Ideas limitantes

Borja Uruñuela

EMBA EOI Sevilla

Creencias limitantes son ideas o pensamientos negativos que consideramos como ciertas, sin que necesariamente lo sean, y que condicionan nuestra vida. “Todo me sale mal” o “No se me da bien el inglés” son ejemplos de creencias limitantes.

Estas creencias pueden venir de una mala experiencia previa que arrastramos hasta el presente o de la infancia cuando alguien nos dijo que no se nos daban bien los idiomas. Esas palabras puntuales las convertimos en creencias convirtiéndose en pensamientos limitantes. Es importante hacer hincapié en que muchas creencias limitantes tienen su origen en la infancia, de ahí la importancia de generar en los más pequeños ideas potenciadoras, que son ideas en positivo que nos impulsan a avanzar y superar dificultades.

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Nuestro cerebro nos puede jugar malas pasadas y una creencia limitante nos puede llevar a un comportamiento no deseado. Si creo que se me da mal el inglés, posiblemente no me sienta motivado por aprenderlo, ni me esfuerce lo suficiente lo que hará que el resultado sea el que mi cerebro creía que sucedería. De alguna manera provocamos el resultado negativo consecuencia de esa creencia.  

La herramienta que aquí presento ayuda a modificar una creencia limitante y así obtener un comportamiento deseado.  Creo que es un ejercicio muy potente y a la vez sencillo, una vez que se pone en práctica.  Para este trabajo tendremos en cuenta la cadena de sucesos que ocurre en nosotros: pienso – siento – actúo.

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Algunas creencias limitantes pueden llevarnos al lado oscuro

 

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Las acciones son, pues,  fruto de un pensamiento previo; lo ilustro con un ejemplo concreto. Un pensamiento  que a veces tengo es  que lo que yo estoy haciendo es más importante que lo que otras personas hacen. Por eso, a veces, cuando algunas de las personas con las que trabajo acuden a mi oficina siento que me están interrumpiendo. Ese pensamiento me hace sentir ansiedad y nerviosismo porque no me va a dar tiempo a terminar mi tarea. El resultado en mí es un comportamiento marcado por la impaciencia donde dejo de escuchar a la persona para seguir pensando en mi tarea. A veces, sin querer, mi comportamiento se manifiesta cortando la conversación o mirando al ordenador, dando a entender a mi visita que estoy ocupado y que no tengo tiempo.

Este sería el trayecto de ida:

Pienso (-): ¡otra interrupción! No me va a dar tiempo a terminar esto, ¡con todo lo que tengo que hacer!

Siento (-): ansiedad, nerviosismo, impaciencia.

Actúo (-): corto la conversación, miro al ordenador, dejo de escuchar y pienso en mi tarea… desconecto.

auto estima

¿Cuál puede ser el resultado de mi comportamiento? Que la persona que viene a verme no se sienta bien atendida y deje de venir a verme. Puede que se sienta infravalorada y baje su participación e involucración en la organización. Puede que me vea como alguien distante, al que no le interesa lo que pasa alrededor.

 

Siendo consciente de los posibles resultados de esta idea limitante,  me propongo hacer un viaje de vuelta diferente, por otro trayecto y con un destino distinto.

Para emprender el camino de vuelta me pregunto: ¿qué  deseo?  En mi caso sería gestionar estas interrupciones de manera eficaz. Para ello me pregunto qué resultado me gustaría obtener de forma diferente: me gustaría escuchar y valorar la importancia y urgencia del asunto que les trae a mi oficina.  Si considero que su asunto es prioritario, les daré un tiempo razonable para tratar el tema en cuestión. Si, por el contrario, considero que su asunto es mejor tratarlo un poco más tarde, se lo haré saber de una forma asertiva y amable. Este pensamiento me hará sentir tranquilidad y serenidad. Y como consecuencia, mi comportamiento será de escucha activa y atenta para valorar con esta persona el asunto que le trae a verme.

 

Coworkers discussing project in startup office

Este trayecto de vuelta sería:

Actúo (+): escucho atentamente y evalúo el asunto para decidir cuándo es mejor tratarlo.

Siento (+): tranquilidad y serenidad; en control.

Pienso (+): esta persona necesita algo de mí y sólo necesitaré unos minutos para evaluar la importancia y urgencia de su asunto. Si lo considero necesario le atenderé en ese mismo momento, si considero que su asunto puede esperar, se lo haré saber de forma asertiva y amable para emplazarlo a un momento posterior.

De manera general, para utilizar esta herramienta los pasos indicados por Magdalena y Pilar son:

Trayecto de ida (-)

  1. Anota una creencia que te limita. (Pienso)
  2. ¿Cómo me siento? (Siento)
  3. ¿Cómo te comportas en esa situación? (Actúo)
  4. ¿Cuál es el resultado?

Trayecto de vuelta (+)

  1. ¿Qué resultado te gustaría obtener de forma diferente?
  2. ¿Qué comportamiento te ayudaría a alcanzarlo? (Actúo)
  3. ¿Qué necesitas sentir para ello? (Siento)
  4. ¿Qué pensamiento te ayudaría a sentir así? (Pienso)

Sin duda, una herramienta sencilla pero difícil de llevar a cabo a no ser que nos paremos un momento a valorar qué comportamiento queremos cambiar y qué nuevo pensamiento lo puede estimular. La mente es muy poderosa y si no la trabajamos es fácil que sea ella la que rija nuestra vida …sin nuestro control. Ya lo dijo Gandhi.

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PS Me gustaría dar las gracias a Magdalena Requena y Pilar González por las clases de Liderazgo así como por el feedback que, sin duda, nos ayuda a mejorar.


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