Diferencia entre revisiones de «Turismo del vino o "enoturismo" en Turismo»

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Desde el punto de vista de una bodega, el turismo del vino es, ante todo, una''' herramienta clave dentro de una política de marketing diferenciadora''' y '''palanca para una mayor rentabilidad empresarial'''.
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La combinación de la actividad vitivinícola con el turismo ofrece unas importantes oportunidades adicionales de negocio a través de la venta directa de vino, al mismo tiempo que supone una nueva forma de generar imagen de marca y de fidelización del visitante con los valores, principios y productos de una bodega. En este sentido, no se trata de dos actividades alternativas sin ningún tipo de vinculación entre si, sino de dos unidades de negocio absolutamente complementarias, que se necesitan mutuamente para optimizar su rentabilidad y garantizar la competitividad global de una bodega y/o Grupo de Bodegas.
 
La combinación de la actividad vitivinícola con el turismo ofrece unas importantes oportunidades adicionales de negocio a través de la venta directa de vino, al mismo tiempo que supone una nueva forma de generar imagen de marca y de fidelización del visitante con los valores, principios y productos de una bodega. En este sentido, no se trata de dos actividades alternativas sin ningún tipo de vinculación entre si, sino de dos unidades de negocio absolutamente complementarias, que se necesitan mutuamente para optimizar su rentabilidad y garantizar la competitividad global de una bodega y/o Grupo de Bodegas.
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'''Experiencias enoturísticas prioritarias en bodegas'''
 
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Las estrategias de marketing han evolucionado. Vivimos en una sociedad que se caracteriza por una demanda creciente hacia el disfrute de experiencias y sensaciones, frente al mero consumo de productos y servicios. Estudios realizados en el campo del marketing enoturístico confirman que las experiencias y sensaciones relacionadas con una visita a una bodega son todavía más importantes a la hora de tomar una decisión sobre una oferta frente a otra, que las instalaciones, características y funcionalidades de las bodegas en sí. En este ámbito, el producto enoturístico en su componente racional (características y funcionalidades) ya no parece suficiente para conseguir unas ventajas competitivas duraderas y/o para mantener sostenidamente la posición de liderazgo de una bodega con oferta enoturística. Debemos ser conscientes que una bodega ya no solo se quiere visitar, el consumidor la quiere “vivir”, “sentir” y/o “experimentar”. En este sentido, las experiencias y sensaciones relacionadas con una marca de vino (intangibles), han pasado de ser una simple extensión o complemento del producto principal, a convertirse en el propio núcleo o beneficio principal de una marca. En el marco de estas tendencias, la conversión de la “economía de servicios” hacia la “economía de experiencias” constituye hoy ya una realidad.
Las estrategias de marketing han evolucionado. Vivimos en una sociedad que se caracteriza por una demanda creciente hacia el disfrute de experiencias y sensaciones, frente al mero consumo de productos y servicios. Estudios realizados en el campo del marketing enoturístico confirman que las experiencias y sensaciones relacionadas con una visita a una bodega son todavía más importantes a la hora de tomar una decisión sobre una oferta frente a otra, que las instalaciones, características y funcionalidades de las bodegas en sí. En este ámbito, el producto enoturístico en su componente racional (características y funcionalidades) ya no parece suficiente para conseguir unas ventajas competitivas duraderas y/o para mantener sostenidamente la posición de liderazgo de una bodega con oferta enoturística. Debemos ser conscientes que una bodega ya no solo se quiere visitar, el consumidor la quiere “vivir”, “sentir” y/o “experimentar”. En este sentido, las experiencias y sensaciones relacionadas con una marca de vino (intangibles), han pasado de ser una simple extensión o complemento del producto principal, a convertirse en el propio núcleo o beneficio principal de una marca. En el marco de estas tendencias, la conversión de la “economía de servicios” hacia la “economía de experiencias” constituye hoy ya una realidad.  
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Revisión del 11:03 16 mar 2012


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Wikilibro: Turismo > Capítulo 6: Enoturismo y turismo gastronómico

Sección 1

Turismo del vino o "enoturismo"

Introducción al turismo del vino

El turismo del vino o “enoturismo” en España ha dejado de ser una promesa para convertirse en los últimos años en una realidad, por la que apuestan cada vez más territorios y empresarios vitivinícolas y turísticos en nuestro país.

