Posicionamiento sobre la estrategia tecnológica en Competitividad

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Sección 5

Posicionamiento sobre la estrategia tecnológica
Posición Tecnológica de la Organización

Las tecnologías de cara a su interés en los procesos de innovación tecnológica pueden ser clasificadas con criterios genéricos y que tienen una raíz endógena, propia de la tecnología, es decir, valoran su dificultad, su grado de madurez y su valor competitivo, sin considerar las capacidades, recursos, habilidades y características de aquél que la genera. Es el caso cuando se consideran criterios de análisis de la innovación tecnológica como los siguientes:

  • Clasificación de tecnología por su grado de innovación.
  • Clasificación de la tecnología por su grado de madurez.
  • El valor competitivo de las tecnologías respecto de su madurez.

Sin embargo, en una organización innovadora, la capacidad tecnológica es un factor vital en el proceso innovador. Por ejemplo, la mayoría de las opiniones coinciden en conceder muy escasas posibilidades de éxito en la innovación radical a empresas con pobres capacidades tecnológicas. Del mismo modo, en los sectores maduros se espera que las innovaciones más importantes y significativas provengan de los líderes tecnológicos del mercado.

Cuando se habla de riesgo de mercado, uno de los factores señalados como principal fuente de riesgo de mercado, es el hecho de que el producto innovador no llegue a satisfacer las necesidades del cliente, pero también forma parte de ese riesgo el hecho de que productos competidores las satisfagan antes o lo hagan más plenamente. La calidad del producto y la rapidez con la que se pone en el mercado, dependen muy directamente de la capacidad de la empresa en desarrollar la nueva tecnología. Se trata, pues, de proporcionar un criterio que exprese la capacidad de la empresa para generar tecnología, lógicamente en comparación con las capacidades de los competidores.

Una posición dominante en tecnología implica ser reconocido como uno de los líderes tecnológicos del sector. Un puesto de vanguardia en la innovación que está avalado por una historia con lanzamientos exitosos de productos innovadores al mercado que, en justa correspondencia, se reflejan con peso notable en la cuenta de resultados del líder.

Otro indicador de la posición dominante es el activo tecnológico y de conocimiento de la empresa, es decir, los derechos de propiedad y explotación de muchas tecnologías que la empresa ha desarrollado y la reconocida habilidad de la empresa para sacar novedades apreciadas por el mercado. A los ojos de un hipotético inversor, ambos activos elevan y diferencian el valor de mercado de esta empresa frente al de sus competidores.

La posición dominante en una actividad supone ser identificado como un pionero tecnológico que, junto al dominio de las tecnologías actuales, base o clave, en su sector, tiene en marcha diversas investigaciones sobre tecnologías embrionarias y participa y desarrolla varios proyectos de aplicación de otras emergentes.

Por otro lado, la estrategia tecnológica de esa actividad en la que se tiene una posición dominante, está perfectamente sincronizada con la estrategia general del negocio, en el sentido de que la primera apoya a la segunda y evoluciona con ella, adaptándose a la dinámica de los mercados. En las fases iniciales y de crecimiento fomenta la aparición de nuevas tecnologías y la mejora de las existentes, para incidir más en las características de calidad del producto que satisfacen al cliente. En las fases de madurez y envejecimiento proporciona procesos rápidos, eficaces y económicos, sin olvidar la búsqueda de innovaciones radicales que cambien el ritmo competitivo de mercado. El dominante está en una mejor situación para tomar cualquier iniciativa competitiva en el mercado.

Estar en una posición dominante y, en especial mantenerse en ella, supone poseer unas excelentes y entrenadas capacidades de desarrollo, soportadas en una eficiente gestión del conocimiento y en la alta competencia técnica de sus RR.HH, algunos de los cuales gozan de reputación en los ámbitos científicos y académicos.

El Cuadro presenta los diferentes posicionamientos competitivos que puede tener una actividad en la empresa. Lógicamente, suponen una pérdida gradual de capacidad tecnológica a partir de la posición dominante e implican, bien una dirección, sino desacertada, no plenamente correcta de la estratégica tecnológica, o un relajamiento de los esfuerzos y recursos dedicados a conseguir el liderazgo tecnológico.

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Así, una posición fuerte significa normalmente independencia tecnológica, es decir, iniciativa suficiente para decidir los proyectos de I+D autónomamente, en función de los intereses de la empresa, a pesar de que ésta no sea aún reconocida como uno de los líderes del sector. Este tipo de posicionamiento entraña un alto compromiso tecnológico y también una probada capacidad de desarrollo. Quizá no esté aún en la vanguardia del sector, pero se está en condiciones de competir con garantías en muchos de los segmentos de mercado.

