Consultoría en Eficiencia energética

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Wikilibro: Eficiencia energética > Capítulo 4: El negocio de la eficiencia energética

Sección 2

Consultoría

Consultoría

La consultoría en eficiencia energética es un negocio que ha venido estando muy ligado a la existencia de subvenciones para la realización de estudios de eficiencia o auditorías, y estudios de viabilidad de medidas concretas de ahorro de energía o costes energéticos. Salvando los estudios contratados por las administraciones públicas y los estudios de viabilidad de plantas de cogeneración, que han sido realizados tanto por consultoras como por empresas de ingeniería e instalación de dichas plantas, las auditorías han sido el servicio principal de las consultoras.

En la actualidad y en relación con los proyectos de servicios energéticos, a las consultoras se les presentan dos nuevas oportunidades de negocio, en la medida en que a los clientes se les plantean dos nuevas necesidades. Por un lado, aparece la necesidad de asesoramiento que pueden tener los clientes de los servicios energéticos para negociar con las ESEs y elegir la oferta más interesante. Dada la novedad de los servicios energéticos, no hay en las empresa capacidad de análisis de este tipo de ofertas, ni de negociación d contratos.

La segunda oportunidad para las consultoras es la preparación y la ejecución de los planes de medida y verificación de resultados de los proyectos de servicios energéticos, también por la falta de conocimiento o capacidad de las empresa clientes.

Auditorías energéticas

La auditoría energética no es “invento” reciente, pero no es menos cierto que, en los últimos años, está viviendo una época dorada, que no se recordaba desde los años 80, en que el Plan de Auditorías en Diversificación y Ahorro (PADA) proporcionaba esta herramienta de forma gratuita a miles de establecimientos manufactureros. La Ley 82/80 de “Conservación de la Energía” preveía estímulos soft, como la gratuidad de las auditorías para instalaciones consumiendo más de 50 tep al año, o en forma de subvenciones directas a la inversión en proyectos de ahorro y diversificación energéticos.

Dicho Plan lo gestionó el IDAE y las CCAA en las que existían esas competencias. Así mismo, es de reseñar la colaboración de una docena de empresas privadas y organismos regionales, en la puesta en común de metodologías de cálculo y de formato de informe. Tampoco se debe olvidar la cantidad de profesionales que se formaron en eficiencia energética, disciplina más o menos ignota en aquellos tiempos. Baste comentar que, en aquellos años, decir las palabras auditoría energética creaba un efecto similar a una carta certificada de la Agencia Tributaria informado de una inspección inminente.

Acabado el Plan PADA, fueron muy pocas las CCAA que continuaron apoyando la realización de auditorías, publicando manuales genéricos y sectoriales y dando subvenciones, y el negocio ha estado cruzado un desierto durante casi 20 años. A mediados de la presente década se ha reactivado mucho este tipo de servicio.

Desde la entrada en vigor de la Estrategia Española de Eficiencia Energética, allá por 2004, las auditorías energéticas se han venido subvencionando hasta en un 75% de su coste. Lo que podía parecer bueno, ha derivado en la proliferación de empresas que dicen hacer auditorías, pero que no están haciendo ningún bien al mercado, por su baja calidad y fiabilidad. Por su parte, las administraciones a veces no tienen recursos para hacer un exhaustivo control de dicha calidad, como sí se hacía en los años 80 del pasado siglo.

Por otro lado, el mero hecho de subvencionar o regalar auditorías no ha contribuido mucho a mejorar la eficiencia pues, en la mayoría de los casos, después de la auditoría no se ejecuta casi ninguna de las recomendaciones de inversión de los auditores. Como siempre, la culpa no ha sido sólo de una parte: los cálculos de ahorros e inversiones eran mejorables, las ayudas públicas eran y son magras y poco flexibles en los plazos, y nadie garantizaba a nadie buenos resultados energéticos, por la ejecución de las medidas de ahorro recomendadas.

La aparición en España, en otros países nos llevan ventaja, del concepto Servicios Energéticos, ha creado un entorno propicio para que un nuevo concepto de auditoría tenga un lugar de importancia en la cadena del valor. Se refiere a la auditoría en la que se basa una oferta de servicios energéticos. Esto quiere decir que ha de ser rigurosa pues de ella se puede derivar un contrato vinculado a los ahorros obtenidos.

No obstante, aún coexisten dos filosofías de auditoría energética atendiendo a su destino: la que constituye la herramienta que emplea la ESE (empresa de servicios energéticos) a fin de cuantificar la rentabilidad y el riesgo que se puede esperar de una determinada oportunidad de negocio, y la que se limita a reportar sobre posibilidades de ahorro sin evaluar muy en detalle la viabilidad real y el coste de las mejoras que se proponen. De lo que no cabe duda es que el primer tipo de auditoría energética aporta valor a un negocio, pues define su viabilidad y, en parte, la expectativa de rentabilidad a largo plazo de una inversión. Estas auditorías, que más propiamente se deberían denominar “auditoría en grado de inversión” (AGI, o IGA en su acrónimo en inglés), tienen un precio más elevado que si de una auditoría al uso se tratase, a igualdad de objeto auditado. Respecto al esfuerzo económico que supone una AGI, sirva indicar que una ESE no debería ejecutar una AGI sin antes haber desarrollado una Pre-Auditoría (WTA para los angloparlantes) que identifique suficientes expectativas de ahorro como para invertir en la Auditoría en Grado de Inversión De la misma forma, tampoco se debería ofertar un proyecto de Servicios Energéticos sin haber ejecutado una AGI que augure unos ahorros lo suficientemente jugosos y seguros como para acometer inversiones con largo periodo de retorno.

Las auditorías energéticas pueden ser objeto de verificación respecto a la UNE 216501. El objeto de esta norma es describir los requisitos que debe tener una auditoría energética para que, realizada en distintos tipos de organismos pueda ser comparable y describa los puntos clave donde se puede influir para la mejora de la eficiencia energética, la promoción del ahorro energético y disminuir emisiones de gases de efecto invernadero. Esta norma se aplica de forma voluntaria en cualquier tipo de organización independientemente de su tamaño y actividad, que utilice energía en cualquiera de sus formas.

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