Los motivos del “fenómeno enoturístico” son múltiples y todavía existen muchas dudas al respecto. ¿Hay realmente suficiente demanda para este producto? ¿No se está sobrevalorando el potencial del vino para generar flujos de demanda en una bodega, para aportar clientes nuevos a un negocio turístico o para captar turistas alternativos a un territorio? Y… ¿por qué el vino? La respuesta a estas preguntas no parece evidente a simple vista, pero ya nadie cuestiona hoy en día que el vino es mucho más que una simple bebida alcohólica. Es sinónimo de paisaje…, tradición..., cultura..., historia..., arte..., salud..., convivencia..., disfrutar compartiendo…, estimula los cinco sentidos…, en definitiva, se trata de atributos de un producto capaces de generar experiencias turísticas innovadoras para un público cada vez más amplio, más interesado y más familiarizado con todo lo que rodea el misterio del vino.

Los agentes territoriales hoy en día son conscientes que ofrece infinidad de posibilidades y oportunidades de desarrollo y de crecimiento. Los empresarios vitivinícolas se han dado cuenta que, en tiempos de crisis, la diversificación y la combinación de la actividad vitivinícola con el turismo podría ofrecer importantes oportunidades alternativas de negocio a través de la venta directa de vino, al mismo tiempo que supone una nueva forma de generar imagen de marca y de fidelización del visitante con los valores, principios y productos de una bodega.

Para los empresarios turísticos, de ocio y oferta relacionada, es una importante oportunidad para generar demanda adicional a su producto turístico tradicional, el turismo rural que, a pesar de su importante crecimiento en los últimos años, sufre de la problemática de una excesiva estacionalidad en fines de semana, puentes y época estival, así como de una cada vez más feroz competencia entre destinos y establecimientos por captar flujos de demanda.

Finalmente, para los territorios vitivinícolas constituye una oportunidad única para crear un producto turístico singular, que corresponde a las nuevas tendencias de la demanda y que, mediante una planificación adecuada, puede convertirse en un “motor” para el desarrollo turístico sostenible de un territorio, generalmente caracterizado por una excesiva dependencia del sector vitivinícola.

Desgraciadamente, a fecha de hoy todavía no existe una definición oficial del término “enoturismo”. Una mayor aproximación al concepto “enoturismo” probablemente nos puede ofrecer la definición que se estableció en el 2006 en el marco del proyecto europeo “VINTUR”: “En un sentido amplio, el turismo del vino contempla todas las actividades y recursos turísticos y de ocio y tiempo libre relacionadas, de forma directa o indirecta, con las culturas, materiales o inmateriales, del vino y gastronomía autóctona de un territorio vitivinícola.”

Imágenes y recursos


La “Ruta del Vino” como concepto integrador de la especialización enoturística de un territorio

El turismo del vino es probablemente uno de los productos turísticos más complejos en su estructura, gestión, promoción y comercialización. Intervienen dos sectores de gran importancia estratégica para el territorio pero que tradicionalmente no tenían ningún vínculo entre sí: turismo y sector vitivinícola. Cobra un gran protagonismo el territorio en el que se desenvuelve y, desde luego, es mucho más que visitar bodegas. Requiere trabajar en red (Ruta del Vino” como concepto), en estrecha colaboración entre la administración pública (administración turística, medio rural, local, provincial y regional) y el sector privado (turístico y vitivinícola).

Imagen1enoturismo.jpg


El concepto “Ruta del Vino” consiste en la integración bajo un mismo concepto temático de los recursos y servicios turísticos de interés, existentes y potenciales, de una zona vitivinícola, planteados desde la autenticidad y la vocación vivencial, con el fin de construir un producto desde la identidad propia del destino, de facilitar la comercialización conjunta de toda la zona y de garantizar el nivel de satisfacción de la demanda, impulsando así el desarrollo económico-social integral de la misma.

Es importante destacar el valor enológico de este producto. Sin cultura del vino, no hay ruta del vino y sin ruta del vino no hay producto turístico. La viticultura es el eje temático de este producto y el turista debe percibirlo durante todas las etapas de su viaje y en cualquier componente de la cadena de valor turística que constituye la Ruta. En el destino debe poder “respirarse” cultura vitivinícola.