El calificativo de favorable se puede aplicar a aquellas situaciones en las que la empresa, pese a no tener la iniciativa tecnológica elevada, tiene unas excelentes capacidades, una alta eficiencia que le permite asimilar y optimizar los desarrollos de otros y aprovecharlos plenamente en sus mercados. Es un seguidor avezado y esa habilidad le coloca en posición de acceso, con pequeño esfuerzo adicional, a la iniciativa de algunos desarrollos. Normalmente, este tipo de empresas tienen una fuerte posición competitiva en segmentos específicos del mercado, en los que aprovechan esa eficiente capacidad para adaptar producto y tecnología a su parcela de mercado. Las carencias de la iniciativa tecnológica suelen estar compensadas por una excelente habilidad en los procesos y un coste ajustado.

Como sostenible cabe calificar la situación de aquellos competidores que no tienen una estrategia tecnológica independiente, sino que son simplemente seguidores. La competitividad de su actividad no descansa en la habilidades tecnológicas, sino en otras como las productivas, comerciales, etc.. La tecnología se considera más un medio de actualización que un instrumento de innovación. Sin embargo, como en el caso anterior, tiene personas con capacitación técnica suficiente en procesos y productos, con los que, en su caso y con un esfuerzo significativo, podría mejorar su posición.

La posición débil representa un degradación del posicionamiento de empresas que, estando en una posición sostenible, su talento tecnológico no ha sido capaz de actualizar su productos y sus procesos y, en consecuencia, su oferta, respecto a la competencia, comienza a mostrar deficiencias en la calidad, en el servicio, en las características del producto, etc., que debilitan y degradan la posición competitiva de la actividad y señalan una peligrosa imagen de obsolescencia. Son empresas habitualmente focalizadas al corto plazo, en las que el esfuerzo tecnológico se orienta más a corregir defectos y bajar costes que a generar nuevos productos.

Según estos razonamientos, una empresa con un posicionamiento tecnológico sostenible en una determinada actividad y que decida iniciar un proyecto en una tecnología base o madura, tiene pocas opciones de éxito si otras empresas con posicionamientos fuertes, dominantes e incluso favorables, deciden iniciar proyectos similares. Prácticamente, sólo le quedan las opciones de incrementar notablemente el esfuerzo de desarrollo o abandonar el proyecto. Además, incrementar el esfuerzo del desarrollo es, habitualmente, una tarea complicada. En primer lugar, porque en empresas con posicionamientos sostenibles, los recursos disponibles están más orientados al perfeccionamiento y optimización de procesos que al desarrollo de nuevas tecnologías y productos. En segundo, porque si se trata de tecnologías clave o base mejor dominadas por los fuertes, éstos tienen el reto más a su alcance que la empresa en situación sostenible. Jugar a ponerse al día puede ser excesivamente costoso y tener un premio en rentabilidad exiguo.

Sin embargo, puede tener mayores posibilidades si la innovación tecnológica que afronta es embrionaria o emergente. El reto es similar para todos, pero afortunadamente son pocos los competidores que inician proyectos en tecnologías embrionarias. Las empresas en posiciones débiles y sostenibles pueden acudir a reforzar sus capacidades y, especialmente, a concentrarlas en una o unas pocas líneas de desarrollo para aumentar sus posibilidades de éxito.

De hecho, muchas pequeñas empresas en alta tecnología han adquirido posiciones dominantes en algún desarrollo tecnológico a través de concentrar desde su inicio, todos sus esfuerzos de desarrollo en una sola área tecnológica.

Por último, cabe señalar que una posición de liderazgo tecnológico demanda mantener un elevado nivel de excelencia en todas las áreas funcionales de la empresa, no sólo en la función de I+D. La excelencia pasa por una correcta sintonía entre todas las funciones y departamentos y, en especial para I+D, en conseguir una visión clara de los mercados y sus necesidades, en conocer y comprender la posición real de los competidores y en conjuntar una capacidad tecnológica que integre todas las etapas del proyecto de I+D, desde la idea inicial a la generación y mejora de la tecnología, a la industrialización del producto, al soporte del producto y, finalmente, hasta la atención crítica e investigación de las necesidades nuevas o aún insatisfechas del cliente.

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