Creer que se puede

Creer que se puede

Muchas veces hemos llegado a pensar que cuando hablamos de proyectos nos debemos referir a grandes retos por echar a andar. Sin embargo, eso no es tan así. La vida misma es un gran proyecto que vamos forjando día a día.

Desde que venimos al mundo, estamos embarcados en un proyecto, “gerenciado” por nuestros padres, y, luego, poco a poco, somos nosotros los que vamos tomando las riendas del asunto. Luego, cuando somos padres, “gerenciamos” la vida de nuestros hijos, dándoles pautas de conducta y empujándolos a que poco a poco estén listos para gerenciar sus propias vidas, aplicando lo aprendido de nosotros.

Eso, justamente, es lo que también pasa con los proyectos empresariales. Una buena fase de iniciación, sumada a una buena gestión del proyecto, nos puede conducir al éxito del mismo. Claro que en el camino hay caídas y fracasos, pero teniendo un norte claro, es más fácil la navegación.

Trasmutado esto a la gestión de proyectos, podemos convenir en que es la fase de iniciación –trazado el camino, divisada la meta final, visto los pro y contras- emerge como una de las bases sólidas para llegar a una consecución exitosa.

La fase de iniciación involucra recursos humanos, conocimientos, definición de grupos de interés y la habilidad de corregir sobre la marcha –equilibrio entre iniciación y gestión- el camino.

Lo fundamental es creer que se puede lograrlo. Pero sobre todo, atreverse a hacerlo. Durante mi vida profesional, muchos proyectos periodísticos han quedado en el camino por una mala fase de inicio, porque nadie tuvo el coraje de coger la bandera y marchar al frente.


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