La forma diferente de actuar de un Líder

 

Durante una clase maestra de un Taller de Liderazgo para Alta Dirección, conversábamos sobre las formas que utilizan los responsables de equipos de trabajo en las organizaciones donde muchas veces, a pesar de grandes esfuerzos de difundir la “cultura de liderazgo y trabajo en equipo”, en la práctica el día a día nos lleva a ver que no necesariamente la gente relaciona el liderazgo teórico con la puesta en práctica.

Muchas veces, los responsables caen en contradicciones en momentos de toma de decisiones únicamente por no pensar equilibradamente, de manera reflexiva y con el tiempo necesario, si es requerido repensar la decisión y evitar problemas de estabilidad en el equipo, o en el clima laboral u otro aspecto que afecte al negocio, que pudieran evitarse con recapacitar y actuar con criterio y razón antes que con la emoción al tomar una decisión clave. En todo negocio, es clave ser apasionado, amar lo que se hace cada día, pero es importante también cuidar esa pasión al momento de definir formas de ejecutar tareas o mecanismos que lleven a objetivos, pensando en nuestro equipo y en sus características. Todo trabajo conlleva estrés pero debe ser bien manejado, a veces sobrecargar de tareas o actividades que quizás no todas agregan valor, sin priorizar, termina agotando al equipo, desenfocándolo y generando tensión en el ambiente.

Además, un líder debe ser capaz de generar autocrítica no de manera unilateral, sino integrar al equipo en buscar las oportunidades de mejora, en repotenciar las destrezas de cada uno, concebirnos como un verdadero equipo integrado, con valores y principios fuertes y siendo conscientes, no solo con un feedback individual sino grupal, de cómo impactan nuestras decisiones y actos en las personas y la organización, recapacitando si todo lo que hacemos agrega valor o podemos mejorar o sustituir algo, que nos lleve a algunas veces tomar decisiones arriesgadas pero con el respaldo de un líder que apoyará cualquiera sea el resultado.

El desarrollo tecnológico y la conectividad permanente tiene también sus ventajas y desventajas en este mundo actual. Es un aliado para que un líder esté siempre atento a cualquier necesidad, pero también nos vuelve esclavos a la conectividad permanente del 24/7 y al estresante criterio de que, si un colaborador está disponible en cualquier momento, está 100% identificado con la empresa. Y eso nace del líder, de predicar con el ejemplo que en la vida hay espacio para todo, para el trabajo, para la familia, para el ocio. Sin dejar de lado el nivel de responsabilidad que implica un cargo, debemos hacer que nuestra gente no viva para trabajar, sino que trabaje para disfrutar la vida. Debemos recordar que cada uno hace el mejor esfuerzo y contribución al logro de objetivos, pero aun no se han inventado los robots con espíritu humano, que por encima de cualquier cosa debe primar nuestra estabilidad emocional, salud física y mental pues somos aves de paso en toda empresa, pero somos aves permanentes en nuestras familias que dependen de nosotros y nos esperan en casa al final de cada día intenso de trabajo. 

Por eso, nuestro foco como líderes debe ser a reforzar la escucha permanente, a entender a nuestro equipo más allá del entorno laboral y entender sus sentimientos, inquietudes y deseos. A darnos el tiempo de hacer una pausa personal y en equipo que nos ayude a alimentar nuestro yo interior.


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