Trip4real, una nueva forma de viajar a través de actividades únicas

La plataforma Trip4real ofrece al viajero la posibilidad de conocer España a través de actividades originales creadas por gente local. Esta red social, nacida en Barcelona en 2012, permite a los turistas disfrutar de una gran variedad de experiencias guiadas por personas que comparten sus conocimientos, gustos o pasión por un lugar. Se trata de una revolucionaria manera de viajar, que ha seducido a más de 10.000 usuarios mediante un planteamiento de negocio que facilita la relación entre las personas.

Identificar la importancia de la conexión con la gente local motivó a Gloria Molins, fundadora y CEO de Trip4real, a poner en marcha un modelo empresarial dirigido a quienes desean “compartir su afición, dar a conocer sus ideas o ganar un dinero extra” con el fin de “cambiar la manera de viajar a una forma mucho más sostenible, con un impacto positivo en el ciudadano”, afirma. Su fórmula se presenta como un marketplace que permite el contacto entre oferta y demanda.

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Su planteamiento, basado en la creación de microemprendedores, la ha convertido “en líder mundial en número de ofertas, volumen y calidad de producto”, lo que proyecta su crecimiento de forma imparable: “tenemos cosas tan auténticas y planes tan únicos que cada vez llega más gente a nuestro portal”, apunta. Trip4real ofrece al viajero más de 2.200 actividades: rutas gastronómicas, paseos privados en barco, visitas a ciudades, una estancia de un mes en casa de una profesora de flamenco o un recorrido fotográfico por lugares de costa son algunos ejemplos.

Para Molins, el éxito reside en “una comunicación constante con el usuario” ya que “estar en contacto con la comunidad, velar por ellos y escucharlos” –sostiene- fortalece unas relaciones de confianza basadas en la transparencia de información y en una atención activa y continuada, que se adapte a los gustos y preferencias de esos usuarios.

La web permite a las personas ofrecer actividades para “ganar dinero haciendo lo que les gusta, aprender idiomas o compartir pasiones” –destaca- y “tener la opción de viajar de una manera mucho más auténtica”. El perfil de usuario es, por un lado, “el viajero que entra en la web para reservar una experiencia y que puede ser incluso gente de la misma ciudad interesada en realizar actividades divertidas”; y, por otro, personas que, bajo la etiqueta de “local”, “quieren compartir sus aficiones, pasiones o intereses”, afirma.

Respaldada por inversores como Ferrán Adriá, Toni Segarra o Luis Cuesta, su potencial se refleja en el creciente número de ofertas y demandas.

En este sentido, Molins asocia las ventajas de este modelo de negocio a las tendencias del mercado que, cada vez más, proponen nuevas maneras de viajar: “la gente busca viajar de una manera independiente, más exclusiva y además planifica de manera online”, añade. Así mismo, el carácter innovador de este proyecto se identifica como uno de los principales retos empresariales.


Tuitele, referente de medición de audiencia social en España

En mayo de 2012 Tuitele introduce por primera vez en España la medición de audiencia social de televisión. Se trata de una plataforma que monitoriza las conversaciones en medios sociales, concretamente en Twitter, en torno a los programas y anuncios televisivos, ofreciendo a las cadenas una serie de insights de aquello que comenta la audiencia social durante el tiempo de emisión. Tuitele analiza y mide en tiempo real qué parte de esa audiencia interactúa con el programa, averiguando cuál es su engagement, opinión y emociones en relación al contenido emitido.

La empresa ha desarrollado un algoritmo que permite conocer el sentimiento de los comentarios sobre televisión (emoción, alegría, decepción o crítica, por ejemplo). A través del análisis de estos datos, las cadenas obtienen información al instante sobre el interés, impacto y grados de satisfacción que generan sus contenidos.

Héctor Linares, co-fundador de Tuitele, afirma que la utilidad de este sistema radica en ofrecer a cadenas, productoras y agencias de medios “una información cualitativa que antes no sabían: quién comenta más, el sentimiento de lo que la gente está diciendo y no sólo (el clásico) positivo, negativo o neutro, sino dentro de ese positivo, si es admiración (…); y si el comentario es negativo, si es una crítica al programa”.

