El Metro de Santo Domingo, un aporte de economía verde

El inicio de la primera etapa del Metro de Santo Domingo representó el cruce del dintel que marca en una sociedad la división entre el atraso y la modernidad en materia de transporte, haciendo que los usuarios de esta solución vial puedan llevar a cabo sus acciones rutinaria, de una manera segura, rápida y que los dignifica en una nación que apuesta al progreso, desarrollo y mejor forma de vida.

Este moderno sistema de transporte ha representado al país, desde su inicio, múltiples beneficios a favor de los usuarios y de toda la colectividad.

Desde la construcción de las obras civiles, las autoridades lograron considerables reducciones que terminaron por hacer que la primera etapa concluyera con un presupuesto inferior, en 2 millones de dólares, a lo que se tiene como promedio en América Latina en la construcción de este tipo de obra.

Luego de la puesta en servicio de la primera línea del Metro, con unos 14.3 kilómetros de longitud, siguieron otros beneficios como resultado de la implementación del nuevo sistema. Los usuarios redujeron los costos de sus presupuestos de transporte, lo que se reflejó en la economía familiar, las rutas que se encuentran en esa línea se descongestionaron, permitiendo un mejor flujo vehicular en las mismas, una disminución de la cantidad de vehículos y por ende, se redujo el consumo de combustible y con ello, la emisión de gases de efecto invernadero(GEI).

Con dos líneas del Metro en funcionamiento, que cubren 28 kilómetros de longitud, este sistema transporta unos 230 mil pasajeros diarios, lo que indica que, de acuerdo al tipo de unidad de transporte que se tome en cuenta, ha podido desplazar unos 38 mil carros (conchos) o 7666 mil minibuses (guaguas) que se hubiesen necesitado para transportar a ese número de personas, aunque nunca con la rapidez, comodidad y seguridad con que lo hace El Metro.

Al ser desplazados un alto número de vehículo/viajes de las rutas en que entro en funcionamiento el sistema de transporte masivo (Metro), también se produjo una disminución considerable de los gases de efecto invernadero (GEI) que producían estas unidades en su combustión interna, lo que trajo otro beneficio colateral de este sistema de transporte, ya que el país presentó una reducción de emisión de CO2, lo que nos permite recibir fondos por este concepto.

Ante la amenaza que representa el calentamiento global, que se inició con la revolución industrial y la excesiva emisión de gases de efecto invernadero (GEI) que esta representó, los países se ha visto en la obligación de asumir compromisos de reducción y se han creado herramientas económicas, las cuales permiten que los países que reduzcan sus emisiones, puedan vender las mismas en las bolsas de carbono.

Según el cálculo de reducción de gases de efecto invernadero que ha representado la entrada en funcionamiento del Metro de Santo Domingo, el numero de toneladas de CO2 que se redujeron, representan unos 38.8 millones de dólares al año, que podrían ser negociado por el país, con la inclusión de este sistema como un mecanismo de desarrollo limpio, por la disminución que ha producido en el sistema de transporte de nuestro país.

Para que se tenga una idea, un pasajero que se transporte en un carro público (concho), hace que se generen emisiones por 0.250 kg de CO2 por kilometro recorrido, mientras que el que se transporta en metro, solo hace que se generen 0.065 kg de CO2; la diferencia es casi cuatro veces más emisiones.

El cálculo realizado por la Oficina para el Reordenamiento del Transporte (OPRET) solo se basa en la reducción por los vehículos desplazados del transporte, pero, se tiene que tomar en cuenta otros aspectos, para poder valorar en su justa dimensión lo que ha representado este cambio en materia de transporte en el país; la salida de vehículos de esas rutas, creó una descongestión vial de la zona y una mayor fluidez de los demás vehículos, haciendo que se produjeran reducciones de gases que no han sido cuantificadas por las autoridades.

La disminución de los vehículos en las rutas de transporte, no solo impactó en el medioambiente por la reducción de las emisiones de gases, sino también, porque esos vehículos dejaron de usar aceites, neumáticos, baterías y sus fluidos y otros componentes, que por lo regular terminaban impactando, independientemente del destino que se le busque, nuestros recursos naturales.

Ante la amenaza del cambio climático, nuestro país debe de asumir la responsabilidad que compartimos con el mundo, aunque diferenciada, para desarrollar acciones, que como El Metro, impacten lo menos posible nuestro planeta, que hagan nuestras vidas más sustentables y que garanticen que las futuras generaciones encontraran un lugar donde vivir.


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