuestros monos. Creo que he conseguido cautivar a la mayoría – ¿ o es que quizá mi inglés no ha sido demasiado fino y por eso me miraban tan fijamente? –  y, desde luego, he transmitido el mensaje. ¿Cómo lo sé? Porque esta vez lo hice, comencé la historia por el final.


¿Por qué miras así a la gente?

Todo observador califica el mundo en el que se desenvuelve y lo que en él acontece, toma posición frente a los hechos, frente a la gente que lo rodea y sobretodo, sobre su propia persona. ¿Y cuál es el siguiente paso que hace? Juzgar. Juzgar sobre uno mismo, sobre los demás y sobre la vida y tenemos que ser conscientes de que, todo ello, tiene un gran impacto en nuestra forma de ser y nuestra forma de actuar.

Fue durante el pequeño reto al que nos enfrentó Jorge Maidana durante una clase de Comunicación y Presentaciones Eficaces, dónde fui realmente consciente de lo que el juicio personal hace con nosotros, de que la autocrítica puede llegar a ser nuestro peor enemigo.

Os pongo en situación. Sábado mañana 10:00 a.m. y poco café de por medio. Se nos separa en grupos y se nos pone en la coyuntura de comunicarle al resto de compañeros una serie de situaciones más o menos problemáticas en tan sólo 19 minutos. Si fuese una buena noticia, no tendría gracia ¿no? El reto estaba servido, intentar poner en práctica los conceptos adquiridos la tarde anterior hacia una mejor comunicación.

107490En mi caso, éramos cinco extraños, lo que cambió un par de horas más tarde y alguna que otra cerveza más tarde también, intentando preparar una presentación sobre un tema desconocido, interpretando roles desconocidos y con unas dos horas de margen para dar lo mejor de nosotros mismos.

Comenzamos a recoger las ideas que queríamos transmitir, pensar como llevarlas a la práctica, quién va a interpretar qué…todo el mundo aportaba, surgían frases como: “eso, eso, que eso lo dijo Jorge durante las clases” y, como buena obra de teatro que se precie, los actores nos introdujimos en nuestros papeles para realizar el ensayo.

El tiempo se agotaba, los nervios afloraban y durante ese mini ensayo observaba nerviosa a uno de mis compañeros encargado de controlar el tiempo ¡Que el tiempo es importante! ¡Que hablas muy rápido! ¡Que no te has presentado! ¡Preséntate, di tú nombre, hazte familiar! ¡Mírame a los ojos, no me estás mirando, no me transmites! ¡No te mueves, no estás siendo dueño del espacio! ¿Hemos dicho el mensaje? ¡El mensaje al principio! ¡Que quede claro!… Y al fin, llegó el momento, la función iba a comenzar.

descargaGrupo a grupo expusimos nuestros temas, de lo más variopintos, cada uno con ideas totalmente diferentes, habíamos tomado enfoques distintos y durante los 3 minutos que tocaba hablar a cada uno, veías como tus compañeros apuntaban sus comentarios a cerca de tu actuación, de tu presentación. Te estaban mirando, te sentías observado e incluso quizás un poco presionado ¿te estaban juzgando? CLARO QUE SÍ!! Estaban juzgando tu presentación, pero lo peor de todo, es que se estaban juzgando a sí mismos mientras te veían a ti. Y de ahí, la autocrítica.

La RAE define la palabra autocrítica “como el juicio crítico que se realiza sobre obras o comportamientos propios”.  Si se hace adecuadamente nos ayudará a crecer y mejorar como personas, pero si tomamos su aspecto más negativo, puede llegar a ser devastadora.

Uno a uno, antes de escuchar la opinión de los demás, opinábamos sobre como nos habíamos visto, ¿qué consideras que tienes que mejorar? Y la respuesta se repetía: TODO. Me he visto mal.

