Sigue leyéndome desde la nueva dirección del blog

Estimados amig@s:

Os informo que a partir de ahora seguiré publicando mis reflexiones sobre innovación, liderazgo, negocios digitales y muchas otras cosas más en mi nueva dirección. Os animo a suscribiros a http://blog.miguelangelcervera.es para poder estar actualizados con mis últimos posts como éste en el que hablo de los 8 aspectos clave de las 20 empresas más innovadoras.

El blog de Miguel Ángel Cervera. Dream. Create. Inspire

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Seguimos leyéndonos. Un fuerte abrazo.

Míguel


¿Estás haciendo lo que realmente te apetece hacer ahora mismo?

Así empieza este vídeo de Box 1824 que repasa el propósito de vida de varias generaciones, pasando de los baby boom hasta los millennial. Mientras los segundos representan al nuevo perfil de trabajador, joven, digital, social y con grandes aspiraciones; los primeros se caracterizan por unas relaciones laborales basadas en la seguridad y la simplicidad.

Somos millennial. Y, a diferencia de los baby boom, a los millennial nos toca vivir tiempos turbulentos e impredecibles, marcados por una coyuntura económica que está acabando con el concepto que hasta ahora teníamos de trabajo y carrera profesional. De alguna manera, al ritmo al que está desapareciendo la clase media, la demanda laboral se está polarizando entre perfiles altamente cualificados y el resto, consecuencia de un mundo tecnológicamente avanzado y global.

Hoy en día, la cualificación profesional no es garantía de éxito. En un mundo en el que el conocimiento es accesible desde cualquier conexión a Internet, poco importa cuánto sabes sino cuánto sabes hacer con lo sabes. Ahí está la diferencia y a la vez, la clave, del profesional de hoy y de mañana: en su capacidad para innovar, resolver problemas de manera creativa y crear nuevas oportunidades.

Creer para crear, la base del éxito del profesional del mañana

La clave del profesional de hoy y de mañana: su capacidad para innovar, crear y buscar nuevas oportunidades.

Recientemente, Thomas L. Friedman afirmaba que el profesional de mañana tendrá que inventar su propio trabajo. Quizás Friedman está siendo optimista. En un mundo como en el que vivimos, en constante cambio, urge crear nuestras propias oportunidades. El emprendimiento se está erigiendo como la mejor manera de tener tu propio trabajo, de mezclar pasión y propósito, de adaptarte a un mundo en constante cambio y estar preparado para el siguiente. Hoy es más importante que nunca tener un propósito, ser flexible. Todo por una sencilla razón: aquéllos que aprenden a adaptarse más fácilmente, aprenden a evolucionar mejor ante los cambios.

Imagen de previsualización de YouTube

Nos guste o no, se trata de vivir mejor hoy sin la ilusión de un futuro que aparece borroso e impredecible, muy distinto al de otras generaciones. En este contexto, necesitamos poner en juego grandes dotes de creatividad, innovación y capacidad crítica para buscar esas nuevas oportunidades que mezclen pasión y trabajo. Nuestro éxito personal y profesional está en reconocer nuestro propósito de vida, identificar oportunidades y enfocar nuestro esfuerzo en hacerlo realidad.

Yo estoy trabajando en ello ¿Y tú? ¿Estás haciendo ahora lo que realmente te apetece hacer? ¿No? ¡Pues empieza! El tiempo pasa y mientras tanto, tu vida está en espera. Descubre tu propósito de vida… sueña… crea… ¡¡disfruta!! Es la única manera de vivir una vida plena… ¡todos los días!


Los 3 factores clave que ayudan a motivar a un trabajador

Hablé de la ecuación fundamental de la motivación en mi post en el que explicaba cómo convertirse en un ironman. Comentaba que cualquier persona, desde un líder en una organización hasta un padre que quiere educar a su hijo, necesita influir sobre los deseos, los incentivos o el entorno de esa persona para inducirla a la acción, al cambio.

En la revista entrepreneur.com se preguntaban hace unos días sobre los aspectos que realmente motivan a los empleados… porque no hay ningún tipo de secreto: para que una compañía funcione, sus empleados tienen que estar motivados.

El 90% de los directivos encuestados por entrepreneur.com cree que el compromiso de sus empleados con la empresa es fundamental para el éxito del negocio. Sin embargo, el 75% no tiene una estrategia clara que resuelva el hecho de que cerca de la mitad de los empleados en una empresa está descontento en su trabajo.

