Media vuelta al mundo en treinta días

Félix López – 5 de abril, 2015

Aunque de momento no lo parezca este es un blog nacido con el comercio y los negocios internacionales en el punto de mira. Ya hemos tocado algunos aspectos tangenciales… exportaciones y tipo de cambio del eurola industrialización y el comercio internacional… Pero todo se andará. Hoy nos iniciamos con un aspecto muy concreto del comercio intencional. Quizás no hay nada más relevante en el comercio internacional que un contenedor marítimo y el barco portacontenedores que lo transporta.

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Maersk Kendal

Apenas hay libros de viajes en un barco de carga, así que el libro Ninety Percent of Everything es toda una excepción. La autora, Rose George, embarca en Felixstowe (ninguna relación conmigo) con viaje final en Singapur (el barco continua hasta Tailandia) en el barco de la Maersk, Maersk Kendal. Con 6.000 TEU de capacidad de carga es un barco grande. Un TEU hace referencia al contenedor de veinte pies (el pequeño), unidad de medida para calibrar este tipo de barcos. No que el barco lleve 6.000 contenedores pequeños; hace unos años comprobé que el número de contenedores de cuarenta pies (2 TEU) que circulan por el mundo es el doble del número de los de veinte pies. Así que el barco llevará unos 4.000 contenedores surtidos entre cuarenta y veinte pies. Y si se hunde -Dios no lo quiera- las compañías de seguro tendrán que indemnizar a los propietarios de la carga con unos 100 millones de dólares, que es lo que valdrá la carga puesta en destino (CIF) más el 10% adicional por el cual se aseguran las mercancías. Claro que, en este caso, no será tanto; como viaja de Oeste a Este los contenedores en su mayoría estarán vacíos. El barco volverá bien cargado. Hay un gran desequilibrio comercial con aquella zona como sabemos.

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La clase triple E de Maersk

Es un barco grande, pero no muy grande. La clase triple E de Maersk son barcos el tiple de grandes ya. En cuanto al viaje, la verdad es que no ocurre mucho que contar para una tan larga travesía. Bastante monotonía interrumpida por algunos momentos de novedad; cruce del canal de Suez por ejemplo. Quizás lo más instructivo del libro es comprobar la vida tan poco atractiva y autómata que llevan los marineros; ya no tienen ni tiempo para desembarcar cuando llegan a puerto. Estos barcos cargan y descargan contenedores a toda velocidad. El tiempo es oro, y en 24 horas ya están de camino otra vez. Por el libro circulan marineros de todo el mundo. Los filipinos son mayoría; por lo visto uno de cada tes marineros del mundo es filipino. Abundan también paquistaníes, indios, rusos, ucranianos,… estos dos últimos muy apreciados. Contratas rusos y ucranianos para el mismo barco; polos opuestos de un campo magnético, su oposición crea un mar de calma en el medio para la tranquilidad total de la tripulación. ¡Qué cosas!

Un viaje en el Kendal

Aunque la autora nos cuenta cosas interesantes de la industria naviera, no parezca que le atraiga demasiado el tema, y así nos entretiene con una visita a las operaciones contra la piratería en Somalia, y como rescatan a unos náufragos en un viaje anterior, todo ello con entrevistas con clérigos, marineros engañados, etc. ya fuera de lo que es el viaje en sí.  Todo ello muy interesante desde el punto de vista periodístico y que he disfrutado mucho.  Yo sería más curiosón sobre la carga transportada, las operaciones de descarga, etc. Pero claro, también mi libro sería más aburrido.

Pueden leer la introducción aquí; es lectura instructiva. Algo que entresacamos:

 At her most laden, Kendal carries 6,188 boring TEUs, or twenty-foot-equivalent units. TEU is a mundane name for something that changed the world, but so is ‘the internet’. I watch a crane lifting a TEU into the air, its cables dancing it across on to the ship, thudding it into place, then retracting with serpentine loops. It would be balletic if it weren’t for the thuds. A grey box, its corrugated iron ridges slightly scuffed and rusted, its exterior branded with maersk. There are 20 million containers crossing the world now, quiet blank boxes. Before containers, transport costs ate as much as 25 per cent of the value of whatever was being shipped. With the extreme efficiencies that intermodality brought, costs were reduced to a pittance. A sweater can now travel 3,000 miles for 2.5 cents; it costs a cent to send a can of beer. Shipping is so cheap that it makes more financial sense for Scottish cod to be sent 10,000 miles to China to be processed there.

El libro está traducido. Rose George, NOVENTA POR CIENTO DE TODO. LA INDUSTRIA INVISIBLE QUE TE VISTE, TE LLENA EL DEPÓSITO DE GASOLINA Y PONE COMIDA EN TU PLATO, Colección entrelíneas. Capitán Swing, 2014 (294 pp.) Háganse con uno; ideal para leer en uno de sus viajes tratando de vender algo por el mundo.

Y si alguna vez se embarcan en uno de estos barcos, que les den un camarote de estribor. En los de babor las vibraciones son muy desagradables. Debe ser por lo del giro de la hélice. Están avisados. Siempre se aprenden cosillas.


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