Pero, “te has estado criticando durante años, y no ha funcionado. Trata ahora de alabarte a ti mismo a ver qué pasa.” (Louise L. Hay). No hay peor juez que uno mismo. Afortunadamente, llegaron los feedback, la  reacción, la respuesta, la opinión que intercambiamos sobre nuestra actuación en la palestra. ¡Increíble! Resulta que no éramos tan malos. Tenemos cosas que mejorar, por supuesto, pero ahora ya teníamos las herramientas para hacerlo y la opinión de alguien menos castigador que uno mismo. Todos tenemos nuestro estilo y nuestros puntos fuertes. Hay quien toma el escenario como si se hubiese criado allí, quien mira fijamente empatizando contigo, quien sabe involucrar a su público mediante la pregunta exacta en el momento justo, el que tiene una historia que contar, el que tiene el tono de voz perfecto… se trata ahora de mejorar nuestros puntos débiles.

Esa experiencia de tan sólo un fin de semana, aunque muy intenso, nos ha enseñado como hacerlo, esos pequeños “trucos” para que comunicar se haga ya algo intrínseco en nosotros y para saber que comunicar no es sólo hablar, es muchas otras cosas y sobretodo, es también saber escuchar.

IMG_2103

Gracias por escuchar


Al mal tiempo, buena cara (junto con ética y sentido común)

Los médicos dan las peores noticias y saben como hacerlo. Aunque nosotros no lo seamos, en nuestra vida profesional tendremos que informar y ser informados sobre muchos problemas de distinta índole. Pero por favor, como en cualquier otra de las tareas que llevamos a cabo en nuestro trabajo, usemos el sentido común y nuestros valores tanto a la hora de dar la noticia como cuando la recibamos.

Podría enumerar un montón de técnicas que podemos encontrar en Internet pero prefiero compartir contigo mi punto de vista sobre algunas de las cosas que me han llamado la atención durante los últimos años.

Como en cualquier otra reunión en la que damos una información, tenemos que prepararnos. ¿Qué quiero decir?, ¿qué quiero conseguir? y ¿cómo lo voy a hacer?. Esto no es una discusión, es un proceso en el que tengo que informar sobre algo negativo a alguien que posiblemente no estará del todo predispuesto a escucharnos.

Agradezco la sinceridad, la claridad y la franqueza. De hecho, espero que se me informe de tal manera que al terminar la reunión, posea los datos necesarios y tenga una visión global del problema. Puede que yo no sea capaz de solucionarlo, pero al menos entenderé sus causas y tendré una explicación racional, no una explosión emocional.

Como vimos durante las sesiones, daré el mensaje al principio (o en cuanto pueda) y luego pasaré a explicarlo:

Vamos por partes.

¿Has visto como el amigo George tiene un plan antes de empezar? Sabe el procedimiento que va a seguir y los pasos que va a dar, incluyendo la entrega de la carpeta.

El estilo tranquilo es primordial, nunca, pero nunca, insisto, nunca pierdas los papeles. Es posible que tengas delante a alguien más tranquilo o con más experiencia que tú y transforme la reunión en una discusión. Recuerda, sólo estamos comunicando.

Me gusta cuando dice “Usted y yo estamos aquí porque…”. Ante un problema técnico, he visto como un líder de proyecto ha aprovechado este tipo de comunicación para además de informar, empatizar y motivar, a su equipo.

¿Te has fijado como miran a los ojos? ¿Cómo mantienen un ambiente tranquilo?

¿Puede que esté subestimando el efecto positivo que el cambio puede experimentar en sus hijos?”. ¿En serio vas a decir eso?.  Por favor, usa el sentido común, ese tipo puede tener muy mala leche y perderás el control sobre la reunión.

Pero claro, podemos estar al otro lado. Ser el que escucha.

Personalmente, me gusta la franqueza, que se me explique la causa de los problemas, como se afrontaron antes situaciones parecidas y algún consejo o a quien puedo preguntar. Supongo que tendrás unos gustos parecidos.

De veras, infórmame sobre algo malo, dame toda la información sobre el problema y si es posible, alguna recomendación. Saldré de esa reunión más que motivado.

De acuerdo, hasta ahora no era muy difícil, no era un despido.

Al igual que en el anuncio, cada persona reaccionará ante la noticia de una manera, pero independientemente del caso, como siempre, seamos educados. Saquemos de la reunión toda la información que nuestros nervios nos permitan. Como decimos en mi grupo de buceo “Nunca hay que perder la dignidad”.