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Este factor ha diferenciado a la empresa de la competencia, permitiendo conseguir rentabilidad mediante “un producto cerrado y definido, al que se van incorporando mejoras”. Así mismo, su cultura corporativa se basa en la “dedicación y minuciosidad y en ofrecer datos de la manera más científica posible”, sostiene Linares. La idea de negocio basada en el “share social”, surgida de la especialización y experiencia en la explotación de datos de Twitter, se ha convertido en un elemento imprescindible para la industria porque “ahora las cadenas se preocupan más por saber qué es lo que está detrás de una televisión (…); les interesa saber qué opina la gente”, señala.

La televisión, convertida en tema social, promueve estas prácticas: “la gente ahora comenta al instante y con una comunidad brutal lo que está pasando, cómo se están desarrollando los hechos en una serie o aquello que les gusta o no de los presentadores”, añade.

Las cadenas, por su parte, promueven el uso de hashtags durante la emisión de los espacios, lo que demuestra el importante papel participativo del usuario. Desde el nacimiento de Tuitele, alrededor de cuatro millones de españoles han emitido algún comentario sobre televisión en Twitter.

A raíz de que en abril de este año la multinacional Kantar Media, líder mundial de investigación de audiencia, comprara Data Republic, empresa propietaria de Tuitele, las perspectivas de futuro se han orientado hacia países de Asia y Europa: “la idea de futuro es exportar lo que hemos desarrollado en España a otros países”, destaca. Esta posibilidad de crecimiento internacional muestra la importancia de la medición de audiencia social, ya que ofrece a la industria información de gran valor sobre qué contenidos funcionan mejor.


Fab Lab Barcelona, tecnología de fabricación digital al servicio de las personas

Desde que el término Web 2.0 se hizo popular en 2004 han emergido multitud de formas de cooperación e intermediación, que han consistido en redefinir el papel de los intermediarios habituales para poner en contacto directo a quienes tenían una necesidad con aquellos que podían solventarla.

Esta colaboración ha otorgado un nuevo sentido al concepto de participación, al implicar una convergencia entre organizaciones, tecnología, contenido y personas. Desde la perspectiva de la Nueva Economía, se estudian nuevas formas de producción centradas en preocupaciones sociales y en la búsqueda de soluciones, así como en la confianza como valor humanístico de la tecnología, la lucha contra el cambio climático o la generación de energía sostenible.

La investigación sobre estos nuevos modelos de producción provoca la creación, en la década de los 2000, de talleres de fabricación e innovación a pequeña escala, los Fab Labs, equipados con máquinas de fabricación digital y tecnologías para la creación de objetos, herramientas y aparatos electrónicos, que exploran la relación entre el mundo digital y lo físico.

Uno de los principales laboratorios de esta red es Fab Lab Barcelona, fundado en 2007 dentro del Instituto de Arquitectura Avanzada de Cataluña (IAAC), que pretende “proveer el acceso a la tecnología de fabricación digital para que la gente pueda recuperar ese rol de ser productivo”, tal y como señala su director, Tomás Diez Ladera. En estos talleres, los ciudadanos pueden dar forma y volumen a objetos que han creado, o a productos que han ideado, mediante la impresión 3D con materiales muy diversos como cartón, madera o plástico.

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El concepto Fab Lab comenzó como un proyecto de extensión del Centro de Bits y Átomos del MIT y se ha convertido en una red mundial de personas que conecta 330 laboratorios, ubicados en más de 30 países, para compartir proyectos y programas en código abierto de una manera colaborativa. Los talleres están equipados por cortadoras láser, fresadoras a gran escala para fabricar muebles, máquinas para crear circuitos electrónicos o equipamiento de evaluación electrónica, entre otras herramientas.

