El túnel
El túnel
Acabamos de volver del encuentro en Los Peñascales, lugar y momento que los responsables de nuestro MBA coinciden en señalar como punto de inflexión en la formación que se nos está impartiendo.
Me gustaría compartir en este blog mi impresión sobre lo más relevante que, en mi opinión, el máster nos ha aportado hasta este momento.
Desde mi propia experiencia veo que la vida empresarial – laboral suele iniciarse teniendo como meta uno o varios objetivos que dibujamos mentalmente para nuestra empresa y que proyectamos en un tiempo más o menos definido: que la marca principal de la empresa sea reconocida en su sector, que se logre una cifra media de facturación, que se desarrollen nuevas líneas de negocio periódicamente, que se internacionalice, etc. Estos objetivos están fundamentalmente marcados por la fase de desarrollo en la que se encuentre nuestra empresa: nacimiento, consolidación, expansión, reestructuración o, incluso, finalización. Las empresas son personas (jurídicas o morales) y, como tales, evolucionan a lo largo del tiempo como lo hacemos nosotros mismos.
Estas metas son los hitos fundamentales que estructuran el camino que debe seguir la vida de la compañía, en todo equivalente a las que marcan la existencia de los propios seres humanos. Cuando estos objetivos se pierden de vista bien podemos decir que la empresa prácticamente ha dejado de ser consciente de sí misma, de su razón de ser. Al igual que nos pasaría a nosotros mismos, sin esta consciencia es extremadamente difícil que la compañía tome las decisiones adecuadas para su evolución; la categorización deja paso a la casuística y las posibilidades de fracaso se incrementan significativamente.
Contrariamente a lo que se podría pensar, uno de los principales obstáculos para mantener al día los objetivos estratégicos de la empresa puede ser el propio funcionamiento diario de la misma. La frase “los árboles no dejan ver el bosque” lo representa adecuadamente.
En efecto, los obstáculo diarios a los que se enfrentan la mayor parte de las empresas, máxime en el contexto económico actual, pueden llegar a desbordar la atención, el tiempo y el resto de recursos con los que cuentan las personas de una empresa. Se entra así en un túnel donde lo urgente se antepone a lo importante.
Por contra, la “apertura” con la que nuestro MBA ha decidido abrir el juego de este año intenta contextualizarnos para estructurar la base sobre la que se deberían desarrollar nuestras decisiones ejecutivas o empresariales: analizar el entorno económico, albergar la idea de innovación como un elemento permanente de la empresa, dirección estratégica, etc. Todos estos conocimientos nos permiten volver a ver el bosque que nunca debimos de perder de vista.
Es por lo anterior que, hasta el momento, lo que más valoro de nuestro MBA es su estrategia para contextualizarnos como ejecutivos o empresarios, y dentro de esta estrategia valoraría particularmente las clases de Entorno Económico como las más fructíferas.
Los años que estamos viviendo se caracterizan por ofrecernos un gran volumen de información económico-política. Con frecuencia escuchamos que la Economía interfiere en la Política, la mediatiza y la somete a su lógica, de tal manera que luego los Gobiernos no tienen verdadera capacidad de reacción. Lo anterior tiene su medida de verdad, por supuesto, pero también lo tiene que la Política y, más concretamente, los políticos, tergiversa públicamente una y otra vez los mensajes económicos haciendo gala de un evidente dolo. Ya vemos que el Gobierno presenta previsiones insostenibles que luego tiene que corregir, o que aplica medidas cuya efectividad es bien discutible aunque sostenga lo contrario, o minimiza las externalidades negativas de las medidas que toma, etc.
Para un empresario – ejecutivo es fundamental proyectar escenarios de futuro económico-social más o menos inmediatos. La distorsión que el mundo de la política introduce en la información económica merma significativamente nuestra capacidad para evaluar la información y construir escenarios válidos. Es por esta razón que, por encima de todas nuestras clases, valoro las de Agustín del Valle como las más valiosas; porque nos ha iniciado en las herramientas básicas que nos permiten intentar escapar a la distorsión de la realidad en la que la clase política y los medios de comunicación nos sumergen diariamente. Y, en estos tiempos, cualquier herramienta que nos permita formar un criterio informado de la realidad es, como se diría en Economía, un bien muy escaso.
