SENEGAL Y EL COLOR

Hace algunos meses comenzamos a ejecutar desde el Area Internacional de EOI, un proyecto en Senegal, cuyo objetivo es promover el autoempleo entre los jóvenes de la región de San Luis (al norte del país), que tengan una idea de negocio viable en áreas como la pesca, la agricultura, la ganadería o la artesanía.

El proyecto, que transcurrirá a lo largo de 18 intensos meses, es una realidad gracias a la financiación de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

El objetivo final es formar y tutorizar a unos 100 jóvenes emprendedores de la región (deberá haber al menos un 30% de mujeres entre ellos), y elegir finalmente los mejores proyectos para financiar su arranque a través de capital semilla.

El socio local del proyecto es la Universidad Gaston-Berger (yo diría que la mejor del país, incluso mejor que las universidades de Dakar) pero también esperamos que otras instituciones públicas estatales y regionales se involucren en las actividades.

Algunos compañeros y yo hicimos un viaje de prospección a Senegal en Mayo de 2015 para poder definir mejor el proyecto y yo tuve la suerte de volver a viajar al país en Noviembre del mismo año, unas semanas después de su aprobación por parte de AECID.

Sólo he estado en tres países africanos, pero por lo que me cuentan cooperantes que conocen muy bien el continente, Senegal se caracteriza por su intenso colorido. Digamos que es uno de los países donde los colores africanos (en los que pensamos siempre los europeos sin haber viajado), alcanzan allí su máxima expresión.

Imagen: http://1.bp.blogspot.com/-y-c2__B2l0k/UOS4ho6dDwI/AAAAAAAAEF4/iBOxt3aG_PQ/s1600/mercado+de+colores+-+senegal.jpg

El viaje de Dakar a San Luis oscila entre cuatro y cinco horas (pueden pasar muchas cosas en un trayecto de este tipo, desde que se te cruce una cabra o un burro a que tu taxi muera directamente), y a pesar de ser largo y algo incómodo, te da la oportunidad de atravesar el país hacia el Norte e imbuirte en los colores de los que hablo. No son sólo los colores ocre y arcilloso del suelo, o el verde mate de los baobabs, esparcidos casi metódicamente junto con los neumáticos viejos que delimitan las parcelas… son sobre todo los colores de ELLAS. Ay, las mujeres africanas…que sería de Africa sin sus mujeres. Menudo estallido de color cuando los vestidos de las chicas uolof, tucoror o mandinka se mueven por el mercado…El negro de su piel con el bubú naranja, amarillo o rojo chillón es todo un espectáculo.

Se me antoja que igual dentro de 50 años esos vestidos maravillosos habrán desaparecido y todas llevarán vaqueros y camisetas, al estar ahora mucha más conectadas (afortunadamente), con el resto del mundo. ¿Ocurriría algo así? Ojalá se den cuenta esas mujeres de que modernidad y tradición (la buena, la bonita) pueden ir de la mano… pero no las tengo todas conmigo.

Espero seguir viendo esos colores dentro de muchos años en el Hotel de La Poste de San Luis, donde hacía escala Saint-Exupéry, durante sus míticos viajes con la Aeropostal. Me pediré un chey-bou-jen y miraré hacia el puente de Eiffel, ése seguro que seguirá allí.

Imagen: http://www.saintlouisdusenegal.com/icono/pont4352.jpg

EVA CURTO. Directora del Area Internacional de EOI

Enero 2016


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