CEREBRO EMOCIONAL

II. La carga emotiva

Con demasiada frecuencia nos asalta una pregunta: ¿Cómo somos. Cómo nosotros nos vemos o cómo nos perciben los demás? Parece que tras estudios más o menos fiables, Pareto tenía (una vez más) la solución. En torno al 80% somos como nos perciben y solo un 20% como nos vemos y nos conocemos.

Cada vez que interactuamos tenemos que ser conscientes de que nos van a juzgar por los denominados comportamientos observables. En base a estos comportamientos se va creando nuestra imagen, nuestra personalidad social y en el extremo nuestro estereotipo. Es decir, nos definimos.

Actualmente, el valor de los comportamientos observables que más “puntúa” es la carga emotiva entendida como los estímulos que cada persona aporta para hacer, transmitir, pensar, ejecutar o sentir.

La carga emotiva es la emoción y los sentimientos transmitidos, también el poder con que se transmiten, su contenido y la fuerza conjunta que todo ellos representa.

Para Victoria Iturralde y Olivia Aymée la carga emotiva se representa por seis criterios: la madurez de los pensamientos, la fuerza de la motivación, la reflexión creadora, el aprendizaje de las experiencias, la potencia de la personalidad y la transmisión compleja de la persona.

Cuando Barack Obama triunfó en las primeras elecciones a la presidencia de los Estados Unidos provocó un sinfín de estudios y publicaciones. Mayoritariamente coincidían en que la carga emotiva de sus discursos había calado en lo profundo del electorado y eso fue precisamente lo que decidió el voto final.

Amando de Miguel al referirse a la carga emotiva de las palabras indica, entre otras cosas, la fuerza emocional también de las expresiones y como ejemplo cita el “Venirse arriba” como la emoción de la euforia, el despertar como la esperanza o la noche como la tristeza. Y es verdad, las palabras por si mismas tienen una carga emotiva excepcional. Pensemos lo que esa carga representa para palabras como Navidad, guerrilla, sexo, seguridad, soledad, amor, jamás o éxito.

Junto a los comportamientos y las palabras está también la comunicación no verbal, los gestos, el volumen, la expresión misma. Todo suma y todo forma parte esencial de la carga emotiva.

Un análisis elemental nos indica que aquellos “comportamientos observables” que van reforzados con una dosis alta de carga emotiva no pasan inadvertidos, se recuerdan más y producen mayores efectos. No hacerlo es pasar inadvertido. Es vivir sin dejar huella. Paul Newman describía acertadamente: “Aquellos personajes que por sí o por mi interpretación mostraban una poderosa carga emocional son lo que me han hecho triunfar y han quedado en el recuerdo”. El famoso coach Anthony Robbins, tan de moda y tan referenciado, nos propone un reto: “Tome control de sus emociones de manera consciente. Y consciente y deliberadamente transforme las experiencias de su vida cotidiana”.


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