Finalmente, la Regla de oro de la Ética.

“Trata a los demás como querrías que te trataran a ti “

Y una canción.


¿Ayuda el humor a transmitir nuestros mensajes?

Me encantan los oradores, actores o interlocutores de la vida cotidiana que consiguen comunicar con espontaneidad y sentido del humor.

Me doy cuenta de que independientemente del mensaje, el hecho de transmitirlo con naturalidad, seguridad y sobre todo, con gracia,  hace que queramos seguir escuchando.

Tal es la importancia del humor en los discursos que el candidato en aquel momento(2008) a la presidencia de EE.UU., Barack Obama, lo utiliza para romper el hielo y subir su rating antes de las elecciones en la cena anual de la fundación Alfred Smith.

 

Un fenómeno en el mundo de los discursos motivadores es la organización Toastmasters que cada año reparte premios a los mejores discursos en público.

Curiosamente los ganadores son siempre aquellos que cuentan las historias más emocionantes desde la perspectiva más divertida, como en el siguiente ejemplo del ganador mundial del año 2014.

Históricamente el humor ha sido la herramienta más usada para transmitir la crítica política y social, a veces incluso en tiempos y sociedades con libertad de expresión limitada. Tal como dijo Oscar Wilde “Si quieres decirle la verdad a la gente, hazles reír, de otra manera te matarán.”

¿Pero es siempre tan fácil y garantizado el éxito de los discursos con el sentido del humor?

Supongo que si lo fuese no habría tantos casos de chistes o anécdotas mal empleados, que todos hemos visto y que pueden llegar a estropear un discurso.

Tocar las emociones de la gente no es una tarea facil y es por eso que poca gente lo consigue.

A los demas nos queda leer y aprender…

Según las instrucciones que Courtland Boveé da en su libro “Contemporary Public Speaking” las siguientes son las 4 claves para hacer nuestro discurso más divertido:

El sentido del humor es un arma de doble filo. Puede aumentar la fuerza de nuestro mensaje, pero empleado erroneamente puede estropear por completo nuestros discursos.

Dado que en el mundo de hoy el poder de influir en los demás ya no está en la información sino en la manera de transmitirla, la importancia de cómo comunicamos es cada vez mayor. Por otra parte en la actual abundancia de medios de comunicación es importantísimo saber captar la atención y poder diferenciarnos para ser escuchados. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que provocando risas?


La comunicación como medio para mejorar las relaciones

La comunicación forma parte nuestro tanto como lo puede ser nuestra respiración o nuestros latidos; desde nuestra etapa de bebé lo primero que hacemos en el mundo exterior es comunicarnos, si bien todavía no con la palabra, si con gestos y onomatopeyas. A partir de ahí empezamos a decir palabras, luego frases, y todo ello con la función de comunicarnos con el resto de personas. Pero no sólo eso, desde pequeños también empezamos a recibir mensajes y los empezamos a interpretar, empezando por la forma en la cual nuestros padres nos muestran afecto, nos mandan acciones e incluso nos riñen. Todo ello tampoco se queda ahí sino que con el paso del tiempo también mejoramos esta capacidad y vamos, poco a poco, mejorando nuestra compresión de los mensajes. Por tanto, si es algo que está en nuestro día a día, practicándolo con asiduidad, y que mejoramos con el tiempo, ¿podríamos decir que nuestra forma de comunicarnos es perfecta (o, al menos, casi)? La verdad es que, desgraciadamente, no; a pesar de ser algo que practicamos diariamente esta capacidad no parece que se mejore de la misma manera que otras habilidades, como la escritura, las matemáticas o la práctica de un deporte. Aparte de esto, la comunicación es el punto más importante para las relaciones personales, ya sean profesionales o personales, porque de lo bien o lo mal que nos comuniquemos nuestras relaciones serán, de la misma forma, mejores o peores. Creo que es algo habitual los problemas con otras personas por cosas como “Yo entendí que…” o “Pues es que no me lo explicaste bien…” y, en cualquier caso, esto se podría haber resuelto si la comunicación entre ambas personas hubiera sido mejor.