En muchos ámbitos aún se piensa que la solución es la de siempre: el dinero. Y se equivocan. Decía Einstein que no podemos resolver los problemas con los mismos esquemas de pensamiento que han dado lugar a su aparición. Y eso, aplicado al entorno laboral y en el ámbito de la motivación, significa que tenemos que buscar soluciones creativas, distintas, que se adapten a las necesidades de una nueva generación de trabajadores y de puestos de trabajo. No podemos utilizar en la actualidad las técnicas que funcionaron en el pasado, cuando vivimos inmersos en una economía distinta donde la base es el conocimiento y no la capacidad productiva. Y es que el dinero es un motivador… un motivador efímero.

Pero, si no es con el aumento de salario ¿cómo se consigue motivar, enganchar, al trabajador? Según Dan Pink y su charla en TED que dejo aquí, son tres los factores clave que ayudan a conseguir que los empleados mejoren su rendimiento, aumenten su motivación e incrementen su satisfacción personal.

Por un lado, la autonomía. Los trabajadores demandan mayor autonomía y responsabilidad en su puesto de trabajo, aspectos que un buen líder debe saber apreciar e incentivar. En lo contrario, conseguirá crear robots cualificados que harán lo que les mandan cuando les mandan. La figura del jefe tradicional, que quiere tener control de todo lo que hacen sus trabajadores, está caduca y debe desaparecer.

El aprendizaje es otro de los factores clave para incrementar el compromiso y la satisfacción de un empleado. La gente, en líneas generales, quiere sobresalir en lo que hace. Por ello, participar en nuevos retos o encontrar soluciones creativas a un problema son aspectos que aumentan su grado de motivación y compromiso con la organización.

Por último, el aspecto más importante es el sentimiento de autorrealización a través del trabajo. Conseguir cultivarlo es un reto para la organización pero, hacerlo, es garantía de tener en la organización personas motivadas, altamente satisfechas que ven cómo parte de sus objetivos personales se cumplen de la mano de los de la organización.

Autonomía, aprendizaje y autorrealización son los tres aspectos que sustituyen al dinero como incentivo y que consiguen un compromiso continuo y sostenible del empleado con el tiempo. Ésta es la verdadera clave de la organización y el verdadero reto del líder o responsable de equipo que tiene que tener un papel más humano y menos analítico de forma que encuentre el balance perfecto entre la consecución de objetivos y las necesidades de su equipo.

Por cierto, Dan habla en su charla sobre ROWE – Results Only Work Environment que es una estrategia de gestión de personas por objetivos en vez de por horas trabajadas. El ROWE es, en mi opinión, la clave del futuro si las organizaciones quieren ser más creativas y productivas así como si buscan incrementar el compromiso y satisfacción de sus empleados. Implementarlo correctamente es un reto para las empresas antiguas y estancadas en el pasado pero soy un convencido de su efectividad en el medio y largo plazo.


El verdadero exponente de cambio viene de la mano del Smart Rural

Me gusta el concepto de ciudad inteligente o Smart City. No sólo por el aspecto meramente tecnológico –conceptos de inteligencia distribuida, redes inalámbricas, etc.— sino porque es la demostración que algo está cambiando, que el mundo está girando hacia un nuevo modelo de sociedad: más humana, móvil, sostenible y centrada en las personas. Eso sí, si me gusta el término Smart City, el concepto Smart Rural, entendido como el renacimiento de los pueblos o pequeñas ciudades gracias a la tecnología,  ¡me encanta!.

Las ciudades se enfrentan en las próximas décadas a nuevos retos y desafíos. El modelo de ciudad actual es insostenible, habida cuenta de la tendencia de crecimiento de la población urbana y la escasez de recursos. Para solucionar estos problemas el concepto de Smart City nace como una solución que ayuda a sostener el actual modelo social que tiene a las ciudades como único motor económico.

El teletrabajo va más allá de trabajar desde casa, es la máxima expresión de un concepto de vida que desliga el trabajo de un sitio y horario determinado. Es uno de los pilares del Smart Rural.

Así es. Vivimos una época en la que cada vez más, la naturaleza se encuentra más asediada que nunca por las ciudades. Una época en la que además, los entornos rurales, los pueblos o incluso las pequeñas ciudades están perdiendo su esencia para convertirse en industrias turísticas. Todo por el imparable crecimiento de población urbana y es este efecto de huida a la gran ciudad lo que el concepto Smart City trata, de alguna manera, de sostener.

¿Es esta huida a la gran ciudad evitable? Sí, pero ¿cómo?  A través del concepto Smart Rural. ¿Por qué? Por varios motivos. En primer lugar, vivimos una época, un ciclo económico, dominado por una sociedad al servicio de la economía. La visión está siendo exclusivamente económica y no al revés: más humana, donde la economía esté al servicio de la sociedad. Ya comenté que hay otras maneras de medir el crecimiento a través del concepto de felicidad: una economía centrada en construir una sociedad más humana, en atender las necesidades reales, eficiente en el uso de los recursos y respetuosa con el medio ambiente. En mi opinión, la despoblación del entorno rural se debe, principalmente, a la forma en la que se mide el crecimiento, escenificación del concepto de división del trabajo de Marx y Engels.