El gran avance que ha supuesto la extensión de los Fab Labs se basa en su capacidad para transformar la realidad inmediata, al tratarse de espacios para generar proyectos de impacto local, y constituir, a la vez, un referente global. En la actualidad, el modelo de negocio se centra en promover la educación e investigación (destaca el programa Fab Academy), así como prestar servicios a empresas, profesionales y ciudadanos y generar empresas asociadas.

Según Tomás Diez, el afán de servicio, la sostenibilidad y la filosofía Do It Yourself son elementos clave de la cultura corporativa, todo ello unido al carácter social que envuelve este tipo de fabricación: “crear en tu casa o en tu garaje es una de las cosas más bonitas, pero preferimos la cultura Do It TogetherDo It With Others”, que permite un aprendizaje en lugares más sociables, algo que –considera-, marca la diferencia.

Fab Lab Barcelona se presenta “como un espacio social donde la gente aprende a fabricar y a solucionar problemas locales, enfocado hacia el desarrollo de un modelo de ciudad”, afirma. En este formato, la participación es fundamental porque el usuario marca su propia agenda de actividades, “que es el proyecto que quiere hacer o la necesidad que tiene y Fab Lab facilita ese proceso”, argumenta. De esta participación surgen modelos empresariales alternativos -sostiene-, donde el valor añadido comienza a ser mucho más importante que valores estrictamente empresariales basados en conseguir rentabilidad: “las personas se suman porque creen que es necesario que este tipo de proyectos ocurran en su comunidad”, añade.

Bajo estos parámetros, la estrategia empresarial se presenta desde una doble vertiente: por un lado, basada en la accesibilidad como muestra de su carácter abierto y, por otro, centrada en el emprendimiento para generar ingresos: “en relación a la impresión 3D nos gusta que la gente aprenda, desmitifique la tecnología y haya una relación mucho más cercana entre humano y máquina para hacer cosas”, destaca.

Cada vez más, las personas están adoptando este modelo abierto y transparente, compartiendo una filosofía de co-creación y co-diseño, que en Fab Lab Barcelona se ha materializado en proyectos colectivos. Destaca, por ejemplo, Smart Citizen, una red ciudadana, distribuida y abierta de sensores para que la gente pueda producir datos acerca de las condiciones ambientales de su entorno (calle, plaza, etc.) y compartirlos. Esta forma de trabajo genera encuentros como FAB10, una conferencia internacional que se celebra este año del 2 al 8 de julio en Barcelona.

Por otra parte, el perfil del usuario ha evolucionado desde un rol profesional, con conocimientos de diseño, arquitectura, ingeniería o programación, hasta uno más general y menos relacionado con el ámbito tecnológico, el artístico o el diseño, lo que permite hablar de una gran comunidad, tanto local como mundial.

Para Diez, las ventajas que presenta este modelo responde a criterios de una producción responsable, con una visión de futuro que permita avanzar en la investigación hacia materiales inteligentes, “para llegar a un punto en el que el mundo que queremos crear sea más eficiente y más efectivo”, sostiene. El reto es “generar mecanismos para que las ideas y proyectos que se gestan en los Fab Labs tengan salida al usuario final y se conviertan cada vez más en cosas que las personas puedan usar a diario”, de forma que exista una relación diferente de las personas con la tecnología, concluye.


SUOP, el operador móvil gestionado por los usuarios

En el contexto de un nuevo modelo económico, la participación de los usuarios ha adquirido un valor diferente para las empresas emergentes, que se adaptan a las condiciones del mercado y de los consumidores. Percibir los beneficios de la colaboración masiva y abierta fomenta el desarrollo de comunidades virtuales y favorece nuevas relaciones con los clientes, una circunstancia que reporta beneficios a estas formas de negocio, al promover relaciones ágiles y de confianza de la empresa con colaboradores externos.

Esta ventaja ha sido apreciada por SUOP, el primer operador de telefonía móvil gestionado por los usuarios, que se basa en la escucha activa de su comunidad y en recompensar las aportaciones de los clientes.

La empresa, nacida en 2013 –tras identificar la necesidad de mejorar la relación entre consumidores y operadores móviles-, involucra a los usuarios en el proyecto, a través de una plataforma que permite participar en el soporte de atención al cliente, aportar sugerencias y proponer ideas para la mejora del servicio.

