Internacional en Eficiencia energética

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Wikilibro: Eficiencia energética > Capítulo 2: Políticas de eficiencia energética

Sección 1

Internacional
La mejor fuente de información sobre los aspectos de la política internacional en cuanto a energía y a eficiencia es la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas inglesas). La IEA es un organismo autónomo, creado en noviembre de 1974. Su mandato original tenía, y sigue teniendo, una doble vertiente: promover la seguridad energética entre sus países miembros mediante una respuesta colectiva a las interrupciones materiales del suministro de petróleo, e investigar y analizar fiablemente las posibilidades de garantizar una energía segura, asequible y limpia a sus 28 países miembros y a terceros.

Recomendaciones de la IEA

La IEA ha hecho una serie de recomendaciones al G8 en cuanto a medidas políticas a favor de la eficiencia energética en sus reuniones de 2006, 2007, y 2008. En concreto se han definido 7 áreas prioritarias en los que actuar.

En aspectos generales, o comunes a todos los sectores, se propone que se facilite la inversión en eficiencia energética, que se definan estrategias y objetivos de eficiencia a nivel nacional, que se monitorice el cumplimiento de dichos objetivos para evaluar los resultados y reforzar las áreas más débiles. Que se establezcan indicadores de eficiencia, e las diferentes áreas de consumos para poder ver la evolución de la misma.

En el sector de los edificios, las recomendaciones que se contemplan son el desarrollo de normas de edificación con limitación de la demanda de energía (como el CTE en España), la promoción de edificios de balance de consumo cero (que generen todo lo que consumen), y de las tecnologías pasivas de climatización e iluminación interior. La rehabilitación energética también se recomienda dado el gran parque de edificios construidos sin atención a su consumo de energía. Por último se hace hincapié en la mejora energética de las superficies acristaladas, y en los sistemas de calificación y certificación energética de los edificios. Esto último, como herramienta que permita al consumidor elegir edificios de calidad energética.

En cuanto a aparatos y equipos, la IEA recomienda que se implanten requerimientos mínimos de eficiencia o bien sistemas obligatorios de etiquetado energético. Los equipos y aparatos conectados a red deben tener modos “ahorro” y “santd by”. Para poder cumplir lo anterior, las naciones deberían desarrollar tanto estándares de funcionamiento, como protocolos de medición.

En lo relacionado con el alumbrado, se recomienda la desaparición de las lámparas incandescentes y de los sistemas de alumbrado por combustión. En los edificios públicos se insta la aplicación de las mejores tecnologías disponibles de mínimo consumo.

Video de la UE: http://ec.europa.eu/energy/intelligent/files/library/doc/videos/lighting_es.wmv

En el sector del transporte se recomienda la implantación de neumáticos de alta eficiencia, la definición de unos estándares de eficiencia mínima para los vehículos ligeros, otras medidas que reduzcan el consumo en los vehículos pesados como el etiquetado, y la conducción eficiente.

Para la industria, las recomendaciones de la IEA miran hacia el incremento de la mejora de la eficiencia de los motores eléctricos, el desarrollo de personal capacitado para realizar la gestión energética, y las ayudas para promover la eficiencia en las Pymes.

Por lo que respecta a las utilities, las recomendaciones se orientan a que sean éstas las que creen esquemas que promuevan la eficiencia en el uso final de la energía.


Figura. Impacto en el consumo final de energía mundial de las recomendaciones de la AIE (Fuente AIE).


Situación actual

La AIE realiza anualmente un informe sobre la situación energética, que se puede resumir en los siguientes párrafos

Si no cambiamos pronto de rumbo, acabaremos allí adonde nos dirigimos.
Pocos signos indican que esté en marcha el urgente cambio de rumbo necesario en las tendencias energéticas mundiales. Pese a la prioridad otorgada en numerosos países a la mejora de la eficiencia energética, la intensidad energética mundial empeoró por segundo año consecutivo. Ciertos acontecimientos, como los acaecidos en Fukushima o las revueltas en parte de Oriente Medio y del Norte de África, han sembrado dudas sobre la fiabilidad de la oferta de energía, al tiempo que la crisis económica y financiera internacional han desviado la atención de los Gobiernos lejos de la política energética.
Las nuevas medidas en materia de eficiencia energética marcan una diferencia, pero se necesita mucho más.
En el Escenario de Nuevas Políticas (en el que se presume que los más recientes compromisos en materia de política energética se aplican de manera prudente), el índice de mejora de la eficiencia energética es el doble del observado en las últimas dos décadas y media, ya que se ve estimulado por normas más estrictas en todos los sectores y una eliminación parcial de las subvenciones a los combustibles fósiles. Sin embargo, el Escenario 450 (tendente a limitar la elevación a largo plazo de la temperatura media mundial a dos grados Celsius por encima de los niveles preindustriales) refleja que es preciso un índice mayor, ya que la mejora de la eficiencia energética supone la mitad de la reducción adicional de las emisiones. En otros términos, la contribución más importante para la consecución de la seguridad energética y de los objetivos climáticos proviene en realidad de la energía que no consumimos.
Rusia pretende crear una economía más eficiente en términos energéticos, menos dependiente del petróleo y del gas, pero debe acompasar la velocidad del cambio.
Si Rusia mejorase su eficiencia energética en todos los sectores hasta los niveles de países comparables de la OCDE, podría ahorrar casi un tercio de su consumo anual de energía primaria, una cantidad similar a la energía consumida en un año por el Reino Unido. Solo el ahorro potencial de gas natural, de 180 000 millones de metros cúbicos, tendría un valor casi equiparable a las exportaciones netas de Rusia en 2010. Si bien es cierto que las nuevas políticas en materia de eficiencia energética y las continuas reformas de los precios del gas y de la electricidad introducen cierta mejora, según nuestro análisis sólo liberan una pequeña parte del potencial de eficiencia de Rusia. Una instauración más rápida de las mejoras en materia de eficiencia y de las reformas del mercado de la energía aceleraría la modernización de la economía rusa y, por ende, la harían menos dependiente de las oscilaciones de los precios internacionales de los productos básicos.

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