En segundo lugar, nuestro país está sumergido en una crisis no sólo económica sino de identidad en la que tenemos que definir nuestra visión de país y reconducir nuestra actividad industrial. Y ésta, sin lugar a dudas, pasa por la innovación y las nuevas tecnologías; en definitiva, por un modelo económico basado en el conocimiento (ya hablé aquíaquí y aquí). Debemos desterrar el Spain Is Different e incluso optar por el Spain Is Unique. A través del concepto Smart Rural podemos desarrollar un modelo descentralizado, innovador, que fomente la creatividad, el emprendimiento, la economía colaborativa y la calidad de vida.

En tercer lugar, el boom del emprendimiento. Ya comenté el concepto de súper-vivencia entendido desde la perspectiva del autoempleo y el desarrollo personal y profesional. Necesitamos súper-vivir y eso lo sabemos bien la generación Y, la Millennial Generation: una generación que no entiende de jerarquías o clasicismos; social, digital, móvil, impaciente pero colaborativa, interesada en aprender cada día y concienciada con los problemas de la sociedad. Una generación que busca aquellas oportunidades que les permite realizarse a través de la mezcla entre pasión y trabajo. Su objetivo: hacer que cada día cuente. Buscan algo más que un trabajo, buscan un propósito. Por eso, el 50% de los ‘millennials’ o son emprendedores o están pensando en emprender en los próximos años. Serán los impulsores de la economía y de la descentralización.

La Fundación Tecnología y Territorio es una organización sin ánimo de lucro que explota el concepto Smart Rural en Cantabria

La sociedad del futuro, de hoy, es una sociedad móvil, social y desenfadada que trabaja para alcanzar propósitos personales, para súper-vivir. La sociedad de hoy y de mañana es global, colaborativa y no entiende de paredes, sino de experiencias. Es una sociedad formada, conectada y en continuo aprendizaje que no entiende la economía sino es para contribuir al bienestar de todos, eficiente en el uso de recursos y respetuoso con el medio ambiente.

Así pues, el concepto Smart Rural será el máximo exponente del desarrollo económico y social de los próximos años. Un abanderado del desarrollo sostenible, aquél que tiene a las personas y al planeta como epicentro. Un desarrollo que traerá prosperidad y calidad de vida y que será eficiente en el uso de los recursos gracias a servicios telemáticos como la telemedicina, el teletrabajo o las redes sensoriales entre otros. El Smart Rural es la verdadera oportunidad para construir una sociedad móvil, inteligente y sostenible que tenga a la economía al servicio de las personas. ¿A qué esperamos para huír de la gran ciudad?


Con motivación, todos podemos llegar a ser un ironman

Siempre me ha llamado la atención la fuerza de voluntad que tienen los deportistas, más bien los atletas, esos que compiten contra ellos mismos, que rascan segundos en una prueba, que luchan contra sí mismos o que se superan cada día con el objetivo de completar un Ironman. Todos ellos son ejemplo de superación y reflejo de la capacidad que tiene el ser humano de mejorar, crear, avanzar.

La motivación, la fuerza de la motivación, es lo que nos aporta la energía y dirección para cambiar nuestro comportamiento e incitarnos a la acción. Los deseos, los incentivos y los elementos facilitadores son los tres atributos más destacados que tienen impacto directo sobre ella.

 

 

Los deseos son subjetivos y responden a la conciencia de una necesidad o a la anticipación de un premio. Así, comer y beber son conductas que tienen como origen un deseo, en este caso, fisiológico, de saciar nuestro hambre o sed. Los incentivos son el premio, el objetivo que queremos conseguir y el estímulo que finalmente activa el deseo. Son la justificación a comportamientos en los que comemos sin hambre o bebemos sin sed, sólo porque hacerlo nos resulta apetecible o agradable. Por último, los elementos facilitadores son aquellos elementos que amplifican o disminuyen el estímulo que activa el deseo; me refiero al hábito, los costes, la dificultad, el entorno…

Todos ellos en su conjunto definen la ecuación fundamental de la fuerza de la motivación que toda persona debiera conocer, ya sea porque quiere motivarse a sí mismo o a terceros.

Motivación = Deseos x Incentivos x Elementos Facilitadores

Desde un líder dentro de un equipo multidisciplinar a un triatleta que piensa correr un ironman, pasando por un padre que quiere educar a un hijo, es necesario influir sobre cualquiera de estas tres variables para motivar y generar, así, la energía y dirección necesarias para conseguir un cambio de comportamiento que induce a la acción, al cambio.

