Innovación colaborativa

De manera muy resumida, podemos afirmar que innovar es “introducir algo nuevo y valioso en la realidad existente”. Probablemente no haya muchas dudas respecto a “lo nuevo”, pero ¿qué podemos llegar a entender por “valioso”?

Lo que tiene valor para unos, puede carecer de él para otros. Otra pregunta que podemos plantearnos es ¿qué es valioso para el sector turístico hoy? ¿Qué es lo que aporta valor?

Esta semana hemos visto que la innovación puede estar presente en los productos, en los procesos, en los canales de comercialización, en la propia organización e incluso en los mercados a través de lo que se conoce como gestión horizontal, a saber, la colaboración entre empresas que están en la misma fase dentro del mismo sector, que producen el mismo producto y que se unen para obtener economías de escala: reducir los costes de explotación y racionalizar los medios asignados. Otra razón para llevarla a cabo es adquirir poder de compra o distribución así como invalidar a la competencia.

La innovación en este caso comienza como una experiencia compartida de colaboración y alianza empresarial; si bien en el extremo contrario encontramos desgraciadamente empresas que se centran en gestionar su propio proyecto, sin vocación, sin aportar información, sin compartir información, sin invertir en estrategias comunes… y muchas veces sin llegar realmente a ver las ventajas de unir intereses que impulsen esta alianza.

Ya en noviembre de 2006, IBM lanzaba un documento titulado “Uso de la colaboración para fomentar la innovación en su organización” en el que se explicaban las virtudes de la “innovación colaborativa”, destacando como prioridades:

¿Qué ocurriría si trasladáramos estas estrategias a un destino?

El destino lo construyen cada una de las empresas que trabajan en él, tanto públicas como privadas. ¿Realmente tenemos vocación de destino y de trabajo conjunto? ¿Por dónde empezar o continuar? Probablemente, el comienzo de todo ello debería ser el trabajo conjunto para generar una experiencia global, compartida e impactante, donde la innovación empiece en las cosas pequeñas para llegar a construir un todo que permita llegar más lejos con menos esfuerzos individuales y más fuerzas comunes.

Tomando este punto de partida  la innovación se ve como algo más cercano y no necesariamente unido a un componente tecnológico sino puramente humano. Además, llegaríamos mucho más lejos, ¿verdad?

Poniendo el punto de mira en lo tecnológico, son muchas las innovaciones que están ya en fase de implantación en el sector turístico, tales como la inteligencia artificial y big data, en la que se trabaja con el proyecto IzzynGo,  que permite la creación y recomendación automática de paquetes dinámicos personalizados y/o adaptados, a partir de la combinación de diferentes servicios de viaje de los proveedores turísticos.

Las aplicaciones son innumerables, más aún teniendo en cuenta que según datos del Eurobarómetro, el 36% de los turistas europeos reservan sus vacaciones a través de paquetes dinámicos.

La cuestión ahora es saber aprovecharnos de lo humano y lo tecnológico para sacar el mejor partido a las herramientas que tenemos a mano y llevar la realidad de nuestro sector al siguiente nivel de innovación.


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