Inteligencia emocional
Una de las claves de una comunicación efectiva es la inteligencia emocional. Ante una presentación, siempre parece que la idea fundamental es decir lo que queremos decir. Cuando lo que también debería preocuparnos, en igual medida, es conectar con el oyente. Y es que, no siempre el ponente se pone en los zapatos de la audiencia, porque claro, para esto habría que hacer uso de la empatía, ya que requiere, cuanto menos, saber interpretar las emociones ajenas. Alguien que no sea capaz de ésto, no sólo no conectará a nivel emocional, sino que tendrá serias dificultades para detectar las necesidades del cliente.
Otra de las aptitudes relacionadas con la inteligencia emocional es la escucha activa, porque, ¿cómo vas a mejorar tu comunicación si no escuchas de verdad lo que te dice el público? El ponente nunca se debe olvidar que la comunicación es bidireccional. Por ejemplo, hay que ser receptivo ante cualquier pregunta. Aunque no resulte fácil, cuando implique repetir conceptos que parezcan evidentes, siempre será más beneficioso para la comunicación, repetir lo que haga falta, que eludir la pregunta o menospreciarla.
Sin embargo, en la realidad no siempre se aplican estos conceptos, lo que nos lleva a pensar cuanto puede afectar la falta de inteligencia emocional a la comunicación: ¿alguien que no tenga desarrolladas estas aptitudes es capaz de ser un buen comunicador? ¿una comunicación sin empatía puede ser eficaz? y finalmente, ¿la inteligencia emocional es un factor tan importante en todos los casos?
Conocerse a uno mismo
Antes de nada, me gustaría comentaros que esta es la primera vez que escribo en un blog, aunque soy un asiduo lector de varios de ellos.
Tras la clase del fin de semana pasado, la conclusión más importante a la que he llegado, es que para ciertos trabajos, entre ellos el mío, a veces tiene tanto o más valor la forma de comunicar, de llegar a la audiencia, que el propio contenido.
En mi trabajo diario, en el que lidero un gran equipo de personas de diferentes departamentos, generaciones, nivel académico e intelectual, es fundamental conocer si el mensaje que estoy transmitiendo está siendo entendido. Para ello es fundamental saber si el clima y el entorno, así como el medio de comunicación está siendo el más apropiado.
Frecuentemente utilizo la herramienta del “Feedback”. Es importante crear un entorno de confianza para que estas personas expresen abiertamente su punto de vista y consigan hacer ver a uno mismo, esa parte desconocida o que creemos no proyectar a los demás (veáse Ventana de Johari). Mi empresa pone algunas herramientas que son muy útiles para ello (Multi Rater Assesment, 360º Feedback), en las que de forma anónima, todo el entorno del trabajador (jefes, colegas, clientes y empleados), contestan a una serie de preguntas que el interesado a contestado previamente.
Los resultados no suelen dejar indiferente a nadie.
Además de ser bueno hay que parecerlo.
¿Cuantas grandes ideas y grandes productos se ha quedado en un cajón o han fracasado por una mala imagen o una mala presentación? ¿Cuando productos mediocres o no tan buenos como otros similares triunfan simplemente por su imagen o por una comunicación eficaz? Estaréis de acuerdo conmigo en que vivimos en un mundo en el que la imagen es fundamental, de ahí el titulo de mi post. Esto también es aplicable al ámbito profesional en el que nos movemos, en el que a la hora de presentar una idea a la dirección de nuestra empresa, o de vender un producto a nuestros clientes el “envoltorio” es casi tan importante como el contenido.
