LA PARADOJA DE LA ABUNDANCIA

evolucion-sociedad-informacion-homeMuy probablemente podemos situar el primer proceso globalizador en las navegaciones españolas y portuguesas de los siglos XVI y XVII. Gracias a las navegaciones de descubrimiento Europa entró en contacto con los otros continentes de una forma directa, puesto que las noticias e intercambios que había habido hasta entonces provenían de vías indirectas, tales como la Ruta de la Seda o los intercambios con el norte de África. Incluso estas navegaciones supusieron un abandono parcial del empleo de las antiguas rutas -la Ruta de la Seda terrestre pasó a ser una vía residual, aunque en el siglo XXI asistiremos a su renacimiento como eje vertebrador de otro tipo de red comercial-.

Europa entró en contacto con sociedades de muchos tipos, algunas de ellas muy desarrolladas, como la sociedad china, que en la época se estima que era la generadora del 30% del PIB mundial1. También se entró en contacto con Japón, India, Indochina, África, la Península Arábiga y América del Sur. A los puertos de Lisboa y de Sevilla llegaban todo tipo de mercancías lejanas y exóticas a través de las nuevas rutas comerciales de escala mundial y de los territorios colonizados. La Nau do Trato y el Galeón de Manila ponían en contacto territorios muy alejados entre sí, creando redes de comercio y comunicación hasta entonces inimaginables. Era frecuente poder encontrar en México productos traídos desde Macau o Nagasaki, mientras que en Lisboa podían encontrarse productos africanos, árabes, malayos, indios, etc.

Esta primera globalización era un sistema costoso de mantener, a pesar de los beneficios que generaba. Requería esfuerzos económicos continuados por descubrir nuevas tierras para afianzar el dominio territorial, requería poblar los territorios -sometiéndolos a control o negociando complejos acuerdos de comercio y de establecimiento permanente-, requería costosas defensas, flotas, ejércitos, etc. El comercio, en unos casos se basaba en la explotación directa del territorio ocupado, prácticamente como un monopolio de las coronas y las oligarquías; en otros casos -sobre todo Asia- exigía establecer acuerdos comerciales y de acceso a puertos, y aquí las clases comerciantes jugaban un papel más importante, aunque tambien existieron grandes monopolios en algunas épocas y lugares. El sistema económico de la época, el mercantilismo, era muy diferente de lo que hoy conocemos.

Los sistemas de información y de comunicación eran muy distintos a los actuales, y mucho más dependientes de los elementos. Sólo existían los mensajes enviados en las naves que seguían las rutas comerciales, y por ejemplo, una nau portuguesa podía tardar un año de ida, y otro de vuelta en hacer la carrera de Indias. Eso si no era atacada por piratas en Ormuz o Malaca o si no naufragaba por un tifón en Hainan. En el plazo de dos años, una plaza de ultramar podía sufrir habrunas, pestes, revueltas, un mal gobierno, o una     invasión. Y lo más parecido a una sucursal o filial actual podía ser el Gobernador de la colonia. Como vemos, el panorama comercial podía llegar a ser muy complejo, con una lenta toma de decisiones de no ser por extralimitaciones de poder en el gobierno, y con gran dependencia de los elementos.

Hasta finales del sigo XVIII no hubo grandes cambios, salvo a nivel teórico, quizá, por la introducción de ideas de librecambio, o el principio de la teorización acerca del porqué del comercio exterior en Europa.

El siglo XIX supuso la llegada de la Revolución Industrial, de la gran oleada colonialista, del capitalismo financiero, y de la sustitución de los hermosos clipper por los barcos de vapor. Se construyeron grandes líneas ferroviarias, canales marítimos, y se llegó a nuevos territorios buscando el control de materias primas, la colocación del excedente, y el dominio territorial por motivos nacionalistas y no sólo económicos. Aparecieron avances como el telégrafo, los primeros refrigeradores en los barcos cargueros, el desarrollo de la banca, el desarrollo de la prensa, y también los primeros grandes tratados comerciales internacionales -muchos como consecuencia guerras, como los derivados de las Guerras del Opio- y uniones aduaneras -como la Zollverein de la unificación alemana-. Pensemos también que el siglo XIX es el de la consolidación del concepto de Estado Nación y el origen de las democracias liberales, en las que el concepto de territorio y frontera es muy similar al actual.

Sin embargo, la transmisión de información sigue siendo lenta si a comparamos con la actualidad. Telégrafo, prensa, tren, barco, incipientes teléfono y radio desde principios del siglo XX…

Es realmente desde mediados del siglo XX cuando comienza la verdadera globalización tal y como la conocemos hoy. Son sobre todo fenómenos como la irrupción de la aviación comercial, la generalización de los mass media, los procesos de integración económica y comercial -UE, GATT, OMC…-, la universalización del modelo democrático, el acceso a la educación pública generalizado, los avances en la seguridad jurídica y financiera a nivel internacional, o los modelos empresariales transnacionales, quienes han contribuído a la aceleración y consolidación del proceso de globalización.