Los responsables de marketing lo saben bien ya que, a través del neuromarketing, intervienen sobre los incentivos, consiguiendo provocar comportamientos al trabajar sobre las emociones y la percepción de la realidad. Pero no sólo ellos entienden de motivación, los responsables de los bares saben que ofrecer pipas saladas nos fuerza a consumir más bebidas al activar nuestro deseo, eso sí,  fisiológico, de saciar la sed. Complementariamente, el entorno es fundamental para aumentar el grado de motivación y si no, sólo tenemos que pensar en la puesta en escena de las tiendas Nespresso o el compromiso con el entrenamiento de un deportista.

Las personas, salvo en casos de ciertos trastornos, siempre estamos motivadas. Tenemos que actuar, queramos o no queramos. La clave del éxito de un buen líder es esa capacidad para influir en el comportamiento de un tercero a través de la motivación. No se pueden crear deseos nuevos, sólo podemos crear nuevos objetivos en las necesidades y expectativas que el sujeto tiene. Se trata pues de activar el deseo y/o trasladar la fuerza motivacional de un objetivo a otro.

 

 

En definitiva, para trabajar un cambio de conducta tanto de nosotros mismos como de un tercero, necesitamos trabajar sobre la fuerza de la motivación. Tenemos que interiorizar que todo, absolutamente todo, es percepción y cuando conseguimos que ésta cambie, conseguimos que todo cambie. Nuestras creencias o las creencias del entorno donde nos movemos nos limitan, nos crean barreras que nos impiden crecer como personas o como profesionales. Actuando sobre ellas, conseguiremos cambiar nuestra percepción del mundo. Es, en realidad, cuestión de trabajar nuestra visión o la del sujeto porque es ésta la que nos induce a la acción y la que finalmente condiciona nuestro comportamiento.

Un detalle que quiero añadir a la reflexión: La motivación, la fuerza de la motivación, nos induce al cambio, a la acción. Sin embargo, es el hábito, la perseverancia, la que nos permite alcanzar nuestros retos. No hay cambio sin motivación, ni progreso sin perseverancia. Sólo podemos llegar a ser un ironman si cambiamos y perseveramos en el cambio.


Reflexiones desde San Francisco

San Francisco es una ciudad apasionante. Lo es por muchos motivos, muchos de ellos turísticos, pero también por muchos otros más relacionados con la generación de conocimiento, la atracción de talento o la creación de empresas. Dice José Antonio Marina que si hay una cosa, un fin último, que diferencia al hombre de los animales es que nosotros, intrínsecamente, no sólo luchamos por sobrevivir sino que además buscamos convivir, crear, liberarnos y superarnos cada día. El hombre súper-vive. San Francisco no es una ciudad donde uno sobrevive, San Francisco es una ciudad donde uno consigue súper-vivir.

Golden Gate, San Francisco.


La súper-vivencia, es innata al ser humano; sin embargo, es nuestra interacción con la sociedad, a través de la cultura, la que nos hace tender hacia la supervivencia en detrimento de la súper-vivencia. Es la riqueza del ecosistema, del entorno en el que vivimos, la que determina en última instancia nuestra visión y actitud hacia la súper-vivencia.

A lo largo de la semana que estuvimos en San Francisco, tuve la oportunidad de explorar cómo se dan las circunstancias para súper-vivir gracias a la existencia de ese ecosistema que favorece la autorrealización personal y profesional a través de una cultura emprendedora que permite innovar y hacer crecer la economía y el empleo. El ecosistema al que me refiero, originario en la zona del Silicon Valley, se sustenta en el talento, la inversión y en la cultura.

Evento en RocketSpace, San Francisco, en el que distintos emprendedores explican a inversores sus aventuras empresariales.

 

Estos tres pilares consiguen crear lo que auto-defino como el círculo virtuoso del Silicon Valley. Gracias a una cultura que apuesta por el emprendimiento y la innovación se consigue que la sociedad aspire a hacer sus sueños realidad… creando, fallando, aprendiendo y ¡volviendo a crear!  El talento genera nuevas oportunidades y junto con el emprendimiento se consigue dinamizar la economía y hacerla crecer. Las oportunidades atraen a inversores, lo que alimenta el principio del bucle, fomentando el emprendimiento, lo que consigue atraer talento, crear empresas, generar empleo y dinamizar la economía… es el círculo virtuoso del Silicon Valley.

