Regresar a noticias

La UE paga los platos rotos de las promesas incumplidas en I+D

Fuente: El País

Europa se plantea su próxima etapa en I+D en un nuevo marco político y una vez confirmado que no se han cumplido en gran parte los objetivos de la Estrategia de Lisboa para esta década. Convertirse en la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica del mundo y llegar a invertir el 3% del PIB en investigación y desarrollo en el año 2010 eran algunos de estos objetivos. La realidad es que la Europa de los 27 invierte ahora en I+D el 1,85% como media y que todavía queda mucho por desarrollar para hacer realidad la sociedad del conocimiento.

En este contexto, se especula con que el presidente de la Comisión Europea, Jose Manuel Barroso, quiere crear una supercartera que englobaría las competencias de Industria, Investigación y Tecnología, y ya ha manifestado su deseo de crear el puesto de asesor científico europeo. Sostenibilidad y retos sociales serían las nuevas claves hacia las que dirigir el esfuerzo en I+D, a través de áreas como medioambiente, energía y salud.

Mientras esto se hace o no realidad con el nuevo Gobierno de la UE, un informe sobre Europa en el 2025 señala que el centro de gravedad económico se va a desplazar hacia Asia. "Entre 2000 y 2006 las solicitudes de patentes procedentes de Japón, Corea del Sur, Taiwan y Singapur crecieron más de un 50% mientras en Europa disminuyeron un 14%", explica Xabier Goenaga, experto del Instituto de Prospectiva Tecnológica (IPTS), una unidad del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea. "En el mismo periodo, la tasa media de crecimiento del gasto total de I+D en China fue del 18%, frente a un 2,3% en la UE".

Los expertos del IPTS, cuya sede está en Sevilla, creen que hacer realidad la sociedad del conocimiento seguirá siendo el núcleo duro de la agenda de modernización económica y social de Europa y que para ello es preciso tener una estrategia integrada que abarque políticas (sobre todo respecto a los mercados) que van más allá de la política científica y tecnológica. En el futuro, señalan, Europa tendrá que competir con productos de alto valor añadido, basados en el conocimiento.

Los estudios que realiza la unidad Conocimiento para el Crecimiento, que dirige Goenaga, indican que el impacto beneficioso de la investigación, desarrollo e innovación está claro en el crecimiento (supone entre un 25% y un 50% del crecimiento del PIB), en la productividad (se crean nuevos productos y se mejoran los procesos), en la competitividad y en el bienestar (a través de medicamentos más efectivos, por ejemplo). Sin embargo, su efecto sobre el empleo está menos claro, por falta de información, y depende del contexto. Así, este efecto es positivo en países o conjuntos de países con fuerte presencia en sectores innovadores y cuya legislación promueve la innovación. Algo a tener en cuenta es que Estados Unidos, a través de sus empresas, está reforzando su posición respecto a Europa en sectores de alta tecnología (de alta intensidad en I+D, lo que quiere decir que invierten más del 5% de sus ventas en investigación).

En España, el análisis del IPTS indica como puntos fuertes, hasta el año pasado, el fuerte incremento de las inversiones en I+D entre 2001 y 2007, y el nuevo enfoque estratégico (incremento del tamaño y del nivel de riesgo de las ayudas, y una mayor implicación del sector privado). Los recortes en los fondos de I+D en 2009 y los previstos para 2010 debilitarán esta situación. Puntos débiles son la necesidad de reformas institucionales en los organismos públicos de investigación y las universidades y un sistema de innovación deficiente, debido en parte a la falta de mentalidad empresarial para asumir riesgos (algo socialmente mal visto todavía), así como un escaso nivel de internacionalización del sistema español de ciencia y tecnología.

En I+D empresarial la situación española es anómala, explica Goenaga, basándose en los datos para 2007 de las 1.000 empresas europeas que más invierten en I+D, de las cuales sólo 21 son españolas. Una de ellas, Telefónica, representa nada menos que el 44% de la inversión y además es una empresa de intensidad media/baja (invierte menos de un 5% de sus ventas en I+D). Entre todas, las empresas españolas representan solo un 20% del total de inversión empresarial en España. El resto está en manos de empresas extranjeras.

Autor: Malen Ruíz de Elvira