Este “envoltorio” no es solo una buena presentación de PowerPoint o una documentación exhaustiva e impecable técnicamente, es una buena imagen personal, control del entorno, una imagen de credibilidad, dominio de la escena… Con esto podríamos tener resuelto el “parecer bueno”, pero también hay que serlo. ¿Y cómo haremos para conseguir las dos cosas? Pues con la preparación, con dedicarle tiempo a la tarea que tenemos por delante, dejando el menor espacio posible a la improvisación. Con un profundo conocimiento del tema que tengamos que tratar nos será mucho más fácil hacer un envoltorio más atractivo para el que tengamos delante. Pero dominar las técnicas que hacen atractivo el envoltorio nos serán igualmente útiles en muchas ocasiones. Creo que a todos nos ha pasado en mayor o menos medida presentar algo o transmitir una información a nuestros equipos sin el tiempo necesario para prepararlo a fondo. Ante esa situación la herramienta más valiosa que tenemos a nuestro alcance es nuestra imagen, el saber transmitir credibilidad, a fin de cuentas “PARECER”
LA PACIENCIA EN LA COMUNICACION
En clase, Jorge, nos contó el ejercicio que estaba haciendo él con su equipo, y me hizo reflexionar, sobretodo porque la paciencia no es una de mis virtudes. Es verdad que de poco sirve presionar a alguien para que hable, aclare o plantarle en mitad de conversación, pues la comunicación aquí seria prácticamente nula. En una discusión por ejemplo, si las personas están alteradas, difícilmente se van a comunicar. Sin embargo es suficiente que una de ellas se tranquilice y tome una postura sosegada para que la crispación existente en un principio baje de nivel y el “conflicto” o desencuentro se suavice. No hay que forzar las cosas, ni intentar dialogar, ni razonar con quien en ese momento ni quiere ni puede. Si se hiciese esto, provocaríamos el efecto contrario a lo que pretendíamos. Es pues, esa pausa de la que hablamos, clave para que nuestro receptor lo interprete como una no agresión a sus ideas, como un comprensión aunque no un compartir, pero que realmente sirve para demostrarle interés en seguir comunicándote con él. Por tanto en la comunicación vemos que no solo es cuestión de hablar, a veces también conviene estar en silencio, estar callados y al mismo tiempo los gestos, la mirada, que las actitudes sean cercanas y no de acritud o desafío. No es cuestión de convencer al otro para que cambie de opinión, y de su brazo a torcer, es simplemente y mucho más importante, ganar su confianza pero no porque estemos representando una obra de teatro y nos sintamos actores, sino que nuestras actitudes sean reflejo de lo que realmente sentimos. Esto que acabo de exponer, y que parece fácil, en la vida real, en nuestra empresa, hogar, entorno etc… vemos que es muy complicado. Entiendo que aquí la gente que es tranquila, la que piensa antes de hablar y la que no se deja llevar por las emociones sino por la razón y el temple, tienen muchísimo ganado. Por ejemplo, una de las cosas que me llamo mucho la antención en lo que dijo Jorge es lo de interrumpir, y es verdad que cuando alguien nos está intentando comunicar algo, si le estamos interrumpiendo éste dejará de comunicar de una manera fluida ya que estará atento a factores externos (ya se comentó en clase) y se centrará en otros aspectos a los que tenia preparados en un principio, y haremos que ese mensaje pierda fuerza y sentido. Por lo tanto, HAY QUE TENER PACIENCIA O APRENDER A TENRLA!!!
Comunicación no verbal en presentaciones; ¿enemigo o aliado?…
A medida que se va creciendo y adquiriendo madurez se es más consciente de que el cuerpo habla. Cuando eres niño es algo que ni se plantea pero con el paso del tiempo empiezan a aparecer los complejos y los miedos. Estos casi siempre por la responsabilidad que tienen las palabras; por lo que dicen y por cómo se dicen.
