La estrecha relación entre sequías, inundaciones y deforestación

Autores:  Sara Elizalde, Cristina García-Ochoa, Virginia Herves y Jaime Maceín.

La intensa deforestación que sufren nuestros bosques está poniendo en riesgo el equilibrio ecológico en las montañas, fuente principal de agua de calidad para consumo humano, y está agravando además las consecuencias del
calentamiento global, siendo cada vez más frecuentes las inundaciones de consecuencias dramáticas.

El trasfondo del problema está en el desequilibrio que existe en la dinámica de intercambio de CO2, un gas que es cada vez más abundante en nuestra atmósfera, y que en concentraciones elevadas provoca el aumento del efecto invernadero. Este aumento de CO2 es debida a la combustión que tiene lugar en muchos procesos no sólo industriales sino también cotidianos.

Los bosques funcionan como un “filtro atmosférico” de este gas, principal responsable del calentamiento global. Al verse su superficie reducida, la capacidad de absorción de CO2 disminuye y en consecuencia la temperatura regional y global se eleva.

Tala de bosques para cultivo

Sin la vegetación propia del lugar asociada a cambios en el uso del suelo, la estructura de las laderas se vuelve cada vez más inestable. Al disminuir su capacidad de retención, la escorrentía superficial se ve acelerada y como consecuencia, en periodos en los que se produzcan grandes avenidas, éstas no podrán ser reguladas por la cobertura vegetal. Ante grandes crecidas en ríos y arroyos, no habrá puente ni camino que resista. El ecosistema es dinámico y se repone, pero ante la explotación descontrolada, pierde su capacidad de cicatrización para mitigar el impacto de las copiosas lluvias en tan escaso tiempo.

Así surge el concepto de restauración hidrológico forestal, que comprende el conjunto de actuaciones necesarias para la conservación, defensa y recuperación de la estabilidad y fertilidad de los suelos, la regulación de escorrentías, consolidación de cauces y laderas, la contención de sedimentos y, en general, la defensa del suelo contra la erosión.

Según el Mapa de Estados Erosivos del Suelo (MAGRAMA, 1987-2001), el proceso de formación de suelo alcanza un ritmo variable entre 2 y 12 toneladas por hectárea y año. Sin embargo, el 24% del territorio nacional pierde más de 12 toneladas anuales por hectárea, y el 12,3% a un ritmo superior a las 50 toneladas por hectárea y año. Estos seis millones de hectáreas con procesos erosivos graves se sitúan en su mayoría dentro de las cuencas hidrográficas de clima mediterráneo-continental, principalmente en las cuencas del Sur, Guadalquivir, Ebro, Tajo y Júcar.

Mapa de Estados Erosivos del Suelo

La pérdida anual de suelo en España se valora en más de 1.200 millones de toneladas. El 27% de estas pérdidas se producen en superficie forestal, correspondiendo el resto  al ámbito agrícola. Teniendo en cuenta que el uso forestal supera en extensión al agrícola, es evidente el hecho de que las mayores tasas unitarias de erosión se producen en las zonas dedicadas a cultivos agrícolas.

La desertificación es otra consecuencia de la perdida de masas arbóreas y erosión de los suelos, aunque influyen también las complejas interacciones de factores físicos, biológicos, políticos, sociales, culturales y económicos.

Según el Mapa de Riesgos de Desertificación, se estima que más de dos terceras partes de la superficie española están expuestas a este problema, siendo el riesgo muy alto en el 11% del territorio. Aunque ninguna región se libra del problema éste es especialmente preocupante en la costa mediterránea y Canarias, así como en la Submeseta sur y el valle del Ebro.

Mapa de Riesgos de Desertificación

La elaboración y desarrollo del Programa de Acción Nacional contra la Desertificación constituye la principal obligación contraída por nuestro país como firmante de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación.

Su objetivo fundamental es contribuir al logro del desarrollo sostenible de las zonas afectadas por la desertificación en el territorio nacional y, en particular, la prevención de la degradación de las tierras y la recuperación de tierras desertificadas, determinando cuáles son los factores que contribuyen a la desertificación y las medidas prácticas necesarias para luchar contra ella, así como mitigar los efectos de la sequía.

Desertificación de una cadena montañosa

Hay que destacar que en España las primeras actuaciones en el campo de la recuperación hidrológica forestal tienen lugar a mediados del siglo XIX, como consecuencia de la severa deforestación de sus principales cadenas montañosas. En 1985, la Junta Consultiva de Montes redacta un dictamen en el que se reconoce, por primera vez en un documento formal, el papel del monte en la regulación de las escorrentías y la defensa contra la erosión. La creación, en 1901, del Servicio Hidrológico Forestal, puede considerarse como el paso definitivo al inicio de la restauración hidrológico forestal, sistemática y planificada, en el país.

 

Por otra parte, el Plan Nacional de Actuaciones Prioritarias de Restauración Hidrológico Forestal, Control de la Erosión y Defensa contra la Desertificación (PNAP), finalizado en el año 2004 y actualizado en el año 2007, es el instrumento de planificación nacional que rige el desarrollo de estas actuaciones de restauración hidrológico-forestal realizadas por el Ministerio de Medio Ambiente, enmarcadas en su mayor parte en los convenios existentes con las comunidades autónomas.

El Plan determina las subcuencas prioritarias de actuación, valora los trabajos a realizar a corto y medio plazo y establece una jerarquización y programación temporal de los mismos.

Como ejemplo de restauración hidrológico forestal, mencionar el caso de Tendilla, en Guadalajara, donde desde los años 20 el estado erosivo de las zonas cercanas al casco urbano, poblada por olivares, era muy preocupante. Esta erosión provocó cambios en el canal de desagüe de la cuenca, cuyo trazado se tornó divagante. La construcción de un dique, la recuperación de masa arbórea y un buen mantenimiento permitieron la recuperación de la zona.

Dique construido en los años 20

 

Dique en la actualidad

 

 

 

 

 

 

 

Por último destacar que para poner fin a los problemas de desertificación es imprescindible contar con una buena coordinación administrativa. Ésta constituye un pilar fundamental para el desarrollo de soluciones integradas, en el marco multisectorial y multidisciplinar que corresponde al problema de la deforestación.

 

Fuentes principales:

–    Ponencia: “Restauración hidrológico-forestal”, por Rafael Serrada Hierro. Curso de verano, universidad Menéndez Pelayo. Santander, 2011.

–    Página web del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente:

http://www.magrama.gob.es/es/biodiversidad/temas/montes-y-politica-forestal/restauracion-hidrologico-forestal/

 


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