El siglo XXI nos ha traído una mayor homogeneización de la   cultura-mundo, una mayor interdependencia internacional en prácticamente todos los procesos, una nueva multipolaridad en la gobernanza mundial -aunque todavía con un predominio de EEUU-, y una regulación de la economía y del comercio internacional cada vez más elaborada, que obliga a los países a insertarse en los cauces y mecanismos oficiales para poder participar de la internacionalización de sus economías -pensemos que hoy la inmensa mayoría de los países ya pertenecen a la OMC, incluidos China e India-.

Y lo que ha posibilitado en gran parte todos estos procesos que han tenido lugar en los últimos veinte años ha sido la revolución de las TIC, que han conectado a tiempo real a todos los Estados, organismos, organizaciones, empresas e indivíduos, permitiendo además la creación y el intercambio de cantidades de información inabarcables y jamás vistas antes.

Si bien en aquel imperio de Felipe II nunca se ponía el sol, hoy, gracias a las TIC, con muchísimos menos costes, instantáneamente, y a nivel ciudadano -sin necesidad de ser un rey o un gobernador-, tampoco se pone el sol. Con un ordenador podemos operar durante veinticuatro horas en bolsa a lo largo de todas las bolsas del mundo, enviar mensajes de texto, imágen y voz instantáneamente, podemos interactuar en redes sociales, generar y compartir conocimiento, crear tendencias sociales, generar movilizaciones, extender críticas, etc.

La información, hoy en día es poder, y hoy una parte mucho mayor de la población mundial tiene acceso a ese poder. Los avances tecnológicos han conducido a una reducción dramática del coste de procesamiento y transmisión de información. Además, la evolución de las TIC y la  generalización del acceso a terminales móviles han roto las fronteras del tiempo, el espacio y la nacionalidad. El resultado de este fenómeno ha sido una explosión de información, que entre otras cosas, también ha conducido a lo que se ha venido en llamar “the paradox of plenty”2 –el exceso de información puede conducir a una falta o escasez de atención-. En esta paradoja, cuando los individuos se encuentran inundados de información, tienen dificultades para discernir en qué centrarse, y muchas veces la atención más que la información es un recurso escaso. Por lo tanto, quien puede distinguir la información valiosa de la que no lo es, gana poder. También gana poder quien puede emitir información valiosa con la que centrar la atención de los individuos, y eso es, por lo tanto, una fuente de poder en medio de la paradoja.

No solamente es una cuestión de atención, sino de veracidad y de fiabilidad. Después del análisis de la veracidad, viene el paso de la ordenación y sistematización de la información. En un libro clásico para las disciplinas académicas de Humanidades, Umberto Eco3 ya hacía referencia a estas cuestiones de la sistematización y de la ordenación de la información como un pilar fundamental de una investigación, que en una materia práctica como el comercio se completará con un proceso de toma de decisiones y su posterior ejecución. Por ello es imprescindible asegurar la fiabilidad de los datos -en base a criterios como la autoría, las fuentes empleadas, el oganismo que avala la investigación, la fuente de financiación de la investigación…- y después sistematizarlos y ordenarlos de forma que podamos establecer relaciones entre ellos, volver a consultarlos con facilidad si es necesario, recuperarlos en el futuro para otros procesos, etc.

Como vemos, la revolución de las TIC ha multiplicado la información disponible hasta el límite de lo infinito, y la procedencia de esa información es tremendamente variada -y no siempre fiable o contrastada-. En Comercio Exterior es fundamental poder contar con información actualizada y fiable sobre los mercados, que aunque no son una ciencia exacta, sí necesitamos alcanzar grandes cotas de aproximación a los posibles riesgos antes de tomar una decisión y ejecutarla.

Los grandes beneficios de poder disponer de mucha información y muy detallada con un sólo click de ratón se ven contrarrestados por la necesidad de poder filtrar esa cantidad ingente de información. Esta situación exige el seguimiento de una metodología de búsqueda, a la par que la aplicación de un bagaje de conociemiento sobre la materia, y una dosis de intuición. Es fundamental aproximarse a la información de un modo crítico, y recurrir a las herramientas de búsqueda especializadas, elaboradas por organizaciones y especialistas en comercio exterior bajo la observancia crítica de la comunidad profesional. De esa manera se puede ser muy preciso y selectivo en la búsqueda, intentando minimizar los errores provocados por el acceso a información adulterada, o simplemente por la saturación de información, que en muchas ocasiones resulta ser un factor de inversión de un tiempo excesivo -y el tiempo es un recurso escaso, y caro-.


1 KISSINGER, Henry. (2012) China, Debate, Barcelona

2 NYE, Joseph, S. (2004) Soft power: the means to success in world politics, Public Affairs, New York

3 ECO, Umberto (2013) Cómo se hace una tesis, Gedisa, Barcelona

 


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