Del ecosistema de Silicon Valley, me quedo con el valor cultural. Es más, los otros pilares asumo que están a nuestro alcance de alguna u otra manera. En España, no tenemos un mercado como el americano de 300 millones de personas pero formamos parte de una economía global con 7.000 millones de habitantes. La inversión en Europa tiene cierta aversión al riesgo y en el caso de España, además, está muy contaminada por la cultura del pelotazo que hemos vivido hasta ahora. Llevará más o menos tiempo, sin embargo, en un entorno como el actual, las grandes familias españolas tendrán que entender que la verdadera inversión está en las personas, en sus proyectos, en su ambición por crear sueños. Olvidémonos del pelotazo y valoremos el esfuerzo y la ambición por levantar proyectos personales, evidentemente, rentables y sostenibles en el tiempo.

En lo que se refiere al talento, en España no tenemos absolutamente nada que envidiar ni con EE. UU. ni con Europa. Vivimos en la sociedad más preparada que ha visto nuestro país, sin embargo, seguimos cometiendo muchos de los errores del pasado y aunque son culturales, están ligados en mi opinión al sentimiento de inferioridad. Un sentimiento que sólo se cura ganando perspectiva: viajando, saliendo de nuestras regiones… explorando.

Insisto en que es la cultura la verdadera clave del éxito de Silicon Valley y son ciertos aspectos de esa cultura los que, sin lugar a dudas, tenemos que importar a nuestro país. Debemos apostar por la cultura del conocimiento y de la meritocracia como base para poder crear un futuro más próspero. Pero no sólo eso, para cambiar de modelo productivo y apostar por una sociedad basada en el conocimiento, tenemos que crear nuestro propio ecosistema, incidiendo en la innovación, el emprendimiento y el aprendizaje a través del error y la perseverancia:

En definitiva, si algo tenemos que importar del ecosistema del Silicon Valley es ese afán por súper-vivir, entendiendo que en una sociedad basada en el conocimiento, las personas nos movemos en búsqueda de nuestros sueños y de nuestras pasiones. Dice José Antonio Marina que Pensamos a través de una cultura. Cierto. Ahora bien, la cultura sólo es posible cambiarla, modernizarla, si entre todos empezamos a pensar de manera diferente, si empezamos a des-aprender los viejos axiomas e importamos aquello que nos puede hacer excelentes. Sólo así conseguiremos súper-vivir.

Reflexiones finales

No quería cerrar este post sin comentar la gran experiencia que a título personal he vivido con todos los compañeros del máster durante la semana de trabajo que tuvimos en la ciudad de San Francisco. Sin lugar a dudas, las personas son los activos más importantes dentro de un grupo y en este caso tengo la suerte de estar rodeado de gente apasionante.

Del viaje me llevo muchas cosas pero me gustaría resaltar la experiencia tan intensa que vivimos con mooka.me. Experiencias que entre otras cosas nos permitieron madurar como equipo y conocer a nuestros compañeros de 2600hz. El recibimiento con Bud Lights, la reunión en el típico couch americano y el intercambio de ideas, valoraciones y posibles acuerdos de colaboración fueron una experiencia realmente emocionante.

El equipo de mooka.me con el VP de Marketing de 2600Hz.

 


Bringing Design Into Space

Siempre he sentido admiración y respeto por aquellas profesiones, como la de diseñador, en la que se prima la creatividad, el diseño y la imaginación. Son profesiones en las que, en mayor o menor media, se fomenta más aspectos clave como las relaciones humanas, los sentimientos y las experiencias.

La ingeniería, sin embargo, se centra en exceso en la ejecución o realización de complejos procesos; olvidando el origen etimológico de la propia palabra que está más centrada en la capacidad de ingeniar y crear cosas. Las universidades y los centros de investigación son con cierta probabilidad los únicos lugares donde prevalece ese afán por crear, descubrir… inventar.

En el caso de la ingeniería espacial, me atrevería a decir que es, quizás, uno de los sectores más creadores, innovadores, dentro de nuestra economía. Misiones como la última de exploración de Marte, el desarrollo de la Estación Espacial Internacional, el GPS o la misión Apolo 11 que consiguió que Neil Armstrong pisara la Luna el 21 de Julio de 1969, entre otras, demuestran cómo el espacio ha sido, es y será una continua fuente de inovación e inspiración para todos.

El modelo de negocio de la industria espacial es altamente dependiente de financiación pública, lo que la ha facilitado idear, desarrollar y lanzar misiones ciertamente muy complejas y costosas y cuyo retorno económico no ha sido inmediato. Un ejemplo es el sistema de navegación por satélite GPS, una misión que fue concebida en el año 1973 y totalmente operacional en 1994. Mientras que no ha sido hasta 2004 cuando Qualcomm consiguió introducir el receptor GPS dentro de los dispositivos móviles. La geo-localización es hoy posible gracias a un proyecto nacido en 1973: ¡31 años más tarde!