Antonio Pareja, cofundador de la compañía, presenta un nuevo concepto empresarial que une dos modelos de negocio: por una parte, un operador móvil virtual para la compra y venta de minutos o voz y de bonos de datos; y por otra, una fórmula de aproximación a una comunidad de usuarios, a quienes se les ofrece servicio de venta, atención al cliente y desarrollo del producto.

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Esta nueva manera de hacer telefonía, bajo la perspectiva de la economía colaborativa, es canalizada en un foro que da visibilidad a toda la comunidad; un espacio donde se debaten y votan las ideas propuestas. Cada aportación suma una serie de puntos que se traducen en dinero, donde además, “existe un proceso de gamificación basado en la calidad de la interacción”, afirma Pareja.

De las 900 ideas aportadas, Suop ha implementado hasta la fecha un total de 34 propuestas: “existe un talento impresionante que nace de la voluntad de la gente por involucrarse; un talento prácticamente amateur, pero hay que pagarlo”, sostiene.

Su estrategia de comunicación –afirma- se centra en la honestidad y en la transparencia para generar confianza: “los usuarios están buscando empresas honestas y que les dejen participar”.

Asimismo, parte de la gestión de la comunidad –aclara- se deposita en los propios usuarios: “se implican emocionalmente porque ven que los protegemos y cuidamos […]; nos apoyan, interaccionan, neutralizan los comentarios y también nos exigen respuestas”.

En este proyecto, los consumidores gestionan el servicio, proponiendo soluciones y atendiendo las dudas de otros usuarios, una filosofía que marca la diferencia con otras empresas: “pensamos que si incorporamos a la gente no hay una mayor inteligencia a la hora de desarrollar productos, dar servicios o atención al cliente, así como ofrecer mejores tarifas”, apunta.

Por otra parte, considera que el perfil de participantes corresponde a un usuario “100% conectado, que descubre cosas, consume más medios que nunca y es crítico con los contenidos”.

Continuar en esta línea, proyectando la confianza de los consumidores en el operador, es la fórmula –según Pareja- para evitar el riesgo de escalabilidad de esta propuesta de negocio.


Roberto Carreras compartió la experiencia de Muwom en su visita a la UCAM

En el marco del proyecto Economía de la Participación, Roberto Carreras, cofundador de Muwom, explicó a profesores y alumnos las claves del éxito de un nuevo concepto de empresa, que trabaja para marcas y artistas en proyectos de generación de contenidos.

Este movimiento creativo basa su filosofía en mostrar, de una forma transparente, el proceso de composición musical, lo que constituye un añadido de valor para sus públicos, que generan, consumen y comparten contenidos en múltiples plataformas.

La estrategia de conectar marcas y artistas en proyectos integrales bajo el concepto de Music Branding, les permite acceder a las audiencias de una manera distinta, aprovechando las ventajas de Internet y la tecnología.

Los cambios de comportamiento en el consumidor subyacen de un nuevo escenario influenciado por la digitalización de los contenidos, la desintermediación y la globalización. Asimismo, la importancia de la ubicuidad en el consumo de contenidos se convierte en una oportunidad de negocio basada en una relación de proximidad entre marcas, artistas y fans: “no entendemos la música como un producto porque lo importante es consumirla cuándo, dónde y desde el dispositivo que se quiera”.

Carreras destacó el gran control de los usuarios en las formas de acceder a los contenidos: “la gente busca del artista y de la marca personalización y poder colaborar en los proyectos”, aclaró.

Fundada en 2011, el éxito de proyectos como el Plan B, de Carlos Jean, les hizo crecer como empresa y colaborar con diversas marcas y artistas, como Coca-Cola o David Otero (el Pescao), e incluso tener una sección propia en el programa de Antena3 El Hormiguero, lo que les ha permitido extender su oferta y vender contenidos para televisión. En esta línea de innovación y creatividad, y como resultado de su enorme visibilidad, surge Muwom Lab, una iniciativa para canalizar propuestas y proyectos de colaboración con start-up.