Estos complejos (mi voz será suficientemente fuerte para transmitir firmeza, mi tartamudeo desviará la atención a mis palabras, seré capaz de comunicar cosas de calado con mi escasa envergadura o mi cara de no haber roto un plato en la vida…) y miedos (a hacerlo mal y tirar al traste un gran esfuerzo de un equipo de personas, no convencer y perder ventas de un producto bueno…), todos sabemos que son detectados en la mayor parte de los casos, por la comunicación no verbal y podríamos pensar por ello que la comunicación no verbal es un enemigo por traicionarnos comunicando cosas que no queremos, pero por lo aprendido en clase considero que es justamente lo contrario. Conociéndonos a nosotros mismos, buscando en lo más hondo para poder detectar estas causas que generan estos complejos y miedos y perfeccionando mediante técnicas como la del espejo o apoyándonos en los demás mediante ensayos con personas de confianza aunque con criterio, podemos detectar nuestros fallos y conseguir pasar a otro nivel en el que podamos usarlas como aliados para potenciar nuestras virtudes y minimizar nuestras carencias, dejando atrás esas experiencias en las que desvías tu concentración por pensar en plena comunicación en tu expresión corporal y consiguiendo por tanto, lo más importante; disfrutar de nuestras comunicaciones en público para poder dar a los demás lo mejor de nosotros mismos, tanto en lo profesional como en lo personal.
ECONOMÍA DE LA ATENCIÓN
No deseamos dedicar tiempo a las cosas. Al menos no tanto tiempo como dedicábamos antes. Jorge Maidana dijo en clase el otro día que el intervalo de atención continua no supera los 30 segundos. Para mí este dato es perturbador. Coincide con el contenido de una entrevista que había leído meses atrás en la que Nicholas Carr, un “pensador digital” tan de moda en esta época, promocionaba su nuevo libro contando cuál fue el origen del mismo: Carr, licenciado en literatura, había notado que desde hacía unos años tenía que hacer enormes esfuerzos para leer libros y artículos largos. Su conclusión era que su concentración en las cosas había disminuido debido a su entrega diaria a las multitareas digitales. Según él “la multitarea, instigada por el uso de Internet, nos aleja de formas de pensamiento que requieren reflexión y contemplación, nos convierte en seres más eficientes procesando información, pero menos capaces para profundizar en esa información”.
Puesto que esto es así, y hay que vivir con ello, es necesario más que nunca hacer acopio de métodos que permitan captar la atención del público (“empieza con un trueno” decía Hitchcock) y transmitirle justo la información que queremos que procese. Por tanto me parece muy elegante y necesario ser KISS, y dedicar esfuerzos para atraer la atención de un grupo de “distraídos digitales”. Además, como vimos en clase, el reto es doble: cómo introducir estas técnicas en nuestro tradicional entorno de trabajo cotidiano.
inconsciencia competente
Según Albert Mehrabian, el lenguaje no verbal tiene una importancia mayor que el propio lenguaje verbal. Si bien es cierto que muchas veces se ha sobrestimado la parte no verbal, debemos notar que se puede comunicar de muchas formas, no solo con las palabras.
Si el objetivo último es trasmitir algo, las posibilidades son muchas, pero debemos tener presentes que solo algunas nos permitirán llegar al oyente. Cuando digo llegar, me refiero a sugestionarlo, influenciarlo, hacer que nos entienda, y provocar una reacción en él.
¡Pero aún más importante es saber escuchar! Es la mejor forma de influir en alguien. Saber hacer las preguntas, Interesarte por la otra persona. ¿Qué quieres realmente de mí? ¿Te puedo ofrecer algo que tú quieres? ¿Algo de mi tiempo? Lo tienes. El resto vendrá solo.
Mantener la mirada solo el tiempo preciso, dirigirla convenientemente, los gestos faciales, la postura corporal, la sonrisa, o en cambio apartar la mirada, no dirigirla donde debes, una postura corporal inadecuada, o un gesto serio marcan una conversación, indudablemente, de un modo u otro.