Aunque es evidente el éxito que un sistema como el descrito ha supuesto para la sociedad, su ejemplo no puede servir al sector para proyectar su futuro. Los coyunturas macroeconómicas actuales impiden, a ciertos países, la financiación y desarrollo de largos y costosos programas cuyo retorno a corto plazo son ciertamente inciertos. En este contexto, el sector espacial debe reinventarse, apostando por un modelo económico menos dependiente de financiación pública, más competitivo, menos proteccionista y sobre todo, más creativo, más humano y menos tecnológico. Es el momento de traer el espacio a la tierra.

Vivimos momentos en los que los ciclos de producto son cada vez más cortos y la evolución tecnológica cada vez más rápida lo que nos tiene que hacer entender que la demanda no tiende a proyecto caros y largo placistas, sino baratos y con retorno inmediato. Pero no sólo eso, sino que además, la madurez del sector es tal que la oferta de productos y servicios es, en la actualidad, mayor que la propia demanda; lo que exige estudiar cómo crearla desde los productos ya existentes.

¿Qué nos queda, por tanto? Cambiar, evolucionar, reinventarnos… sí, pero todo ello de manera distinta. La reinvención del sector espacial, aún siendo progresiva, tiene que ir hacia la propia transferencia tecnológica, hacia el aterrizaje del sector y para ello es necesario entender las necesidades de los propios usuarios de nuestros complejos sistemas. Tenemos que apostar por la creatividad, por la imaginación, por el diseño y por el conocimiento pero enfocándolo hacia un desarrollo más centrado en las personas.

Y es aquí, en esta apuesta por las personas, cuando este post empieza a tener sentido. Mi iniciativa #BringingDesignIntoSpace es una apuesta por acercar la metodología ‘Design Thinking’ a la empresa espacial para la que trabajo. Basándonos en propias experiencias y lecturas como ‘The Design of Business: Why Design Thinking Is The Next Competitive Advantage‘ de Roger Martin o ‘Design Thinking‘ de Thomas Lockwood hemos formado un equipo de trabajo cuyo principal objetivo consiste en introducir un cambio cultural que cuestione nuestro status-quo y nos ayude a adaptarnos a nuestro entorno y a las demandas actuales del mercado.

La tarea no está siendo fácil pero el reto lo merece. En próximos posts describiré más en detalle la iniciativa y los primeros resultados.


#ideasparamejorarelmundo

De la mano de mi amigo Jose (@StartupJota) me hago eco de una interesante iniciativa de la Universidad de Salamanca que, en colaboración con Federico Mayor Zaragoza, está preparando un documento con las mejores ideas para hacer del mundo un sitio más agradable.

Bajo el hashtag #ideasparamejorarelmundo y, hasta el día de hoy, se están recogiendo todas las ideas que sin vacilaciones ayudarán a mejorar este mundo. Desde este rincón no podemos pasar la oportunidad de aportar nuestro grano de arena y apoyar esta iniciativa.

Me gustaría proponer la creación de agencias nacionales que estudien la felicidad de sus conciudadanos. Unas agencias que a través de sus estudios estadísticos ofrecieran a los gobiernos información científicamente relevante con el propósito de condicionar las medidas políticas de nuestros gobernantes. De esta manera, las políticas prioritarias de los gobiernos se centrarían en contribuir al desarrollo personal y autorrealización de sus votantes; en vez de estar guiadas, como en la actualidad, por motivos puramente económicos.

Sentimos la necesidad de orientar este mundo a uno menos consumista, más sensanto y sostenible. Uno en el que las personas sean el epicentro de todas las decisiones. La industria de la felicidad está en auge y, desde este blog, estamos convencidos de que hay otras maneras de medir el crecimiento y construir un mundo más solidario, un mundo mejor.

 

Actualización: ¡Mi #ideaparamejorarelmundo ha sido seleccionada! En el acto en el que la Universidad de Salamanca propondrá a Federico Mayor Zaragoza candidato a Príncipe de Asturias, presentaré la idea vía videoconferencia. Será a las 12:30 y la podrás seguir en http://tv.usal.es/. ¡No te lo pierdas!


¿Hay otras maneras de medir el crecimiento?

Vivimos tiempos de crisis, tiempos en los que las conversaciones de café versan sobre la evolución de la prima de riesgo, la austeridad, el crecimiento, Grecia y así hasta completar un largo etcétera.

El viejo continente está sumido en una importante crisis que por su magnitud afecta no sólo a los propios países de la unión sino también más allá de nuestras fronteras. Un ejemplo es la reciente cumbre del G-20 o ya famosa frase de Obama: Si hay problemas en Madrid, hay problemas en Milwaukee.

Todas las políticas llevadas a cabo por todos los gobiernos han tenido como objetivo recuperar la senda de crecimiento en términos, claro está, económicos. Eso sí, políticas que dependiendo del país y del momento, han tenido éxitos dispares.