Con todo esto, ¿es importante intentar mejorar la comunicación? Rotundamente sí. La comunicación es algo tan importante y con tanta relevancia en nuestras vidas que debemos intentar mejorar en ello tanto como se pueda. Teniendo esto en cuenta es necesario prestar atención a cómo nos comunicamos, intentando mejorar la forma en la que transmitimos el mensaje y poniendo énfasis en los pequeños detalles que permitirán que el receptor comprenda nuestro mensaje. Esto, que parece obvio, no se suele aplicar en nuestro día a día, ni a nivel personal ni a nivel profesional, por lo que termina generando problemas o ineficiencias con los demás. En contrapartida, con una serie de consejos básicos es posible mejorar todas nuestras relaciones y, por ello, a continuación expondré algunos puntos que nos podrán ayudar:

Hasta ahora hemos hablado de la transmisión pero, ¿y la recepción? También es importante ser un buen receptor y saber escuchar, esto generará confianza en la otra persona y nos dará mayor credibilidad. Para ello, a continuación os expongo una serie de consejos básicos:

Como resumen, una vez que tenemos una serie de consejos para mejorar nuestra comunicación, y viendo lo importante que es dado que nos influye en la relación con las personas tanto a nivel profesional como personal, debemos intentar ponerlos  en práctica siempre que tengamos ocasión para ir mejorando cada vez más en ello.


La noche y el día

Pensando en la comunicación y en el mensaje que queremos transmitir, me han venido varias ideas a la cabeza. La primera es que en muchas ocasiones, el mensaje es lo más importante, mucho más que el “cómo”. Y es que hay mensajes que llegan independientemente de como sea el orador y lo bien o lo mal que lo haga. Sirva de ejemplo la película el “Discurso del Rey” el pobre hombre con su tartamudez y el miedo que tenía a hablar en público, no lo podía hacer peor pero vaya mensajes que lanzaba el hombre.

Igual no quiero desviarme demasiado porque mi reflexión no iba del todo por aquí. Mi reflexión era sobre el mensaje y sobre como es la comunicación cuando el mensaje somos nosotros mismos.

Supongamos dos escenarios distintos como pueden ser la noche y el día y en ambos casos el mismo mensaje: nosotros mismos.

Lo cierto es que no comunicamos igual un sábado por la noche de ligoteo que un lunes por la mañana en una entrevista de trabajo. A pesar de que en ambos casos buscamos impresionar y ser los elegidos, usamos técnicas completamente distintas.

Que mal queda prepararse o tener ensayada la forma de entrar a alguien, aunque a algunos le funcione. Seguro que todos hemos oído alguna vez aquello de “perdona como te llamas, es para pedirte a los Reyes Magos”

Por otra parte que mal puede resultar ir al descubierto a una entrevista, así, a puerta gayola, sin haber preparado ni si quiera tus tres virtudes y tus tres defectos o la típica de por qué has tardado tanto en terminar la carrera.

Imaginaros que tratamos de aplicar las mismas pautas a las dos situaciones y para ligar empezamos a hablar de nuestra intensa experiencia anterior o incluso facilitamos algún contacto para que pidan referencias… Si, catastrófico.

Rizando el rizo un poco más, como seríamos si la misma persona a la que intentábamos arrimarnos el sábado, es la misma que nos entrevista el lunes 😱😱😱

Supongo que dependerá de cual fue el desenlace el sábado anterior, pero lo que si es seguro es que nos sentiremos totalmente desnudos delante de la otra persona (con un poco de suerte por segunda vez).

Dudo que esa vulnerabilidad se deba a que durante el ligoteo no nos mostrásemos tal cual somos sino más bien por demostrar el grado de cambio en nuestro comportamiento entre ambas situaciones. Es en ese tipo de cosas donde si mostramos mucho más de nosotros mismos.

La verdad es que en estos dos casos extremos las diferencias en la comunicación parecen totales, pero ¿cuales son las pautas que se mantienen comunes?