El volumen de recursos vitivinícolas de un determinado destino que se integran en la Ruta del Vino, es una variable muy relevante para determinar la capacidad de una ruta de atraer y satisfacer a sus visitantes. Si bien la calidad de los recursos enológicos de un destino es más determinante sobre el valor turístico de una ruta, sí debe existir una cantidad mínima de recursos enológicos que sean representativos de la variedad en la oferta turística así como el desarrollo del producto Ruta en el destino de manera equilibrada a largo plazo.

El producto Ruta del Vino estará estructurado por unos elementos determinados que lo dotarán de coherencia desde el proceso de consumo de los visitantes, los intereses empresariales, la imagen corporativa, las necesidades y obstáculos territoriales, horarios, distancia e infraestructuras. Entre otros aspectos supone la ejecución de los recorridos en función de sus contenidos y de las necesidades de organización y reconocimiento del visitante: señalización dinámica y estática, sistema de información riguroso, centros de recepción e información, museo municipal / regional, etc.

Una Ruta del Vino como producto turístico debe ser identificable y reconocible por los visitantes/turistas a través de los diferentes componentes o elementos particulares de la cadena de valor turística del producto.

La implantación de una ruta del vino debe desarrollarse desde el equilibrio necesario entre esta compresión general del producto, la oferta, diversidad, calidad y tematización, y las necesidades y expectativas del viajero, grado de satisfacción.

Imágenes y recursos


Principales destinos / Rutas del Vino en España

En España hay un número importante de regiones vitivinícolas que han empezado a apostar por el turismo del vino.

A través de una iniciativa promovida por la Asociación de Ciudades del Vino de España (ACEVIN) y la Secretaría General de Turismo, se está desarrollando el proyecto de las Rutas del Vinos en España. En este proyecto, que pretende promocionar unas Rutas del Vinos en España de calidad, actualmente colaboran 22 destinos de todo el territorio español.

Ahora bien, no todos los territorios vinícolas que participan en este proyecto, tienen un grado de desarrollo enoturístico similar. Algunos destinos ya han avanzado bastante y otros muchos todavía están en una fase inicial.

Lo más importante, en el fondo, no es el grado de desarrollo de un territorio vitivinícola con respecto a su avance como Ruta del Vino de España, sino el potencial real para los segmentos de demanda prioritarios. Algunas Rutas del Vinos ya certificadas, probablemente, nunca serán grandes destinos enoturísticos, simplemente porque la imagen y posicionamiento de sus vinos no es el adecuado y/o porque su localización geográfica limita su capacidad de captar flujos de demanda.

Los principales destinos enoturísticos en España en la actualidad son La Rioja, Jerez y El Penedès. Reciben cerca de medio millón turistas en bodegas. Mientras que en La Rioja se puede hablar realmente de enoturistas, cuya motivación principal de su viaje es el vino y su cultura, en el caso de Jerez y El Penedès hay que hablar de una demanda en bodegas principalmente de turistas de sol y playa que aprovechan su estancia en un destino del litoral para hacer una excursión corta a una bodega. En Jerez, gran parte de esta demanda se concentra en la bodega González-Byass, mientras que en el Penedès, Torres, Codorniu y Freixenet concentran gran parte de la demanda enoturística en bodegas. En el caso específico del Penedès, muchos residentes en el área metropolitana de Barcelona realizan excursiones de día para visitar una bodega por la mañana e ir a comer a uno de los restaurantes de la zona. Generalmente, no generan pernoctaciones ni tampoco consumen una ruta del vino en el sentido estricto de su definición.

Un caso aparte de rutas enológicas en España es la sidra en Gipuzkoa. Durante la temporada de la sidra (de enero a abril), cerca de un millón de personas pasan cada año por una sidrería, principalmente para comer o cenar Generan un gasto medio directo de 35€ por persona y un impacto económico directo en las sidrerías de aprox. 35 millones de € al año.

Imagen2destinoseno.jpg

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El enoturismo en bodegas

Objetivos e impactos del enoturismo en las bodegas

Desde el punto de vista de una bodega, el turismo del vino es, ante todo, una herramienta clave dentro de una política de marketing diferenciadora y palanca para una mayor rentabilidad empresarial.

La combinación de la actividad vitivinícola con el turismo ofrece unas importantes oportunidades adicionales de negocio a través de la venta directa de vino, al mismo tiempo que supone una nueva forma de generar imagen de marca y de fidelización del visitante con los valores, principios y productos de una bodega. En este sentido, no se trata de dos actividades alternativas sin ningún tipo de vinculación entre si, sino de dos unidades de negocio absolutamente complementarias, que se necesitan mutuamente para optimizar su rentabilidad y garantizar la competitividad global de una bodega y/o Grupo de Bodegas.

