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Una ciudad española en el año 2029

Fuente: Cinco días

 
Cómo será una ciudad española dentro de 20 años? ¿Puede cambiar una urbe en tan sólo dos décadas? El plazo lo pone Siemens, que ha diseñado soluciones tecnológicas, sobre todo desde el punto de vista de la eficiencia energética, para una localidad española. ¿Pero son suficientes únicamente algunas aplicaciones o se debe incidir en más aspectos?.
 
El cine ha ofrecido algunas ideas, casi siempre apocalípticas, que se clavan en la imaginación de los espectadores. En 1926, el director Fritz Lang se imaginaba una Metrópolis del 2026. Una ciudad- Estado enorme con dos submundos, el rico en la superficie, el proletario en las entrañas subterráneas. Ridley Scott también fantaseaba en Blade Runner (1982) con una megalópolis de coches voladores, personas deshumanizadas y robots que buscaban, precisamente, las emociones.
 
Los miedos a metrópolis deshumanizadas no se disipan, pero una de las claves ahora se centra en la sostenibilidad, por "el cuello de botella de la energía", como lo denomina Agustín Hernández, profesor de Urbanismo de las Universidad Politécnica de Madrid. "Tenemos una sociedad adicta al petróleo. Yo le digo a mis alumnos que el petróleo es como el crack. No se puede sustituir por casi nada. Y aún no somos conscientes de nuestra adicción", cree.
 
"El esquema de ciudad que se impone en la actualidad es un eje de vehículo privado, trabajo y ocio. Es un modelo insostenible ecológica y económicamente", asegura Íñigo García Oviaga, arquitecto del estudio Vaumm. "Se debería volver al concepto de vida de barrio, devolver la especificidad a cada ciudad, que las gentes se identifiquen con ella y no que se homogeneicen bajo el modelo de transporte en coche", añade.
 
"Las ciudades son la unidad funcional que permite el transporte. El coche permite una movilidad barata y accesible. Traslados de 50 kilómetros están en lo tolerable para alguien", explica el profesor Hernández. "La vida urbana ha quedado anulada, viene ligada al uso del vehículo privado", insiste García Oviaga, pero las urbes "deberían ser el soporte para una vida cotidiana más sostenible".
 
Precisamente, el lado ambiental es el que predomina en la idea de Siemens de una ciudad española en 2029. La empresa propone un conjunto de soluciones que ya están disponibles y que los ayuntamientos pueden implantar para que estén instaladas en unos años (ver infografía). "Las grandes ciudades pueden reducir con las nuevas tecnologías sus emisiones de CO2 hasta un 90%", señalan desde la empresa. "Las inversiones para hacer una ciudad sostenible se autofinancian gracias a los ahorros generados", aseguran.
 
El panorama que se podría observar sería de garajes automáticos (que aparcan los coches), tranvías sin catenarias, sistemas de tráfico rodado por GPS (que sorteen los atascos e informen de aparcamientos), metro sin conductor abierto las 24 horas, aerogeneradores flotantes en el mar, puertos que sustituyan el diésel de los barcos por energía eléctrica, tratamiento de aguas residuales para obtener lodos (usados como biocombustibles), edificios que ahorren energía, fábricas piloto digitales (para experimentar sin contaminar) o puntos de recarga para coches eléctricos.
 
IBM también propone lo que ellos delico y placas fotovoltaicas en los edificios. Además se instalarán contadores que favorezcan que no toda la demanda del consumidor se centre en horas punta, gracias a tarifas diferenciadas por tramos. También se instalarán puntos de recarga para coches eléctricos en aparcamientos y garajes.
 
El proyecto beneficiará a 11.000 familias, 900 empresas de servicios y 300 clientes industriales. Para Silvia Sánchez Rubio, directora comercial del sector energy y utilities de IBM, se conseguirá influir en el consumo de los habitantes del barrio, en "que utilicen el vehículo eléctrico antes que en otras ciudades" y, también, en que el proyecto sirva para "informar y concienciar" a los ciudadanos. Este barrio se pondría así a la vanguardia de la eficiencia energética en la UE, que tiene como objetivo reducir un 20% las emisiones de CO2, un 20% de ahorro energético y un 20% de uso de renovables.
 
"No creo que con la reducción de un 20% sea suficiente. Nos proponen parches, pero el problema de dependencia del petróleo es más profundo. Ahora mismo la movilidad está pensada para un área metropolitana motorizada. Pero nadie ha pensado ni ha hecho un estudio sobre qué pasará en 20 años en nuestras ciudades si se continúa con este modelo", reflexiona Hernández.
 
Los expertos hablan de urbes medianas, de entre 30.000 y 300.000 habitantes, interrelacionadas entre sí. "Es el ejemplo del País Vasco, de un sistema de ciudades polinuclear. Se está demostrando que éste es el tamaño de ciudad que mejor se adapta al modo de vida de hoy en día", señala Oviaga. En este modelo, San Sebastián ejerce de polo de turismo, ocio y servicios y, alrededor, los municipios se especializan en otras áreas.
 
Para las grandes ciudades,Hernández propone descentralizar los servicios, acercar a los ciudadanos los movimientos de su vida diaria. Pero va más allá, porque piensa que se debería cambiar la red de aprovisionamiento (que ahora traslada productos desde cualquier punto del planeta), reducir la movilidad un 40% y buscar modelos donde se encuentra empleo en los propios barrios. "Las empresas se tienen que dar cuenta de que o cambian elmodelo o todo se va al garete".
 
El problema es que las ciudades son organismos muy complejos, "donde los cambios son muy lentos y los réditos políticos, sin embargo, funcionan a corto plazo", asegura Oviaga, quien cree que el diseño urbano no se puede dejar sólo a arquitectos e ingenieros, sino extenderlo a sociólogos y a expertos en movilidad urbana. "Tenemos que conseguir ciudades que reduzcan significativamente el consumo de energía, porque afecta en lo ambiental, en lo económico y en lo social. Y evitar así zonas abandonadas en las áreas metropolitanas, ya que esto puede provocar una crisis social, que dé lugar a movimientos políticos dudosos o autoritarios", profundiza Hernández. Ciudades en crisis, aquellas imaginadas en Metrópolis o Blade Runner.
 
Masdar, el experimento 'verde' de Foster en pleno desierto
 
En 2016 habrá en pleno desierto de Abu Dhabi una ciudad de nueva construcción que no emita emisiones de CO2, con un coste de 14.700 millones de euros. Se llamará Masdar, fuente en árabe, está diseñada por el estudio del arquitecto británico Norman Foster y promovida por la compañía Abu Dhabi Future Energy.
 
Foster puede cumplir así el sueño de muchos arquitectos: diseñar una ciudad desde cero pero, además, con el reto de no ser contaminante. Para lograrlo, este experimento que quiere convertirse en "el Silicon Valley de las energías limpias", según sus promotores, se autoabastecerá con renovables. Está pensada para 50.000 habitantes y sus casas se apiñan como en una kasbah (la típica ciudad amurallada árabe), para aprovechar las sombras, además de contar con torres de viento para refrigerar, que aprovechan la brisa del viento y expulsen el aire caliente. Allí se instalarán empresas relacionadas con las tecnologías verdes.
 
La energía provendrá de un parque fotovoltaico, un parque eólico y una planta solar termoeléctrica. El agua será en su mayoría desalada, las frutas y verduras se cultivarán en invernaderos cercanos y los desechos serán reutilizados.
 
La urbe está concebida para el peatón y las bicicletas. El transporte se hará en taxis eléctricos, sin conductor, y por un monorrail alimentado por energía fotovoltaica.
 
Autor: Alfonso Simón