Esta traslación de lo digital a lo físico produce vínculos emocionales y permite experiencias que conectan con el usuario: “generamos un proyecto y encontramos una marca”. En su opinión, “lo importante son los contenidos y el entretenimiento pero en concepto de Narrativas Transmedia”, es decir, la creación de contenidos para múltiples plataformas con el objetivo de enriquecer la experiencia con las aportaciones de los usuarios: “al final produces mucho contenido allá donde estés presente y eso es lo que quieren las marcas”, afirmó.

La capacidad de cooperación es una de las máximas de su modelo de trabajo: “los consumidores son los que realmente aportan valor y por ello hay que impulsar plataformas de colaboración […]; juntos podemos hacer más y mejores cosas”.

Su visión empresarial determina que el futuro de las marca es “hacer cosas con y para la gente”, concluyó.

 


Muwom, un movimiento creativo que une marcas y artistas bajo proyectos musicales

Como se define en todos los trabajos de la serie “20+20”, la Nueva Economía no es exclusiva de un sector sino propia de actividades que afectan a la producción y a la gestión de la empresa hacia sus clientes. En el contexto de la Economía de la Participación, la ruptura de la mediación es el mayor punto de inflexión que han supuesto las tecnologías de la información y de la comunicación, junto a la figura del prosumidor –productor/consumidor-.

En este escenario, las industrias culturales han sufrido profundos cambios influenciados por Internet y las tecnologías, que difuminan los límites entre uso, consumo y producción de contenidos.

Entre estas iniciativas, basadas en una filosofía de apertura, transparencia y colaboración, destaca Muwom, un movimiento creativo que trabaja en la industria musical, con el objetivo de unir artistas y marcas en torno a la generación de contenidos.

Roberto Carreras, co-fundador de la compañía, señala que este enfoque revolucionario subyace de una nueva forma de trabajar y de relación entre el artista y la marca, así como entre el artista y los fans, mediante distintos proyectos basados en la participación.

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Muwom surge en 2011 tras reunir éxitos como el Plan B, un proyecto de colaboración con Carlos Jean (que sugería un nuevo modelo de creación, co-creación y crowdsourcing dentro de la industria musical).

Centrada en tres áreas de actuación –publicidad, música y tecnología-, reúne a marcas y artistas para el desarrollo de proyectos integrales, bajo el concepto de Music Branding. Además, su filosofía de trabajo se aleja del clásico formato de discográfica: “la gran diferencia es que […] la gente no valora el disco como producto sino la música como servicio”, afirma Carreras.

Con una gran comunidad de usuarios, la empresa genera contenidos y emociones a través de la música, favoreciendo la confianza de sus públicos al mostrar, de forma transparente, el proceso creativo: “en esta economía participativa, el usuario demanda más interacción con lo que sucede y […] genera contenidos; esta filosofía de cooperación se traslada igual a marcas y artistas”, sostiene.

Para Roberto Carreras, la participación reporta un feedback muy valioso porque Muwom implica a los usuarios en todas las fases de creación del disco, a través de acciones como compartir, comentar o votar contenidos, añadir elementos a una base musical o participar en concursos, entre muchas otras.

Asimismo –argumenta- este planteamiento se traduce en proyectos completamente colaborativos o de co-creación musical: “con todas esas formas de interacción, al final atraemos una marca que case perfectamente en este proyecto para generar contenidos entre el artista y la marca, que es lo que da vida al negocio”.

Por otra parte, la aportación de valor a la marca se consigue mediante el entretenimiento (Branded Entertainment), porque “el público entiende que cuando una marca aporta algo de valor, (el proyecto) es muy entretenido”, apunta.

Otro de los aspectos esenciales que destaca es la implicación emocional con el usuario porque, según considera, “la música tiene un componente emocional enorme […]; produce emociones siempre” y, a través de Internet y de la tecnología, demandamos un acceso a la música distinto.