En el 68, Robert Kennedy dijo que el Producto Interior Bruto mide todo excepto aquello que hace a la vida realmente importante [1]… Y uno se pregunta ¿qué es lo que hace nuestras vidas más importantes? Pues bien, entre otras cosas, el sentimiento de autorrealización. Baste un dato: Desde 1960 el PIB americano ha crecido entorno a un 300% mientras que los americanos, no son hoy más felices que hace cincuenta años [3].

If You Worry about What Might Be, and Wonder What Might have Been, You will Ignore What Is

Y es que la obsesión de los gobiernos y sus políticas económicas es la de mejorar los índices de productividad y crecimiento a través de nuevos desarrollos tecnológicos y avances organizacionales, entre otros. Sin embargo, en este camino, la sociedad destruye los recursos naturales, sucumbe a nuevas enfermedades y se hace cada vez más injusta [5].

Engels definió la Economía como la ciencia que estudia las leyes que rigen la producción, la distribución, la circulación y el consumo de bienes materiales que satisfacen necesidades humanas. Y quizás, para entender mejor la crisis, tenemos que estudiar si realmente, en todo este tiempo, las necesidades humanas han sido realmente satisfechas.

Porque si realmente hubiera sido así, parece lógico creer que después de tantos años de crecimiento, la sociedad fuera hoy más justa, más feliz y más sostenible que hace medio siglo. Sin embargo, la situación parece ser la contraria, concentrándose el poder en manos de cada vez menos gente y destruyéndose cada vez más nuestros recursos.

Afortunadamente, algo parece que está cambiando con el auge de la industria de la felicidad [2]. Cada vez más economistas estudian los pormenores de la felicidad y elaboran ratios económicos que puedan utilizarse para entender mejor a la sociedad y por ende aplicar políticas económicas cercanas a las necesidades de la sociedad.

Estados Unidos es uno de los países que está estudiando la creación de una figura estadística que mida la felicidad de sus ciudadanos. Si finalmente lo consideran factible, Estados Unidos será el último país occidental en sumarse a esta corriente, como ya hicieron en su momento Francia e Inglaterra.

Ahora bien, si hay un país pionero en esta materia, ese país es Bután. Un país asiático que con una superficie similar a la de Suiza y una población cercana a los 700.000 habitantes fue el primero en orientar sus políticas económicas hacia el crecimiento de la felicidad a través del índice GNH, el Gross National Happiness (GNH) o Producto Nacional de la Felicidad.

Este índice, compuesto por nueve dominios bien diferenciados y con un total de ciento veinticuatro variables, ayuda al estado de Bután a entender el sentir de sus ciudadanos y por consiguiente, a orientar sus políticas hacia el crecimiento continuado de la felicidad.

Un desarrollo socioeconómico sostenible y equitativo, la preservación y promoción de la cultura, la conservación del medio ambiente y el código de buen gobierno son cuatro de los aspectos que más influyen en la felicidad de los butaneses.

Probablemente, trasladar el modelo de Bután a Occidente sea inviable por sus características económicas y socioculturales. Sin embargo, no es menos cierto que Bután fue, en 2007, la segunda economía que más creció en el mundo y; hoy por hoy, es además un país que ofrece una educación gratuita y en inglés que llega a casi todos los rincones del país.

Bután entiende que el crecimiento económico y el desarrollo futuro del país pasa, sin lugar a dudas, por entender mejor las necesidades de sus ciudadanos; contribuyendo a mejorar su calidad de vida y ayudándoles en su desarrollo personal.

Niño butanés explorando...

Hoy por hoy, las malas noticias nos desbordan. Parece difícil pensar que existen personas felices en momentos en los que la pérdida de empleo se ha convertido en una tónica lamentablemente cotidiana.

Sin embargo, no es menos cierto que en los últimos años la sociedad se ha orientado hacia la satisfacción material como proyecto de vida, relegando a un segundo plano, aspectos tan importantes como la libertad individual, los valores, las relaciones con los demás o incluso la calidad del trabajo o la salud.

La crisis nos está ofreciendo la oportunidad de enfocar la vida de otra manera, a unos con más virulencia que a otros; pero, en suma, estamos entendiendo que algo no ha funcionado. Estamos asumiendo que el desarrollo económico no sólo consiste en producir más y mejor sino que ahora, también nos preguntamos qué precio queremos pagar.

Quiero pensar que esta crisis va a ser una oportunidad para replantearnos el papel que como sociedad y ciudadanos tenemos en la contribución y desarrollo de nuestro futuro. Construir los mecanismos para que una crisis como la actual no se repita con la misma virulencia está en nuestras manos.