La primera cosa común es el mensaje a trasmitir, en ambos casos es “eligeme”. El fin ya justificará los medios.

Otra pauta común es que en ambos casos lo que motiva nuestra actitud es la idea de lo que pensamos que se espera de nosotros. Tratamos de ser como creemos que a la otra persona le gustaría que fuéramos, es decir, queremos satisfacer las expectativas que sospechamos tiene el interlocutor.

Esta aceptado que lo que se espera de una persona en un trabajo es que sea sería y responsable mientras que normalmente lo que se espera de una potencial pareja es que sea divertida, maja.. y bueno, cada uno aquí que ponga sus requisitos yo me conformo con poco.

El tema de la actitud es importante porque inconscientemente tratamos de agradar siempre que comunicamos y esto es así porque buscamos la aceptación, si señores, buscamos followers.

Esto es, la actitud como elemento cambiante motivada por un objetivo siempre común que es la aceptación.

Lo que sí o si se mantendrá constante en cualquier caso o situación es nuestro lenguaje corporal. En cualquiera de las dos situaciones anteriores si estamos nerviosos nuestras manos o nuestros gestos podrán ponerlo de manifiesto. Si nuestro interlocutor toma una actitud negativa o de rechazo veremos que cruzará los brazos o fruncirá el ceño. Si nos está escuchando y prestando atención repetirá nuestros gestos. Si no terminamos de convencerle y no sabe si sí o si no, se tocará detrás de la oreja mostrando indecisión. Cuando reflexione o nos evalúe tenderá a tocar su barbilla, y así un gesto tras otro que comunica algo siempre del mismo modo, independientemente de la actitud, el tono o el enfoque que queramos dar a una situación.

La reflexión a la que me lleva todo esto es que no todas las formas de comunicación buscan lo mismo, pero si que todas las formas de comunicación consciente lo hacen a través de la aceptación, especialmente cuando el mensaje es uno mismo.

 

split

 

 


La importancia de una atmósfera de confort en la comunicación.

El concepto de comunicación implica inherentemente la participación de varios seres conscientes, y por tanto requiere de una interacción entre ellos. Esto resulta obvio cuando la comunicación es entre dos personas que interactúan en una conversación, pero no lo es tanto cuando nos referimos a una presentación o un escrito; valga este mismo blog como ejemplo. No obstante, la misma regla aplica, y es totalmente imprescindible mantener claro el objetivo de interacción. Si no, el proceso comunicativo será infructuoso.

Cuando hablamos de una presentación es fácil imaginar a alguien dando un discurso y cuando pensamos en un escrito no nos imaginamos interacción alguna. En ambos casos erramos.

Si yo quiero que estas líneas atraigan su atención, querido lector, lo primero en lo que pienso es en quién es usted y que le interesa. Por el simple hecho de haber accedido a este blog de la EOI doy por hecho que: 1) es inteligente por buscar aquí, 2) busca el éxito y proyección profesional y 3) está al acecho de cualquier información que le ayude a potenciar sus capacidades al máximo. Otras muchas cualidades, como la belleza, son igualmente evidentes, pero tampoco quiero sobrecargar el texto 😉

Mi pregunta querido lector es: ¿Basta con captar la atención para transmitir un mensaje?. En mi opinión NO. Podríamos captar la atención con un título controvertido o grosero, pero entonces, seguramente, la predisposición hacia la idea principal sería mala. O solo conseguiríamos la aprobación de un público objetivo reducido; véase la estrategia de Mr. Tump. En mi opinión, generar una atmósfera de confort para el emisor y receptor del mensaje es fundamental para lograr el objetivo final: transmitir uno o varios mensajes de forma clara y asegurar su comprensión dentro de un contexto.

Una atmósfera confortable ayuda al individuo transmisor del mensaje a estructurar el mismo acorde a su forma de entenderlo. Por tanto mejorará sus capacidades comunicativas al no requerir tanta atención a la estructura de la exposición. Por el contrario una atmósfera incomoda, agresiva o en general difícil supondrá mayor tensión al comunicador. Probablemente éste se centrará en restructurar el mensaje de una forma que no le es familiar y a buen seguro resultará poco convincente.