La ventaja de este tipo de negocio es su carácter innovador: “sabes que el camino lo vas a disfrutar al máximo y estás haciendo cosas tan visibles, de tanto impacto, que al final llegan a cambiar la realidad de cómo se trabaja la música”.

En su visión de futuro contempla un escenario en desarrollo: “estamos construyendo un camino al que se subirá o no mucha gente, pero seguro está siendo distinto en la forma de trabajar”, concluye.


BlaBlaCar, la red social que conecta conductores con pasajeros para compartir coche

En el marco de la Nueva Economía, la innovación tecnológica ha permitido el desarrollo de modelos de negocio competitivos capaces de encontrar su afinidad con el cliente. Basados en la asociación voluntaria y flexible entre personas y empresas, dichas fórmulas se sustentan en la confianza de la comunidad y la eficiencia de Internet, cuyas características se asocian al consumo colaborativo.

Esta filosofía empresarial es compartida por BlaBlaCar, una comunidad de usuarios que conecta a conductores con asientos libres y pasajeros que necesitan realizar un trayecto, para viajar en coche compartido.

La idea, surgida en Francia hace ocho años, nace de una necesidad concreta; su fundador, Frédéric Mazella, tenía que volver a casa en Navidad y no encontró disponibilidad en el transporte público. Su observación sobre la infrautilización de los vehículos convencionales se convirtió en un planteamiento de negocio basado en una alternativa de transporte, que funciona en España desde 2010.

BlaBlaCar cuenta con una comunidad de más de seis millones de usuarios, lo que se traduce –según datos de la empresa- en 1.000.000 de desplazamientos al mes. Vincent Rosso, Country Manager para España y Portugal y cofundador de Blablacar.es, señala que la particularidad de este servicio es haber recuperado el viaje como experiencia social.

 

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Presente en 12 países, este modelo de negocio promueve el ahorro económico y los beneficios para el medio ambiente como parte de su estrategia empresarial. Sin embargo, para Rosso, la clave es “escuchar a las personas para hacer un producto que responda a las necesidades del consumidor”.

El feedback con el usuario es una de las características fundamentales de la empresa porque –afirma- “cuando hay más volumen (de participación), mejor funciona, porque hay más opiniones, más volumen de actividad, más opciones de viajar”.

La confianza también es uno de los factores principales de BlaBlaCar, gestionada mediante canales de participación habilitados en la plataforma, donde los usuarios pueden compartir opiniones, recomendaciones y experiencias, así como elegir las preferencias para su viaje.

Por su parte, Elsa de la Haza, PR and Partnership Manager, añade que las opiniones expresadas por los usuarios constituyen un aspecto esencial al generar confianza en otras personas: “la idea es llegar a esta plataforma para organizar el viaje y, una vez que se produce el mismo, enriquecer a la comunidad sobre cómo te ha ido con tu compañero”.

En esta línea, Vincent Rosso, se refiere a las opiniones de los usuarios como una garantía de confianza: “si otorgamos valor a la confianza entre dos personas desconocidas entramos en una regla de juego que reporta confianza a la comunidad, y entonces la gente juega”.

Su producto, basado en responder a las necesidades de los usuarios, es uno de los mecanismos que lo posiciona como un modelo competitivo de negocio, ya que según plantea, el aumento de usuarios es la forma de avalar la calidad del servicio.

BlaBlaCar ha reinventado un concepto tradicional para adaptarlo a las peculiaridades de la economía actual, donde la participación de las personas permite experiencias positivas “que se transforman en un proyecto fantástico”, puntualiza.

Bajo estos parámetros se establecen sus perspectivas de futuro: “proporcionar una plataforma para trabajar un producto enfocado hacia un aumento de confianza y una mayor comodidad para los usuarios”, concluye Rosso.

 


Lánzanos, la primera plataforma de crowdfunding en España

Las plataformas especializadas han generado una red de servicios para atender las demandas de los consumidores bajo planteamientos de negocio innovadores. Se trata de servicios de intercambio, alojamiento o cocreación, propios del consumo participativo, así como de nuevas formas de financiación colectiva, o crowdfunding, basadas en la relación entre usuarios.