Si lo que deseamos es exponer algo, tendremos que ser claros, directos, y concisos. Cada cual tiene su técnica, y creo que todo es cuestión de encontrarte a gusto contigo mismo en el momento de saltar al escenario. Por supuesto, hay muchos otros factores, tales como los interlocutores u oyentes, o el tiempo del que dispongas. Todas estas restricciones con las cuales debes contar y debes empezar a aprender a manejar van a crear un sistema en el que debes aprender a moverte, primero de forma muy consciente (etapa incompetencia consciente), para luego ser capaz de, como hacemos cuando conducimos, controlar todas las variables del entorno de una forma inconsciente (etapa competencia inconsciente). Esa es la etapa en la que disfrutas del momento, y te muestras tal cual eres, sin miedo a equivocarte. Con la mejor actitud, y sin el menor esfuerzo.
Y esa es la etapa en la que eres capaz de mantener la atención de la gente. Y les sugestionas. Y les influyes. Y las cosas salen bien.
Y saldrán bien…
Convencer mediante la comunicación no verbal
La toma de decisiones no es un proceso que pueda ser realizado por las personas aislándose por completo de las circunstancias que las rodean. Más bien al contrario, es un proceso en el que el individuo se ve influido por un conjunto de circunstancias que le afectan a la hora de tomar la decisión y siempre estará finalmente fundada en un juicio de opinión personal.
Mediante una comunicación eficiente podemos influir y persuadir de forma eficaz en los demás y por tanto, dominar las herramientas de comunicación adecuadas es un aspecto fundamental para manejarse en el entorno profesional y en el personal.
Según diversos estudios, alrededor de un 90% de la comunicación interpersonal corresponde a lo que se denomina comunicación no verbal, y tan solo un 10% a la comunicación verbal.
Desde pequeños se nos enseña la importancia del lenguaje verbal, y ciertamente lo es, seguramente sea lo más importante a la hora de transmitir información a otras personas, sin embargo el verdadero sentido de las palabras se difunde con el lenguaje no verbal y es un aspecto clave a la hora de transmitir credibilidad y confianza al interlocutor.
Este Lenguaje no verbal hace hablar a la parte no consciente del ser y por ello es una forma de comunicación muy poderosa que expresa mucho más de lo que tradicionalmente hemos pensado o aceptado. Los gestos, movimientos, el contacto visual, el tono y ritmo de voz, la postura y la distancia corporal, tienen que acompañar y reflejar aquello que se quiere mostrar.
Evidentemente persuadir a un interlocutor o a un público no se consigue con una simple sonrisa y una serie de gestos aprendidos en un libro de lenguaje no verbal. Son herramientas que hay que trabajar y perfeccionar, dominarlas es un aspecto clave a la hora de alcanzar el éxito tanto en el ámbito profesional como en el personal.
EL PASO 0: FONDO
Realizar una presentación es actuar en un obra de teatro, en nuestra obra de teatro. Para ello, hemos aprendido que se deben seguir siete pasos:
1. Dar contenido y estructura a la presentación.
2. Hacer un guión escrito.
3. Ensayar y controlar el tiempo.
4. Trabajar el lenguaje no verbal.
5. Interactuar con la audiencia.
6. Superar el miedo escénico.
7. Practicar.
Pero existe un paso previo no mencionado explícitamente y que es fundamental para la credibilidad y honestidad de quien presenta. Es el paso cero:
0. Asegurar que todos los contenidos a presentar son verdaderos.
Obvio. Pero por obvio, muchas veces pasado por alto.
Una presentación debe ser evaluada en términos de fondo y forma. El cumplimiento de los siete pasos asegurará una buena forma, pero el paso cero asegurará un fondo robusto, sin fisuras, verdadero. La forma nos proporcionará un éxito momentáneo, un encandilamiento de la audiencia, que asentirá, aprobará e incluso aplaudirá. Pero si el fondo no viene fundamentado por una realidad, todo quedará en fuegos artificiales: será efímero. Venderemos humo. Sigamos los 0 + 7 pasos y vendamos realidades de éxitos, desde la corteza hasta el núcleo. ¿Quién se va a resistir a nosotros?



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