Resulta evidente que si el receptor del mensaje se encuentra cómodo estará más predispuesto a interiorizar el mismo. Además, un receptor en un ambiente acogedor se siente invitado a reflexionar sobre las ideas transmitidas. En resumen, será un individuo participe y proactivo, enriqueciendo por tanto el proceso comunicativo.

Generar una atmósfera confortable requiere empatía entre los participantes en el proceso comunicativo. Requiere una preparación previa del proceso de comunicación centrada en el receptor. Requiere una preparación minuciosa del emplazamiento y control de los tiempos. Y sobre todo requiere una predisposición por parte del comunicador a crear un entorno amigable, es decir una actitud distendida y cercana.

En resumen, querido e inteligente lector, espero que estas líneas hayan sido una fácil y cómoda lectura para usted, ya que así la información aquí presentada podría haber llegado a ser útil y espero que enriquecedora.

Cuando necesite transmitir una idea será mucho más exitoso si se encuentra en un entorno confortable, y para ello deberá esforzarse al máximo en generar esa situación entorno a los destinatarios de su mensaje.

Nota: Si nos fijamos en los actos electorales, nuestros queridos políticos se rodean de sus más acérrimos seguidores para repetirles una y otra vez mensajes que conocen de sobra. ¿Tendrá algo que ver con generar el entorno adecuado para enardecer al político en cuestión?.


VENCER EL PÁNICO ESCÉNICO

Podríamos tener miedo a la oscuridad; a ciertos animales, a las alturas o incluso a los impuestos; pero pocas cosas hacen temblar más al ser humano que el miedo escénico. Científicamente conocido como “glosofobia” (terror a hablar en público) ni las arañas de las películas de Spielberg pueden competir en capacidad a la hora de paralizarnos de angustia, nublar nuestros pensamientos y enfriar nuestras manos con un sudor gélido (ya sé, quizás estoy exagerando).
Lo que no es una exageración es la cantidad de personas que sufren de esta “característica”: Según Cheryl Hamilton, Profesora en comunicación del Tarrant County College, en su libro “Communicating for results”, el 95% de la población sufre de ansiedad en mayor o menor grado cuando tiene que dirigirse a un grupo de personas. Aún más extraño es el hecho que muchas de estas personas pueden bailar o cantar ante una audiencia, siempre y cuando no le dirijan palabras directamente al público.
La cosa como que tiene que ver con el verbo, entonces. ¿Cómo podemos combatir el miedo a expresarnos ante diez, veinte, cincuenta o cien personas? Ésta es una pregunta ubicua en algunas charlas sobre lenguaje corporal.
He aquí la “lista del mercado” que se puede repasar para olvidarse de una vez por todas del miedo escénico:
1) La pasión nace de la investigación, y no al revés.

¿Cómo nos va a gustar algo que desconocemos? y ¿Cómo vamos a tener seguridad al exponer algo que ni nos gusta ni dominamos? No es lo mismo tratar de exponer un tema que revisamos “por encima” en Wikipedia a otro que nos hemos tomado la molestia de investigar en profundidad.

2) Divide y vencerás.
Nos dicen que debemos hacer una exposición de veinte minutos. Pero ¿Qué pasaría si esos mismos veinte minutos los dividimos en pequeños bloques de dos minutos y medio? tendríamos ocho “contenedores”, donde no sería difícil distribuir ocho “partes” de nuestro discurso.
3) Ínflate bien (pero no tu ego).

Para dominar el terror que sentimos cuando nos enfrentamos a un público de extraños, es importantísimo desarrollar nuestra respiración diafragmática. ¿Y eso cómo se come?, preguntarán algunos; pues bien, se trata simplemente de respirar profundamente inflando la barriga o “panza”, y no el pecho.

4) Usa la tecnología a tu favor, no en contra.
Es posible acompañar cualquier exposición con una presentación digital, ya sea en powerpoint o en otro software similar (aquí se incluyen las “transparencia”, je, je). Pero hacer una presentación que cumpla con las normas básicas de la funcionalidad estética parece que escapa al criterio de muchos, pues generalmente vemos despliegues de figuritas, animaciones y colores que más que atraer la atención del público lo que hacen es desviarla.
5) Práctica, joven aprendiz.

