El transporte y el turismo en España

Le he dado algunas vueltas más al tremendo efecto que el transporte tiene sobre la imagen de un país, sobre su marca, en nuestro caso la denominada “marca España” y creo que efectivamente Fomento (como anunció en el parlamento la ministra) debe, en coordinación y consenso con otras administraciones empezar a poner cartas en el asunto, por la cuenta que nos trae a todos, y debe desarrollar esa carta del viajero de la que hablaba.

Comencemos con, volver a, reconocer que nuestra  primera industria nacional es el turismo, y que por lo tanto estamos ante nuestro sector más estratégico (es cierto que junto con la agricultura y la fabricación, ajena, de coches) por lo tanto prestar atención a este sector es algo inherente a un gobierno.

El tradicional funicular de Igueldo, una atracción de Donosti (Foto S. Carballo)

Pensemos también que el sector clave de la economía española no puede estar en el ámbito de una única administración (en nuestro, como se llame ahora, “ministerio de turismo”), porque la realidad no es así, no es solo así, hay muchos ámbitos en donde el turismo está presente y que, a su vez, influyen sobre el mismo. Estos ámbitos van desde el cambio de moneda y hacienda, a la salud del viaje y el ministerio de sanidad; los ejemplo son múltiples.

Desde ese enfoque estratégico deben abordarse las mejoras que redunden en un aumento de valor de la marca España que en cuanto a turismo en de las de mayor convocatoria. Lo primero y lo último que ve un turista de España son sus servicios e infraestructuras de transporte, podemos decir, por tanto, que ese sector va a marcar la experiencia de nuestro principal cliente y puede arruinar otros esfuerzos del sector que puedan parecer más directos, como la calidad de hoteles y playas.

Sólo analizando el sector transporte desde un esquema de procesos, que sitúe en su centro al viajero, se podrían identificar, y por tanto aliviar, nuestras debilidades.  Tenemos que poner al viajero, al turista, en el comienzo y en el fin de la cadena de valor, para viendo el servicio como él lo ve, seamos capaces de adaptarnos a necesidades y expectativas.

Este análisis, mix de cadena de valor (Porter) y de gestión por procesos, debe hacerse de una manera abierta y amplia, sin miedo a molestar a ciertos “popes” que han  impuesto, por ejemplo, vergonzosos (y poco útiles) controles de seguridad en los aeropuertos. Debe realizar el análisis considerando los valores que hacen que el turista se decida por España, eso hace difícilmente explicable la calidad que los restaurantes de la T4 ofrecen en este momento en los platos españoles que todo turista conoce y pide (¿Han probado ustedes una tortilla, sic, de patatas marca “T4”?) o el estado de algunos autobuses o taxis de nuestras islas más visitadas, que más parecen vehículos de la revolución libia…

Todos los aereopuertos pueden parecer iguales, pero no lo son, la diferencia puede estar en el trato y la información (Foto S. Carballo)

En mi opinión debemos de analizar (para mejorar entre todas las partes interesadas) la calidad de la información (claridad, honestidad, compromiso, letras pequeñas, etc.), la capacidad de compra de títulos de transporte (facilidad de forma pago, flexibilidad en los cambios de titular, compromisos conocidos y cumplidos), el uso de la infraestructura fija (los edificios, su confort, seguridad, servicios e información), el uso de la infraestructura móvil (seguridad, comodidad, alternativas en caso de problemas, claridad de servicios incluidos, etc.)

A poco que pensemos en cosas sueltas que nos molestan cuando viajamos, podríamos mejorar…

Es fácil, nos salen solas….


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