Los principales objetivos que persiguen las bodegas a la hora de desarrollar una actividad enoturística son:

Imagen3rentabilidadmarketing.jpg


En este sentido, el turismo del vino puede y debe desempeñar un papel importante en la estrategia de desarrollo global de cualquier bodega, independientemente de su tamaño, ubicación, posicionamiento de sus vinos, estrategia comercial de la bodega , etc.

En un escenario enoturístico idóneo, la visita a una bodega deberá tener un impacto directo positivo en la imagen y el comportamiento de consumo de los vinos por parte de sus visitantes. Se trata probablemente de uno de los momentos más intensos e importantes en la relación entre el elaborador – bodega y el visitante – consumidor del vino.

Imagen4impactovisita2.jpg


Una visita a una bodega que supera las expectativas del visitante, además de tener un impacto decisivo en la compra de vinos al final de la visita, aumentará el consumo posterior de los vinos por parte del visitante y contribuirá a su fidelización.

En cambio, una visita poco satisfactoria a una bodega probablemente siempre quedará en el recuerdo del visitante. En este caso, podrá perjudicar para siempre la relación entre el consumidor y la marca - el vino. Los principales impactos de la visita a una bodega se resaltan en el siguiente gráfico a modo de ejemplo de las bodegas enoturísticas en Australia.


Imagen5australia.jpg


Se pone de manifiesto en qué medida influye la calidad del servicio ofrecido por la bodega en la compra de vino al final de la visita.

En el cuadro que se muestra a continuación, se pone de relieve la importancia del servicio y del personal de atención al cliente en todos los sentidos (simpatía, profesionalidad, personalización), en el grado de satisfacción general con respecto a la visita a una bodega y en la compra de vinos al final de la visita.


Imagen6compra.jpg


En determinadas bodegas de Australia (Barrossa Valley), Francia (Alsacia, Borgoña, Champagne, Burdeos,…), Italia (Toscana, Barolo,…), Alemania (Mosella, Rhin), Argentina (Mendoza) o los Estados Unidos (Napa Valley, Hunter Valley,…), el turismo del vino se puede considerar ya una actividad turística de primer orden.

El cuadro que se muestra a continuación, pone de relieve el impacto económico que puede llegar generar el desarrollo del turismo del vino para una bodega.

Imagen7cuadro1.jpg


Algunas de las bodegas españolas se sitúan a nivel internacional entre las más visitadas del mundo, y constituyen modelos de referencia para miles de bodegas que desean desarrollar la actividad en sus territorios. Sin entrar en detalle sobre cifras exactas de visitantes que reciben, entre las más visitadas se deben nombrar las bodegas de González Byass, Codorniu, Torres, o el Museo de la Cultura del Vino de Dinastía Vivanco. Cada una de estas bodegas recibe en la actualidad más de 100.000 visitas al año, algunas de ellas incluso más de 150.000.


Experiencias enoturísticas prioritarias en bodegas

“Un turista del vino no sólo consume recursos, productos y/o servicios enoturísticos,
sino que, ante todo, quiere vivir experiencias inolvidables”.

Las estrategias de marketing han evolucionado. Vivimos en una sociedad que se caracteriza por una demanda creciente hacia el disfrute de experiencias y sensaciones, frente al mero consumo de productos y servicios. Estudios realizados en el campo del marketing enoturístico confirman que las experiencias y sensaciones relacionadas con una visita a una bodega son todavía más importantes a la hora de tomar una decisión sobre una oferta frente a otra, que las instalaciones, características y funcionalidades de las bodegas en sí. En este ámbito, el producto enoturístico en su componente racional (características y funcionalidades) ya no parece suficiente para conseguir unas ventajas competitivas duraderas y/o para mantener sostenidamente la posición de liderazgo de una bodega con oferta enoturística. Debemos ser conscientes que una bodega ya no solo se quiere visitar, el consumidor la quiere “vivir”, “sentir” y/o “experimentar”. En este sentido, las experiencias y sensaciones relacionadas con una marca de vino (intangibles), han pasado de ser una simple extensión o complemento del producto principal, a convertirse en el propio núcleo o beneficio principal de una marca. En el marco de estas tendencias, la conversión de la “economía de servicios” hacia la “economía de experiencias” constituye hoy ya una realidad.

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