Uno de estos modelos es Lánzanos, la primera plataforma de crowdfunding creada en España en 2010, que cuenta con una comunidad de 160.000 seguidores. Su objetivo es servir de enlace entre creadores y mecenas para el desarrollo de proyectos de diversa naturaleza –empresariales, educativos, culturales o solidarios, entre otros-, como alternativa a la financiación tradicional.

Gregorio López Triviño, socio fundador y actual CEO de la empresa, señala que la participación de las personas en Lánzanos se basa en la construcción de un vínculo personal y emocional entre los usuarios y la propuesta planteada: “la persona que apoya un proyecto cree en él y se siente parte del mismo”.

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Esta filosofía empresarial ha sido compartida, hasta la fecha, por unas 95.000 personas, cuyo apoyo económico ha permitido financiar con éxito un total de 350 proyectos.

La participación es la base de este modelo de negocio, porque conseguir el 100% de la financiación es el objetivo fundamental para lanzar la idea: “lo primero es tener una comunidad de seguidores o intentar crearla en tu campaña de crowdfunding”.

En este sentido, la gestión de la confianza es importante porque “un tercio de los proyectos es la comunidad: familia, grupo de amigos, seguidores”. Otro aspecto a tener en cuenta es la descripción del proyecto y sus necesidades, con objeto de favorecer el vínculo con los mecenas, y la implicación en la difusión de la propuesta: “tienes que mover el proyecto; que la gente que conoces lo mueva en las redes sociales”.

Debido al carácter democrático del crowdfunding, son los propios usuarios quienes filtran las ideas a través de los mecanismos de participación de la plataforma, lo que promueve un diálogo entre autores y mecenas.

Este apoyo es recompensado con el envío del producto en sí mismo, resultado de la inversión, o con experiencias originales y divertidas que se plantean como oportunidades diferentes. En opinión de López Triviño, más importante que ofrecer recompensas curiosas es hacer comunidad: “hacer a la gente partícipe de tu proyecto […]; Lánzanos es lo que tú quieres hacer, lo que necesites; pero el proyecto debe tener un aporte social, debes dar algo a cambio”.

Asimismo, considera que las ventajas del crowdfunding como modelo de negocio radican en la posibilidad de “hacer preventa del producto o un estudio de mercado gratuito: tienes que enseñar tu modelo de negocio y recibir feedback”.

Respecto al perfil de usuario, más de un tercio de su comunidad tiene estudios superiores, con una edad comprendida entre 20 y 35 años.

Por otra parte, la capacidad de comunicación de las personas y las posibilidades de las redes sociales constituyen un impulso para esta forma de financiación: “cada vez tenemos más herramientas para unirnos juntos […]; somos las personas las que hacemos las cosas y las empresas dependen de la fuerza de las personas”.

Por último sostiene que, unidas a las nuevas formas de comunicación, las redes sociales favorecerán la expansión del crowdfunding: “crecerá de un modo que permitirá a las personas financiarse desde su propia web; el consumo colaborativo cada vez funcionará mejor”.


Mis Recetas, la primera red social de amigos de la cocina y gastronomía

El proyecto Economía de la Participación estudia modelos empresariales basados en la participación como uno de los rasgos definitorios del concepto de Nueva Economía, caracterizados por su estructura abierta, cooperativa y conversacional.

En estas empresas, la participación con los públicos/audiencias/clientes constituye un elemento fundamental que repercute en mejoras y capacidad de innovación, así como en la creación de un producto diferente y con un valor añadido, originado por dicha participación.

Uno de estos ejemplos es Mis Recetas, una red social para amigos de la cocina, pensada para personas que saben cocinar y para quienes desean aprender. Esta plataforma comenzó siendo un proyecto familiar para extranjeros europeos que vivían en España y ha llegado a convertirse en una comunidad de 410.000 usuarios registrados, que comparten más de 45.000 recetas.

Rebecca Rippin, consejera delegada de Cookpad Spain, la define como un lugar de encuentro para personas que quieren disfrutar de la cocina.

