Desventajas de la economía colaborativa

Se ha hablado fuerte y tendido sobre el consumo colaborativo, en muchas ocasiones en este blog. Y sin embargo, a menudo solemos hacerlo desde una perspectiva optimista y casi expectante. No es para menos, entre otras cosas el consumo colaborativo propone una mejor regulación de los mercados, una optimización de los recursos disponibles, mayor libertad para el consumidor final y el desarrollo de una red de microemprendedores que pueden beneficiarse de este tipo de iniciativas.

Se ha hablado fuerte y tendido sobre el consumo colaborativo, en muchas ocasiones en este blog. Y sin embargo, a menudo solemos hacerlo desde una perspectiva optimista y casi expectante. No es para menos, entre otras cosas el consumo colaborativo propone una mejor regulación de los mercados, una optimización de los recursos disponibles, mayor libertad para el consumidor final y el desarrollo de una red de microemprendedores que pueden beneficiarse de este tipo de iniciativas.

Sin embargo, no todo son ventajas ni buenas noticias. Muchas de las soluciones de consumo colaborativo que nos llegan también tienen un contrapunto negativo. Ojo, generalmente se trata de puntos abordables y que aún estamos a tiempo de atajar. Por ejemplo:

Falta de regulación y competencia desleal: Ya lo veíamos al hablar de las ventajas del consumo compartido, y es que uno de los argumentos en su contra es que, la ausencia de una regulación concreta, hace que la competencia contra soluciones ya asentadas no siempre sea en igualdad de condiciones. Por ejemplo, los prestadores de servicios a través de herramientas como BlaBlaCar o Airbnb tienen muy fácil no pagar la variedad de impuestos que sí pagan los hoteles o los alquileres.

Desprotección del consumidor: Esta falta de regulación en muchas ocasiones hace que el consumidor se encuentre indefenso ante estas compañias. Por ejemplo, que un tío se meta de okupa en tu casa o que la conviertan en un fumadero de crack.

Es cierto que en muchas ocasiones el facilitar a la comunidad un sistema para puntuar al resto de usuarios con los que interactuan, o incluso delegar parte de esta tarea en algoritmos, es una solución más que eficiente en la mayoría de las ocasiones. Sin embargo, agregar una dimensión de responsabilidad legal puede ser una garantía adicional para este.

Monopolios: En algunos casos la oposición a este tipo de consumo viene de grandes empresas -por ejemplo, las multinacionales hoteleras-, pero en otros casos son trabajadores por cuenta propia como los taxistas los que reciben el golpe.

Aunque estas iniciativas pueden ser beneficiosas a nivel individual o para pequeñas comunidades, en otros casos pueden generar monopolios en los que el beneficio que antes se llevaban muchos pequeños, pasa en gran parte a multinacionales como Uber, valoradas en miles de millones de dólares y con intereses, a priori con poco o nada que ver con los de los individuos de los que se beneficia.

Es más, uno de los peligros que puede conllevar este tipo de consumo es que, una vez se ha irrumpido en el mercado y la disrupción ha acabado con el método antiguo, nos queda un monopolio que puede imponer normativas abusivas, aprovecharse de una menor regulación y acabar ofreciendo un servicio peor que el inicial a un usuario que ya no puede dar marcha atrás.

Exclusividad de los datos: Por otra parte, una de las principales prioridades de los países en los próximos años será la generación y procesamiento de información para generar sistemas más eficientes e inteligentes, con las ciudades inteligentes como ejemplo paradigmático.

Si las empresas que generan big data sobre una población, y las empresas de consumo compartido son algunas de las que más peso tendrán en este sentido, las administraciones podrán verse sin la información necesaria para realizar una administración eficiente.

Es por ello que deberán ponerse en práctica los mecanismos antimonopolio que permitan una menor centralización de recursos y un mayor poder de negociación de las instituciones públicas, y leyes que compaginen la privacidad de los usuarios y datos personales, con la distribución libre de los datos agregados, de forma que sea posible que cualquiera pueda utilizar esa información para mejorar diferentes sistemas.

En definitiva, el consumo colaborativo tiene más pros que contras, pero también tiene puntos oscuros. En la medida que este consumo asume la forma de una estructura que centraliza y se convierte en el principal beneficiario de la actividad, este tipo de alternativas están más cerca de modelos de negocio ya herederos del s. XX que de una verdadera revolución en el consumo, y por lo tanto la disrupción de mercados existentes por este tipo de modelos entraña mayores riesgos, hasta que realmente se consiga eliminar al intermediario.

 

 


Suscribirse a comentarios Respuestas cerradas, se permiten trackback. |

Comentarios cerrados.


Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies