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REGINA REVILLA

Regina Revilla Pedreira

PRESIDENTA DE ASEBIO Y DIRECTORA DE RELACIONES EXTERNAS DE MSD

"Tras mi paso por la Escuela, dejé la bata para dirigirlo todo. Juste se convirtió en un referente y otras compañías copiaron el modelo"

 

Hay algo de paradoja en que alguien sin vocación previa por la investigación farmacéutica se haya convertido en una de las personas clave para entender la evolución de la industria farmacéutica y biotecnológica española de las últimas décadas. No ha sido producto del azar: licenciada en Farmacia en 1968, doctorada en la Universidad de Lovaina y Máster en Organización y Gestión de la Investigación en la Escuela de Organización Industrial en 1979, su trabajo constante le puso en el camino de la investigación, que con el tiempo se convertiría en su pasión. De ahí a la gestión científica, en el sector privado y luego en la Administración, donde llegó a ocupar cargos de responsabilidad en los ministerios de Industria, Sanidad y Agricultura, sucesivamente. Desde 1996, es directora de Relaciones Externas y Comunicación de la empresa Merck, Sharp & Dohme España (MSD) y en 2008 ha sido nombrada presidenta de Asebio (Asociación Española de Bioempresas), en sustitución de Cristina Garmendia.

ESTUDIAR FARMACIA PARECE QUE SIEMPRE SE HA ASOCIADO A MONTAR UN NEGOCIO DE EXPENDIO DE MEDICAMENTOS...

Nunca tuve esa idea, porque yo no quería estudiar Farmacia. Lo que me interesaba era entrar al ICADE, pero mi padre pensaba que una mujer no tenía ningún futuro en la organización de empresas, y los padres de entonces mandaban mucho. Además, yo estudiaba con beca y tenía que sacar una media de notable. Después de los tres primeros años seguía sin gustarme, pero a partir de entonces me encantó. Acabé con premio extraordinario y una clara vocación de dedicarme a la investigación.

TAMPOCO DEBÍA SER FÁCIL DEDICARSE A LA INVESTIGACIÓN...

Antes de acabar la carrera empecé a trabajar en un laboratorio y en la facultad en la cátedra de Galénica, donde comencé como ayudante hasta aprobar la oposición a adjunto. Entonces, solicité una beca para hacer el doctorado en la Universidad de Lovaina. Nunca en mi cabeza estuvo poner una farmacia.

¿QUÉ IDIOMAS HABLABA?

Inglés, francés y alemán.

¿EN QUÉ SE DOCTORÓ EN LOVAINA?

En Famacocinética. En España no existía formación en ese campo, pero se empezaba a demandar para el registro de los medicamentos. Era una materia en la que no tenía competencia, y tuve mucha suerte, pero la elegí porque me atraía. Mi formación en Lovaina fue muy rica: estudiabas casi de todo –física, química, aparataje científico, diseño– porque se trabajaba con muchas empresas y se visitaban sus laboratorios. Era, por otra parte, un mundo de una gran riqueza cultural y lingüística; por allí pasaban personalidades de todos los campos. El curso de doctorado me marcó de una manera total.

¿Y EL REGRESO A ESPAÑA?

Fue en 1973, y también me marcó, pero por otras razones. Cuando llegué, no sabía que había que revalidar el puesto de adjunto, y en consecuencia perdí la plaza. Solicité una beca para entrar en la Junta de Energía Nuclear, pero entonces había empresas farmacéuticas que buscaban expertos, y precisamente Laboratorios Juste necesitaba uno en farmacocinética. Empecé a trabajar para desarrollar todo el programa de investigación. Aunque seguí mi actividad en la JEN, donde se montó un departamento de farmacocinética con isótopo marcado que ofrecía hacer trabajos para terceros. En mi caso, lo hacía para Juste por las tardes, porque no teníamos la instalación necesaria para trabajar con isótopo marcado.

CON SÓLO 30 AÑOS, LE OFRECIERON LA DIRECCIÓN DE INVESTIGACIÓN ¿CÓMO SE LO TOMÓ?

Dije que no, porque me daba mucho miedo.

¿MIEDO? ¿CON LA FORMACIÓN QUE TRAÍA?

Yo conocía un campo de la investigación, pero la investigación en fármacos es amplísima. En Juste, además, había muchos investigadores que llevaban allí mucho más tiempo que yo y, por cierto, era la única mujer a ese nivel. Pero lo que realmente me preocupaba es que yo no sabía dirigir equipos. Ese momento coincidió precisamente con la creación en EOI del Máster de Organización, Gestión y Dirección en Investigación. En Juste decidieron que me matriculara.

¿PUSO ALGUNA CONDICIÓN?

Sí. La condición fue dirigir el departamento, y me fue de maravilla, porque me permitió adquirir todas las habilidades que se necesitan para gestionar, organizar y dirigir la investigación desde un punto de vista profesional. La orientación del máster era justo lo que yo necesitaba.

¿FUERON IMPORTANTES LOS CONTACTOS?

Conocí allí a personas que estaban llevando otros equipos de investigación, como el director de Cotec, el equipo directivo del CDTI... que hoy ocupan puestos muy altos en investigación o en dirección general.

¿Y QUÉ MÁS LE APORTÓ?

Aquello fue el inicio, porque después hicimos muchas cosas en las que EOI estaba relacionada, como congresos en los que participábamos todos. Fue un salto adelante. El curso supuso el cambio total de orientación para la investigación en la empresa. Juste se convirtió en un referente, y otras compañías –no sólo farmacéuticas– copiaron el modelo. Dejé la bata para dirigirlo todo: tenía que hacer el diseño, analizar y estudiar en qué se estaba trabajando internacionalmente para que nuestras investigaciones fueran competitivas. ¡Ah!, y hacer el seguimiento de todas las actividades.

TODO ELLO EN LABORATORIOS JUSTE

Entré en el comité de dirección y participaba en la estrategia de futuro de la compañía. Lo cierto es que para mí aquel empleo fue decisivo. Pude montar el departamento de Farmacocinética y Metabolismo, que en ese momento no existía en otros laboratorios. Además, como a Rafael Juste le parecía muy bien que tuviéramos relación con la JEN, nos permitió dar el salto a isótopo marcado, con lo cual nos diferenciamos de otras compañías del sector y pudimos avanzar más rápido que ellas gracias a que usábamos las tecnologías más punteras. Además de que la empresa me enviaba a cursos de formación internacional. Lo que se dice una formación continua, tanto científica como de gestión.

RAFAEL JUSTE ERA TODO UN PERSONAJE...

Era un hombre excepcional. En aquel momento se estaba gestando Farmaindustria, y era el presidente. Con lo que también tuve la oportunidad de vivir de cerca esta faceta. Me dio la posibilidad de alcanzar unos niveles de formación, de conocimiento y de visibilidad muy altos.

¿ESA VISIBILIDAD LE PERMITIÓ ENTRAR EN LA ADMINISTRACIÓN?

Yo era una persona bastante conocida en el entorno de la innovación. Y cuando entra el Gobierno socialista, en 1982, y empieza a desarrollar la Ley de la Ciencia, me ofrecen ocuparme del asunto. Fui la primera subdirectora de Biotecnología, Medicina y Química. En enero de 1984 entré en el CDTI para la renovación del organismo, para adaptarlo a la Ley de Reconversión Industrial, y para elaborar la ley de la Ciencia. Me dediqué a todo lo relativo a biotecnología, nuevos materiales, automática y robótica, y, sobre todo, al Plan de Farmacia, que no estaba recogido dentro del proyecto de ley porque era un plan específico; incluso se aprobó antes que la propia ley.

¿AQUELLO FUE EL EMBRIÓN DE PROFARMA?

