El miedo a lo nuclear

Todos sabemos que los elementos transuránicos tienen una vida muy larga y que una contaminación con éstos es peligrosa. Conocemos el grave accidente nuclear que ocurrió hace ya 44 años en Palomares, Almería, y que todavía en 2010 sigue sin solucionarse completamente. En éste país además se considera la energía nuclear como el patito feo de las energías, sin apenas tener en cuenta las numerosas ventajas que aporta al sistema energético de un país  haciendole estable a la demanda y aportandole la tan necesaria independencia energética y seguridad de suministro, pilar básico para sostener la economía y el desarrollo de un país, sobre todo en tiempos de crisis y de inestabilidad en zonas geográficas que cuentan con el poder de las fuentes convencionales de energía más utilizadas mundialmente como son los combustibles fósiles. Además la energía nuclear “es una forma ‘limpia’ de generar electricidad, sin producir emisiones de gases de efecto invernadero”.

En cuanto a la seguridad de suministro mencionada anteriormente, la dependencia total de una sola fuente o de un solo tipo de energía debe ser evitada, diversificando el plan energético de un país para evitar así la posible vulnerabilidad económica. En éste sentido podríamos argumentar que la materia prima utilizada en la producción de energía nuclear, el uránio, no es de orígen español y se importa en su totalidad a pesar de contar con reservas, que por suponer un elevado coste no son explotadas, pudiendo resultar una posible dependencia que no hiciera ventajosa ésta fuente de energía. Sin embargo, a éste respecto, las empresas españolas cuentan con la colaboración de un gestor de sus aprovisionamientos, cuyo portafolio de suministradores le permite mantener unos criterios de diversificación de fuentes, seguridad del suministro y de precios muy exigente, siendo Nigeria el principal proveedor de uránio de España.

La central nuclear no tiene por qué ser un peligro
La central nuclear no tiene por qué ser un peligro

Una vez dicho esto de una forma neutral y objetiva, me gustaría centrarme en el aspecto “nuclear”.

 Ésta palabra no está bien vista en la sociedad, y más en la española, la cual la asocia directamente con peligro, accidente, radiactividad, malformaciones, etc.

 ¿Todo esto es cierto? Si, claro. Como todo en la vida tiene sus puntos críticos o aspectos a tener en cuenta para un correcto diseño de instalaciones y medidas de seguridad y control a implementar, no sólo en las centrales nucleares, sino en cualquier otro proceso en el que se manipulen sustancias radiactivas, como es el caso de la alimentación. Si, algunos alimentos se someten a radiación para eliminar patógenos y al llevar a cabo el proceso de una forma bien controlada y segura no hay riesgo para la salud de quien los consume.

Sin embargo, el carbón, otra fuente de energía utilizada y subvencionada en España, a pesar de su mala calidad, ya que contiene gran cantidad de azufre y produce áltas emisiones de CO2 a la atmósfera, no produce ningún rechazo en la sociedad, incluso es apoyado.

Deberíamos dejar de tener tanto miedo a las palabras “nuclear” y “radiación” siempre que vayan acompañadas de “control” y ”seguridad” entre otras.

Si se hacen las cosas bien, se cumplen los requerimientos, aunque no sean obligatorios, de una forma voluntaria, sólo por conseguir la excelencia empresarial y el bienestar social, entonces todo funcionará perfectamente porque todos haremos y daremos lo mejor de nosotros mismos por obtener lo mejor. Pondremos las medidas de seguridad necesarias y planearemos las acciones preventivas y correctoras para evitar posibles accidentes antes de que ocurran (APPCC), mantendremos las instalaciones en estado óptimo para que no sea necesario invertir años después grandes cantidades de dinero. Asimismo, es necesaria una correcta gestión de los residuos generados.

Además, en los casos de accidentes, sería necesario depurar correctamente y sin reparos todas las responsabilidades de las partes implicadas en casos de contaminación con residuos radiactivos, como es el caso anteriormente mencionado de Palomares. Sólo si la sociedad comprueba que se persigue y se consigue una reconstrucción total de la normalidad existente antes del accidente, no echando tierra encima sino eliminando por completo el residuo, se garantizará que el ecosistema y la sociedad vinculada a él vuelve a la normalidad y disfruta de su “derecho” a un medio ambiente adecuado. Así todos perderemos por fin el miedo a las palabras radiación, radiactividad y a la energía nuclear.


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