Práctica, práctica, práctica.

6) Hora de “Optimizar” tu actitud.
Utiliza preguntas retóricas para mantener la atención de tu público, inserta silencios de uno o dos segundos después de datos relevantes o curiosos; para los puntos más interesantes, baja un poco la voz, como si estuvieses diciendo un secreto, y luego recupera tu volumen normal.
7) El que madruga… encuentra el salón solo.

Siéntete dueño de esa sala vacía; eso te programará positivamente para tu discurso.

8) Mira que te mira, pero… ¡Sin mirar!

Para que esta situación no nos afecte, tratemos de hacer el truco de “ubicar tres rostros en el público, uno a la izquierda, uno a la derecha y uno al centro y míralos alternadamente a lo largo del discurso” pero sin mirar directamente a ningún rostro en particular. Dirijamos la mirada al vacío entre dos personas; desconectándoos de las expresiones faciales de quienes nos escuchan.

¡SUERTE MAESTRO! …. Y ¡AL TORO!

310712-helsinki-after-36c606b


PRESENTACIONES EFICACES

 

Cualquier presentación realizada con el objetivo de transmitir eficazmente un mensaje e influir en la audiencia debe seguir el siguiente proceso creativo:

PRESENTACION3

Como todos sabemos crear una presentación no es hacer un PowerPoint más o menos bonito, éste es solo un elemento más de la presentación y ni siquiera es el más importante.

Toda presentación implica cuatro etapas desde que el organizador del evento la encarga hasta que la audiencia la recibe.

ETAPA 1: PLANIFICACION

Una charla empieza en el momento en que te la encargan, desde el momento que conoces la fecha del acto lo primero que se debe hacer es planificarlo y para ello debemos contestar a las siguientes preguntas:

Hasta aquí no hemos abierto PowerPoint o cualquier otra herramienta de creación de presentaciones. Durante esta primera etapa da mejores resultado utilizar papel y lápiz.

ETAPA 2: ESTRUCTURA

Una vez que hemos respondido a las preguntas anteriores, hay que comenzar a reunir el material y estructurarlo según la información recién obtenida. Toda presentación se organiza en tres elementos fundamentales: introducción, cuerpo y conclusión.

A su vez, la parte central o cuerpo suele subdividirse en otras en función de los conceptos que se quieran transmitir.

Ahora es cuando se debe pensar en el contenido que tendrá cada una de ellas, cuánto tiempo le asignaremos, con qué profundidad y alcance se cubrirá. También es un buen momento para reflexionar acerca de que materiales de apoyo puedes incluir y en que instante de la presentación: anécdotas, historias, videos, fotografías, ejemplos, etc.

En este punto todavía seguimos si abrir PowerPoint, continuamos trabajando con papel y lápiz.

ETAPA 3: DISEÑO

En este punto ya contamos con el material bruto de la charla y se sabe donde encajará cada elemento. Si vas a usar software de presentaciones, se trata ahora de presentarlo con un diseño atractivo y cautivante.

Habrá que prestar atención a como se incluirá el texto, la elección de las fuentes, el uso de viñetas, los títulos, las tablas, las ecuaciones, etc.  A continuación si se decide incluir material multimedia adicional, como videos, audios, animaciones, gráficos, fotografías, habrá que pensar de qué modo incluirlo para que cause un impacto visual favorable.

El objetivo a perseguir durante esta fase es conseguir un diseño sencillo y a la vez atractivo de tus transparencias, huyendo de las listas de viñetas y gráficos de baja calidad. Cada presentación debería merecer figurar como un anuncio de una valla publicitaria o una revista.

ETAPA 4: EXPOSICION

Ha llegado el momento, la última y más temida etapa de la presentación, aquella en la que culmina todo el trabajo anterior: la exposición delante de la audiencia.