Luis Carlos Croissier, que era subsecretario de Industria, y después de 1986 sería nombrado ministro, estaba muy interesado en activar planes sectoriales que modernizaran el sector industrial español. Lo que quería eran planes viables, necesarios e interesantes en cualquier área. Nos pusimos a trabajar con Miguel Ángel Feito y su equipo, y conseguimos sacar el primer plan de Fomento de la Investigación Farmacéutica, que siguió evolucionando hasta llegar a Profarma, que aún sigue vigente adaptándose a las necesidades del país.

¿JUGÓ USTED ALGÚN PAPEL EN LAS NEGOCIACIONES CON EUROPA?

En efecto, participé en todas las negociaciones del Programa Marco comunitario, que en ese momento se estaba lanzando. Y, como España estaba a punto de entrar en el Mercado Común, ya podíamos participar en programas como el Eureka. De hecho, el primer proyecto que se aprobó dentro de ese programa fue uno de biotecnología.

¿QUÉ CARGO OCUPABA ENTONCES?

Primero fui directora de Programas Internacionales, y al poco tiempo directora general de Política Tecnológica. Ya se había aprobado la Ley de la Ciencia, pero el gran logro, desde mi punto de vista, fue el lanzamiento del primer Plan de Calidad Industrial, y lo recuerdo bien porque era al mismo tiempo vicepresidenta de Aenor.

PARECE QUE DEJABA ATRÁS SU VÍNCULO CON LA FARMACIA.

Yo estaba encantada con todo los que hacía. Pero entonces me pidieron que pasara al Ministerio de Sanidad, porque había que trasponer todas las directivas comunitarias. Fueron más de 30 directivas, además de la Ley del Medicamento. La negociación consistió en conseguir un periodo adicional y el compromiso de cumplir los tiempos. En ese momento también se separó el registro de medicamentos de la cuestión de la financiación.

Y DE AHÍ A AGRICULTURA...

En 1994 me nombran Secretaria General de Alimentación, con Luis Atienza como ministro; aunque estuvimos poco tiempo, hicimos muchas cosas. Tuvimos que discutir varias de las organizaciones de mercado, entre ellas la del vino, muy preocupados porque se trataba de ajustar el sector arrancando vides. No sólo no se hizo así, sino que además se modernizaron las bodegas y se modificó el Instituto de Denominación de Origen.

¿HUBO QUE LIBRAR MUCHAS BATALLAS EN BRUSELAS?

Por ejemplo, ganar una batalla con Francia en torno a los turrones de Jijona, profundizar en la modernización de sectores como el queso, el aceite o el vino. También trabajamos mucho en la divulgación de dietas saludables y de la comida mediterránea. Eso sin contar la reconversión del sector lácteo, de las conservas del Cantábrico y de las frutas y hortalizas con la Comunidad Valenciana. También la del azúcar, defendiendo la producción española en Bruselas, porque origina muchos puestos de trabajo en zonas que dependen por completo de la remolacha.

¿Y QUÉ PASÓ EN 1996, CON EL CAMBIO DE PARTIDO DE GOBIERNO?

Pues que cuando el PP llega al poder ceso en el cargo, como es lógico. Poco después entro a trabajar en Merck, Sharp & Dohm España (MSD) en un puesto y un trabajo que me encantaba y me encanta. Es una compañía que yo conocía como un referente.

ES UNA PREGUNTA OBLIGADA HABLAR DEL “TECHO DE CRISTAL”. ¿USTED LO HA SENTIDO?

El techo existe para las mujeres, porque tenemos que elegir. Creo que el hombre no se plantea la disyuntiva entre vida personal y profesional. Nosotras tenemos otras obligaciones, y también otras satisfacciones. En mi caso, por razones familiares rechacé cargos más altos que los que he ocupado en la Administración. Pero la familia tiene para mí un valor que en la balanza pesa más. Haber estado con mi madre en sus últimos años de vida, y disfrutar ahora de mis nietos, no lo cambio por nada. De todas maneras, las nuevas generaciones lo tienen más claro, porque los hombres también han cambiado.