Debemos acometer las reformas económicas adecuadas que eliminen nuestros déficits estructurales y que pongan las bases para un crecimiento sostenible a largo plazo que genere riqueza y prosperidad a nuestra sociedad.

Un crecimiento económico sostenible en el tiempo, equitativo, que cuide los recursos naturales de los que disponemos y sobre todo que esté enfocado en contribuir al crecimiento y desarrollo personal de las personas. Porque al final de todo, ser felices y construir un proyecto de vida es lo que realmente importa. Y cuando las personas no son hoy más felices que antes es que el sistema no ha funcionado y, cuando algo no funciona, hay que trabajar para mejorarlo e incluso, cambiarlo.

Referencias

[1] El reino que quiso medir la felicidad, El País | [2] Happiness: No longer the dismal science?, The Economist | [3] The World Happiness Report, The Earth Institute Columbia University | [4] Buthan and Coke join hands for happiness, FT,
[5] Of the 1%, by the 1%, for the 1%, Vanity Fair | [6] ¿Cabe la felicidad en tiempos de crisis?, El País.


Propuestas para una reforma educativa en profundidad

En su último informe sobre competitividad [1], el World Economic Forum recomienda a España apostar decididamente por una economía basada en la innovación y el desarrollo tecnológico. Adquirir una fuerte capacidad innovadora y un alto desarrollo tecnológico requiere apostar con determinación por un capital humano, sano, bien formado y en continuo aprendizaje; además de la consiguiente inversión en I+D que no trataremos en este post.

El sistema educativo español tiene tres grandes problemas: su alta tasa de abandono escolar, el elevado paro juvenil y sus pobres resultados académicos. Si verdaderamente queremos apostar por un nuevo modelo productivo, basado en el conocimiento y el capital humano, debemos realizar una reforma en profundidad del sistema educativo. No sólo para orientar nuestra economía, sino para garantizar la empleabilidad de nuestros jóvenes y el reciclaje de nuestros parados.

Comenta Erik Hanushek en su artículo Education quality and economic growth  [2] que el 73% de la diferencia de crecimiento entre dos países se puede explicar únicamente con dos variables: Nivel Inicial de Ingresos y Nivel Intelectual de la Población. Añade, además, que si se enfocaran los esfuerzos en mejorar los resultados del examen PISA en una desviación estándar, se podría incrementar el PIB per cápita ¡en un 2%!

Otros estudios confirman que en tan sólo cuatro o cinco años, cualquier país con unos resultados aceptables en el examen PISA —como es el caso de España, 480 ptos.— podría alcanzar niveles entorno a 520 ptos. si se emprenden con determinación las reformas adecuadas.

¿Qué reformas proponemos?

En el caso de la Educación Primaria y Secundaria, se podrían resumir en proveer al sistema con mayor transparencia, profesionalizar la figura del profesor tanto en su nivel formativo como profesional, mayor concienciación social de la figura del profesor y mayor autonomía a los centros; de forma que a través de procesos heurísticos continuos puedan trabajar en la mejora continua del proyecto educativo docente.

Por otro lado, en el caso de la Formación Profesional, España debe reducir su déficit de titulados para ganar en competitividad a través del aumento de la productividad y no de la reducción salarial. Ideas como aumentar la oferta educativa, mayor transparencia y diferenciación con la Universidad y mayores facilidades de movimiento entre la FP y la Universidad y viceversa podrían compensar nuestro déficit de profesionales. Asímismo, sería conveniente estudiar los casos de Alemania y Suiza, ésta última con un paro juvenil del 8%, donde, entre otras cosas, la transición al mercado de trabajo no se postpone hasta la finalziación de los estudios.

Finalmente, la reforma educativa debería adaptar la Universidad al siglo XXI. En mi opinión, es fundamental aumentar el grado de autonomía y competencia de las universidades. Está comprobado que las universidades autónomas y enfrentadas en competencia, obtienen mejores resultados en el Ránking de Shanghai. Mayor autonomía para la contratación de personal o una mayor libertad para diseñar planes de estudio y buscar  estudiantes han servido a universidades públicas británicas, holandesas, suecas y suizas para mejorar su prestigio y calidad.

Otro aspecto fundamental sería la financiación, en donde se debería buscar un nuevo modelo que exija buenos resultados en docencia e investigación a la hora de recibir ayudas públicas. El número de alumnos o trabajos publicados no puede ser el criterio para recibar financiación. Profesionalizar la gestión de la universidades o reducir las carreras de menor demanda hacia un mínimo de escala serían medidas igualmente convenientes.

Propuestas para una reforma educativa en profundidad

Referencias: [1] World Economic Forum, Global Competitiveness Report 2011-2012; [2] E. Hanushek, Education Quality and Economic Growth. 2012.



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