Consideraciones sobre la implantación de nuevos aprovechamientos y recuperación de instalaciones minihidráulicas

La transición hacia fuentes de energía renovables es un proceso natural. Eso es debido a su estado actual (y proyecciones) de desarrollo tecnológico, y al agotamiento de recursos fósiles de fácil acceso. Las políticas de promoción de las renovables tienen como objetivo acelerar este proceso, atendiendo a consideraciones de seguridad energética y secundariamente, a los efectos debidos a emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). También existe un reconocimiento parcial de que los perjuicios económicos que ocasionará el calentamiento global compensan la inversión en el cambio de dirección de nuestras actividades energéticas.

 

Las energías renovables están basadas en la energía del sol (directamente, solar PV y termosolar), que a su vez es transformada en movimiento de aire y agua (eólica e hidráulica en todas sus formas) y que también permite el desarrollo de la vida (biomasa). La geotermia es la única excepción en esta regla.

La energía hidráulica tradicional (de la que hablamos en este blog) hace uso de la escorrentía de las precipitaciones que caen en un país. Como ejemplo de su potencial, si España tiene una superficie de 500.000 km2 y una precipitación media de 700 mm, y utilizando un factor de escorrentía de 30%, esto se corresponde con un caudal de ~3.000 m3/s (~100.000 hm3/año). La energía potencial que ese agua pierde en su recorrido al mar (tomando una altitud media de 660 m) es equivalente a una potencia de 20.000 MW durante todas las horas del año, i.e. casi un 75% del consumo eléctrico español. Este número, a pesar de ser grande, no se puede comparar en magnitud con el recurso solar y eólico. Para su aprovechamiento, se requeriría la canalización de toda la escorrentía, lo cual no es posible, ni deseable. La potencia hidráulica actual instalada en España es de ~13.000 MW con una capacidad de almacenamiento de 55.000 hm3. A primera vista, estas cifras indican (en comparación con las anteriores), que un aumento sustancial en la potencia hidráulica no va a ser posible.

Desde el punto de vista medio-ambiental, el agua es una pieza fundamental en el desarrollo de la vida. Los ríos generan en su recorrido ecosistemas de gran biodiversidad que deben ser preservados para el disfrute de futuras generaciones. Incluso la erosión, vista popularmente de forma negatica, es importante para el transporte de nutrientes, y forma parte del ciclo natural.

Desde el punto de vista social, el agua juega un papel fundamental. El consumo de agua per cápita en España es de 700 m3 al año (32.000 hm3), i.e. casi un 10% de las precipitaciones, y un 30% de la escorrentía. La agricultura consume casi un 60%, la industria un 20% y el restante es para usos municipales. Estos datos indican, como bien se sabe, que el agua es un recurso finito y valioso.

La gran hidráulica (P>10 MW) es la que tiene mayor repercusiones ambientales debido a la creación de grandes reservorios. Además, se estima que actualmente se está explotando más de un 60% del potencial técnicamente posible. Por ello, consideraciones económicas y medio-ambientales parecen indicar que un aumento en la potencia instalada no es recomendable.

La mini-hidráulica (P<10 MW) es considerada de régimen especial debido a su bajo impacto medio-ambiental y carácter renovable. La potencia instalada en España en este tipo de centrales era de ~1800 MW en 2008. Las plantas mini-hidráulicas se pueden clasificar por su localización en: instalaciones a pie de presa, en canales de riego, y en áreas montañosas. Las dos primeras podrían considerarse como una mejora de la eficiencia energética en procesos antropogénicos existentes y debieran ser potenciados como tal. En el tercer tipo, cabe destacar nuevas instalaciones y rehabilitación de las existentes. Dada la dificultad de las obras civiles en áreas montañosas, junto con los consiguientes impactos medio-ambientales, se debiera potenciar primero la rehabilitación.

La potencia técnicamente explotable de la mini-hidráulica no es comparable a otras fuentes de energía renovables. Sin embargo, es un granito de arena en la transición que estamos viviendo. Y al fin y al cabo, una playa no es más que la suma de muchos de ellos.

 

 

 

 


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