 

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Desde sus orígenes, en 1999, el proyecto ha mantenido su filosofía empresarial, centrada en ofrecer información y prestar servicio a las personas. Antes de la irrupción de los Social Media, sus fundadores entendieron la importancia de la participación de los usuarios en la creación y consolidación de una comunidad en torno a la cocina y la alimentación, reflejada en una estrategia de comunicación constante, recíproca y casi inmediata a través del correo electrónico.

Los avances tecnológicos y el aumento de la participación de los usuarios en Internet propiciaron una readaptación del portal, que ofrecía mecanismos para la participación a través de herramientas para compartir y comentar recetas.

Por otra parte, la utilización del software de código abierto (open source software), y del modelo de publicidad contextual de Google AdSense, permitió a Mis Recetas equilibrar el coste de desarrollo y difusión para conseguir rentabilidad.

Además del fomento de la participación de manera continuada, las diferentes secciones han dado lugar a encuentros entre personas en lugares físicos y a la creación de una comunidad audiovisual, con entrevistas a los participantes.

El perfil de usuario al que se dirige Mis Recetas es cada vez más amplio: el grupo inicial, formado en su mayoría por amas de casa, ha evolucionado hacia una comunidad muy diversa, con personas de diferentes edades, a la que se van incorporando cada vez más hombres.

Su planteamiento de negocio se centra en la atención a los miembros de la comunidad, protagonistas de la plataforma:  “nosotros nos debemos a los usuarios -afirma Rippin- y queremos que sean felices y que la cocina sea divertida”.

 


Economía de la Participación se une a la serie de proyectos 20+20

Las tecnologías de la información y de la comunicación han mejorado procesos de producción y consumo en el contexto económico debido, principalmente, al potencial de Internet para definir nuevas formas de negocio basadas en la innovación.

Estas transformaciones en el tejido productivo español están enfocadas hacia la generación de conocimiento y aprendizaje, a través de un proyecto colaborativo que forma parte de una investigación articulada en torno a una red de relaciones que abarca a entidades productoras de conocimiento (Universidades) y a empresas de un mismo ámbito competitivo.

EOI, Escuela de Organización Industrial, canaliza esta actividad a través del proyecto “Sectores de la Nueva Economía 20+20”, centrado en averiguar los rasgos y características de una Nueva Economía basada en valores de sostenibilidad, creatividad, transparencia, participación o responsabilidad y asociada a la tecnología como máxima para la consolidación de nuevos modelos de negocio.

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Este proyecto cooperativo, continuado en el tiempo, se ha diseñado siguiendo la metodología 20+20, centrada en la observación de 20 sectores (en diferentes fases) mediante el estudio de 20 empresas por sector. Se trata de un Work in progress, donde desarrollo y resultados se prestan a un debate con la sociedad a través de un diálogo constante.

En este caso concreto, abordamos la Economía de la participación (EP) a partir del estudio del papel participativo de los usuarios (vistos como público, audiencias, consumidores) en relación a dos enfoques, tecnológico y empresarial. Identificar la experiencia social del consumidor y averiguar cómo son consumidos y compartidos los contenidos en los Social Media son los objetivos de este trabajo, que observa el fenómeno de la participación como eje de la nueva economía.

Esta cuestión incide en la estrategia de las empresas, orientada a la conversación con su audiencia como una forma de conseguir el feedback necesario para detectar necesidades, opiniones sobre los productos y tendencias.

Por otra parte, de la elaboración de un marco teórico centrado en los anteriores objetivos, e identificados los 20 casos de éxito, subyace el diseño de una herramienta que permita sistematizar la recogida de información: la entrevista audiovisual; que pretende clasificar y analizar los datos aportados por cada una de las empresas.

La validez científica de la entrevista como técnica de investigación cualitativa permite recopilar material audiovisual valioso de fuentes primarias que explicará cómo la participación sirve para generar entornos horizontales que facilitan la innovación, así como la modificación que se produce en las redes de valor cuando se introduce en la EP.

 



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