Para que esta acto sea un éxito se deben tener en cuenta componentes del lenguaje verbal y del lenguaje no verbal. A su vez dentro del lenguaje no verbal suelen distinguirse dos categorías. En primer lugar, el lenguaje paraverbal: como se pronuncia el mensaje, es decir, la entonación, la proyección, el tono, el énfasis, las pautas, el ritmo, las muletillas, etc. En segundo, el corporal: lo que se dice con el cuerpo a través de los gestos, las posturas, la mirada, el movimiento de los ojos, los desplazamientos, etc.

images


ANTIFRÁGIL

Lo antifrágil va más allá de lo resilente. Del mismo modo que los huesos se robustecen cuando están sometidos al estrés y a la tensión, o de la misma forma que el cuerpo se inmuniza con el alérgeno de una vacuna, lo antifrágil se beneficia de los shocks, la incertidumbre y del estrés.

Con frecuencia, las presentaciones en público generan en nosotros cierta tensión. Justamente motivada por esa incertidumbre.

Vivimos en un mundo en el que todo cambia muy deprisa y no hay una fórmula mágica para tener éxito en lo que hacemos. Tampoco la hay para la comunicación. Cualquier acto comunicativo, sea interpersonal o grupal, es diferente. Lo es el entorno, el contexto, la audiencia, los objetivos… Cada persona es diferente.

Por ello, la mejor forma para enfrentarse y mejorar ante situaciones cambiantes y con incertidumbre —como son las presentaciones en público— es ser realmente “antifrágiles”. No es simplemente ser “resilentes” (o robustos) y volver al estado original una vez superado el “escollo”. Es estar listos para sacar provecho del estrés, de los errores y del cambio. Y alimentarnos de ellos.

ANTIFRÁGIL
Más allá de nuestra “antifragilidad”, no está de más estar preparados y hacer uso de ciertas técnicas que nos puedan ayudar y que con cierta práctica pueden convertirse en hábito.

Todos hemos asistido a cursos de comunicación o de presentaciones eficaces en los que se daban buenas ideas y técnicas que al final acaban cayendo en el olvido.

Para evitar esto y aprovechando que estas líneas perdurarán en el tiempo y que es más probable que vuelva a ellas algún momento que a mis notas, quería cerrar la entrada con una lista de notas para mi yo del futuro:

– ¿Te late el corazón más rápido? ¿Sudas? ¿Te falta el aire? ¡Perfecto! Aprovecha la tensión, siempre va a estar ahí. Repiensa el estrés como algo provechoso. El cuerpo se prepara para la acción.

– Aliméntate de la experiencia tanto durante la presentación (canalizando la energía) como después (aprendiendo de errores y mejorando). Pide Feedback siempre que puedas.

– Una metodología para la preparación basada en 7 puntos:

1. Estructura y dale contenido a la presentación. ¿De qué quiero hablar? ¿a quién? ¿dónde? ¿cuánto tiempo? ¿cuál es mi objetivo?
Capta la atención desde el principio, por ejemplo, empezando por el final y generando intriga, con un dato impactante, o con una pregunta reflexiva.

2. Haz un guión escrito. Palabra-por-palabra y memorízalo.
Preparación, preparación y preparación! También los imprevistos y las “salidas”.
a. Comienza con fuerza.
b. Ten un mensaje claro.
c. Usa un lenguaje sencillo.
d. Crea una imagen en la mente del espectador.
e. Concluye tocando lo emotivo. El Storytelling es una buena herramienta para “conectar” con el público, contada como vivencia personal o apelando a un propósito más elevado.

3. Ensaya y controla el tiempo.

4. Agrega expresión, posturas, gestos y sentimientos. Suponen el 93% de lo que se comunica. Solo el 7% con las palabras.

5. Interactúa con la audiencia. Mantener la atención. Usa el humor (sin pasarse!). Anécdotas. Uso de pausas en el habla para generar expectación. Preguntas y referencias a personas del público.

6. Supera el miedo escénico.

7.Practica, practica y practica. Como dicen los alemanes: Es ist noch kein Meister vom Himmel gefallen.

https://es.linkedin.com/in/alvarocebrianbenito



Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies