El reto de la gestión efectiva de las operaciones y la cadena de suministro

Los tiempos que corren son una excelente oportunidad para comprobar cuales son efectivamente los imperativos que marca el mercado en nuestro negocio y aprovechar para tomar plena conciencia de la necesidad de enfrentarnos a ellos. Lo “malo” de las épocas de bonanza económica y crecimientos exagerados basados en burbujas es que aunque hagamos una gestión mediocre las cosas siguen funcionando y se nos olvida revisar qué aspectos deberíamos cambiar. Me refiero no sólo a los cambios para mejorar el estado actual de nuestra empresa sino para prepararnos para los cambios que se puedan producir en nuestro entorno. Creo que en este entorno encaja perfectamente el enfoque de la mejora continua.

El concepto de mejora hay que tomárselo en serio. Lo digo por una especie de epidemia que campa a sus anchas por el mundo empresarial, yo lo llamo el “mal de las siglas sin significado”. No digo que sea un problema que aparece en todas las organizaciones, pero lo cierto es que me he encontrado más de una vez con él. Intentaré explicar brevemente en qué consiste este mal.

No es raro escuchar en boca de ejecutivos siglas como EFQM, JIT, BPR o TQM (que no significa “Te Quiero Mucho”, si no Total Quality Management). El problema es que en muchas ocasiones estas siglas se quedan en una mera declaración de intenciones y un esfuerzo parcial de la organización por conseguir un certificado que sirve para acceder a un concurso público o simplemente para mejorar la imagen de la organización. En este sentido, la dirección de la empresa teniendo en mente sólo esta meta y no el verdadero proceso de mejora, consigue la “medallita” e incluso se puede ver a algún directivo presumiendo de su medalla de certificación ISO 9000. ¿Pero se ha realizado realmente un proceso de mejora de la calidad en la organización? ¿O sólo se han rellenado unos cientos de hojas en diversos documentos? Documentos cuyo contenido es en demasiadas ocasiones tristemente ignorado por la mayoría de la organización.

Una gestión efectiva implica desde luego usar estas herramientas de gestión, mejora de la calidad, control, etc. Pero sobre todo requiere que no terminen siendo unas simples siglas sin un significado detrás. Es imprescindible desarrollar una verdadera motivación de mejora que se contagie a todas las personas involucradas en el cambio, haciéndolo real y efectivo.


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