MUJER Y LIDERAZGO

La combinación mujer y liderazgo es un tema controversial, de mucho debate y hasta cierto punto conflictivo. Son diversas las visiones y conceptualizaciones sobre el ejercicio del liderazgo por parte de las mujeres, el papel de la mujer en los puestos directivos y la posición que desempeñan socialmente.

Cuando se habla del liderazgo femenino se hace referencia a la idea de que las mujeres lideren a partir de la propia condición e implicaciones de su género, ser mujer. Esta idea estereotipada considera que el estilo de liderazgo femenino es diferente al de los hombres por las características, conductas y roles diferenciadores de ambos géneros. Bajo este marco conceptual se entiende que la mujer ejerce un liderazgo más permisivo, participativo, sensible, organizado, autocritico, responsable, más enfocado a las personas que el hombre por su condición sumisa, sensible y matriarcal que le confiere el hecho de ser mujer. Para muchos estas características fundamentan la fortaleza de la mujer en la dirección de una organización, para otros confieren la fuente de sus principales debilidades.

A finales de los años cuarenta Simone de Beauvoir planteó que la mujer no nacía como tal, sino, que era el resultado de las fuerzas sociales que confluían en la construcción de su identidad, lo que determinaba finalmente su rol en la sociedad y las expectativas que giraban en torno a ella. Partiendo de este planteamiento podemos extraer que, al margen de las características biológicas, la mujer aprende a ser mujer en el desarrollo de su vida, condicionada por el entorno social, cultural y político que la rodea y que de cierta manera dictaran el papel que esta desempeñara en la sociedad.

Por mucho tiempo ese “papel” de la mujer ha estado encasillado a un plano secundario evidenciando fuertes brechas e inequidades de género, a veces casi imperceptibles pero siempre tenaces. En palabras de la fenecida socióloga dominicana Isis Duarte, las acciones afirmativas parten de la constatación empírica de que, pese a que la mayoría de las constituciones modernas consagran el principio de la no discriminación, en la práctica existen barreras socioculturales y fuertes condicionamientos históricos que impiden materializar este principio.

A pesar de ello, poco a poco, la mujer ha ido venciendo obstáculos y ha logrado avanzar en su inserción en los ámbitos político, económico, social, laboral y cultural, pasando inclusive de un rol pasivo en estos ámbitos a posiciones de liderazgo. Y vaya que realmente la situación está cambiando!. Un ejemplo de ello es que en la Republica Dominicana la entidad antes nombrada Consejo Nacional de Hombres de Empresa se vio obligada a cambiar su nombre a Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) por la amplia y destacada participación femenina dentro de dicha entidad.

Pero con estos cambios surgen nuevos elementos en el panorama como son los estigmas de masculinización que se le adjudican las mujeres que han alcanzado cargos de alta dirección y que han asumido roles de liderazgo en importantes organizaciones. Se les confiere actuar como hombres para poder mantener sus posiciones de poder en sus organizaciones debido a que se desenvuelven en un mundo cuyas prácticas han sido formuladas y diseñadas por los hombres.

Todo apunta a que la clásica asociación entre liderazgo y características masculinas lleva una tendencia a debilitarse cada día más hasta desaparecer, lo que resulta positivo en la disminución de las brechas de género y para facilitar el acceso de las mujeres a puestos de dirección y de liderazgo en igualdad de condiciones que el género masculino.

La meta tampoco debe de ser establecer el liderazgo en consonancia con el estereotipo femenino, sino, apartar del liderazgo los estereotipos. Dejar de fijar la mirada en si es mujer o es hombre y empezar a mirar la persona. No todos los hombres son fuertes ni todas las mujeres son sumisas. La idea no es que la mujer imite al hombre para llegar y sostener una posición de liderazgo sino que aporte sus conocimientos, inteligencia, valores, talentos, cualidades y aptitudes en favor de un mejor desempeño desde la posición que ocupa o para llegar hasta ella.

De momento, a las mujeres les toca continuar penetrando e influyendo decisivamente en los diferentes ámbitos de la vida y de la sociedad sin perder la esencia femenina, demostrando tener capacidad para tomar decisiones, tener capacidad intelectual y suficientes conocimientos para conducirse en la dinámica de este siglo que ha de requerir un nuevo estilo de liderazgo.

“Para abrir nuevos caminos, hay que inventar, experimentar, crecer, correr riesgos, romper las reglas, equivocarse…y divertirse” ( Mary Lou Cook).


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