FABRICACIONES MASIVAS: UNO ENTRE UN MILLÓN

Acabo de nacer. Soy un fantástico reloj. Mejor dicho soy una copia de un fantástico reloj. En verdad una mala copia de un fantástico reloj.

Abro los ojos y miro. La persona que me ha fabricado es joven. Muy joven. Demasiado joven.

De pronto me doy cuenta de que en el lugar en el que estoy hay cientos, hay miles como yo. Todos somos relojes. Relojes iguales. Bruscamente nuestro suelo se mueve y poco a poco caemos en unas cajas. Nos ordenan. Nos aprietan en estuches y nos etiquetan. Estamos quietos en cajas muy grandes y nos llevan de un lado a otro. Viajamos. A veces en barco. A veces en avión.

Llevamos un apellido que no es el nuestro. No tenemos identidad. No sabemos dónde hemos nacido.

Pasa un tiempo y me destapan. Veo gentes raras y desconocidas. Me limpian un poco. Me aprietan una chapita con una cifra. Me exponen en un escaparate. Pasa un poco más de tiempo y también paso a otro escaparate. Otra chapita y otra cifra. Esta es una cifra más elevada. Así dos o tres veces más.

Es aburrido pero es mi vida. Yo sigo funcionando rítmica y sistemáticamente, con exactitud matemática. Por eso soy un reloj. Mi monotonía se rompe cuando de pronto me arrancan la chapita, me borran la cifra y paso a formar parte de la muñeca izquierda de alguien. Ya no estoy en el escaparate. Me han comprado. Una nueva vida para marcar las horas de mi nuevo amo.

Vivo en su muñeca, pero en seguida me doy cuenta de que estoy cansado. Me paro. Para cargar fuerzas me ponen un nuevo corazón en forma de pila, y otra vez funciono bien. Sigo marcando las horas. Al mínimo golpe se me cae una manilla, o se rompe mi correa o algo me falla por dentro. De nuevo me paro porque sí. A mi amo le oigo gritar y decir que no sirvo para nada.

Se desprende de mí y me tira a la basura mientras oigo que dice: “Era bonito y parecía de verdad. Ha funcionado bien durante unos días pero en realidad es una porquería. Total, para lo que me ha costado…”.

Y mientras caigo a la basura recapacito y pienso: Sí, soy un reloj y soy chino o coreano. A partir de ese momento dejo de existir.


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