Desde hace un tiempo, la creatividad y la innovación aparecen como un elemento clave para la competitividad de las empresas. Ha pasado de ser un término de moda para cobrar cada día más importancia entre los directivos y emprendedores.
La empresa ha innovado tradicionalmente gracias a las ideas que vienen de dentro de su organización, pero cada vez más lo empieza hacer con las ideas que vienen desde fuera por parte de expertos, clientes o proveedores, incorporando la experiencia y la opinión de aquellos que de una u otra forma pueden aportar valor a la creación del producto o servicio del que, más tarde, disfrutarán. Aparecen, por tanto, nuevas formas de relación con el cliente que hay que conocer, aprender y saber gestionar.
El diálogo comercial empresa/cliente pasa porque la empresa valore las ideas de sus clientes, las incorpore activamente a sus procesos de diseño y creación de productos y servicios, y no se conforme, meramente, con recogerlas mediante encuestas o buzones de sugerencias. Cada vez más directivos y empresarios entienden que la innovación es un proceso abierto donde es fundamental desarrollar la capacidad de escucha, y es en ese nuevo afán de colaboración y encuentro donde las plataformas digitales y las redes sociales juegan un papel de coordinación fundamental. La propia dinámica colaborativa que el crowdsourcing fomenta y representa, hace cambiar en buena medida, además, la percepción habitual sobre las patentes y la propiedad intelectual: muchas grandes iniciativas internacionales, promovidas por grandes empresas (GreenXChange, Open Patent Alliance, etc.), se aprestan a compartir parte de su capital intelectual a cambio de que el intercambio sin reservas sea una realidad. 
Vemos cómo la colaboración y cooperación para crear e innovar encuentran por eso en internet un ecosistema muy propicio. Este proceso de innovación participativa se ha conceptualizado bajo el concepto crowdsourcing, algo así como la inteligencia compartida, las multitudes inteligentes. En internet y en las redes sociales los usuarios, mediante sus ideas o sus críticas, dan pistas sobre las áreas de mejora y nuevos nichos empresariales que están por explorar. Otro nuevo camino a seguir es la innovación dirigida por los usuarios, algo que ya han practicado empresas como Toyota, que implica pasar de crear productos y servicios pensados para vender, a crearlos pensando en las necesidades reales de los usuarios, entendiendo que no todos tienen las mismas necesidades y que “una misma y única talla no vale para todos”.
La colaboración en red se extiende a todos los ámbitos posibles de los negocios, la investigación y el trabajo: basta echar un ojo a la plataforma crowdsourcing.org para encontrar que hoy podemos hablar ya de Crowdfunding, Cloud Labor, Collective Creativity, Open Innovation, Collective Knowledge, Community Building o Civic Engagement, y que existen más de 1000 sitios censados en la web donde pueden encontrarse iniciativas colaborativas que promueven la cooperación.
Hay nuevas formas, por tanto, de ser creativos e innovadores en la gestión empresarial y muchas de ellas pasan por estar abiertos a crear e innovar con consumidores y usuarios.