¿ Una ciudad sin atascos?

Un lunes cualquiera, pongamos que durante el curso escolar. La lluvia no da tregua desde que amaneció y estamos a principios de mes. Si sumamos los bajos precios de los carburantes ya tenemos el perfecto caldo de cultivo para un gran atascoa la entrada de la ciudad.

La congestión se define como la obstrucción ocasionada por la aglomeración excesiva de , en este caso, vehículos. Lo que no expresa esta definición es el conjunto de costes sociales, económicos y ambientales de este fenómeno. ¿Es posible una ciudad sin atascos?

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No estamos tan mal

Lo cierto es que España tiene graves problemas en cuanto a congestiones, ya que según  el medidor INRIX del Tráfico (INRIX Traffic Scorecard) , los españoles perdimos de media 18 horas en atascos de tráfico en 2015, una hora más que en 2014. Esto representa un ligero aumento en la congestión del tráfico por segundo año consecutivo.

Pero esto no es nada si lo comparamos con los ciudadanos belgas, los cuales permanecieron atascados en sus vehículos 44 horas nada más y nada menos. Bélgica lidera el ranking de países más congestionados, con España en el número 11.

 

 

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En cuanto a ciudades, Barcelona lidera la lista de las ciudades más congestionadas de España. Los conductores de la Ciudad Condal perdieron una media de 28 horas en congestiones de tráfico durante 2015, seguidos de los madrileños, que desperdiciaron 21 horas en atascos.

 

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A nivel mundial, Londres encabeza la lista de ciudades con mayor nivel de congestión con 101 horas de retraso, seguida por Los Ángeles (81 horas), Washington DC (75), San Francisco (75), Houston (74), Nueva York (73), Stuttgart (73), Amberes (71), Colonia (71) y Bruselas (70).

 

Causas y consecuencias

Los atascos tienen tres tipos de causas: eventos en el tráfico (incidentes, obras y concidiones climáticas), demanda de tráfico (las variaciones que se producen en el tráfico “normal” de una determinada vía o situaciones especiales, como vacaciones) y las caracterísiticas físicas de la carretera (como dispositivos de control o cuellos de botella). A estas causas se le pueden añadir  el aumento del parque vehicular y de la dispersión urbana.

Por otro lado, existe una relación inequívoca en tre el aumento de los atascos y el crecimiento económico de una ciudad/país. Así, tal y como afirma Bryan Mistele, Presidente y CEO de INRIX: “La recuperación económica en España, la mejora en los datos de desempleo junto a la bajada de los precios del combustible, han repercutido directamente en la demanda del transporte por carretera, lo que ha supuesto un aumento en la congestión del tráfico” .

¿Y las consecuencias? En la sociedad actual, el tiempo perdido se traduce en dinero perdido. De hecho, según Martin Powell, esperto en movilidad perteneciente a Siemens, la enorme cifra del 1% del PIB europeo se malgasta en atascos, es decir , aproximadamente unos 300 millones de euros.A nivel individual, esto supone un importante coste económico para los ciudadanos. Por ejemplo, en los accesos a Barcelona y Madrid, el coste medio anual por usuario, solo por la pérdida de tiempo, es de 460 y 538 €al año, respectivamente, y para los usuarios de hora punta se alcanzan los 1.351 € anuales.

 

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Por otro lado están los efectos en el medio ambiente, ya que se aumentan los tiempos de funcionamiento de los vehículos, y a más bajas velocidades, aumentando de este modo las emisiones. Y por último,  el estrés y cabreo generalizado que provocan.

Si tenemos en cuenta las previsiones que organismos como la OECD elaboran, para 2050 habrá casi el doble de coches que hoy en día, unos 2.500 millones y que la mayoría de estos atascos son inevitables, la pregunta parece obvia: ¿ Hay algo que podamos hacer? La respuesta es afirmativa.

A grandes males grandes remedios

Los objetivos son nítidos : Reducir el número de desplazamientos, hacerlos más cortos y distriburilos más en el tiempo. Actualmente se aplican multitud de medidas en vías de conseguir dichos objetivos, tales como la intensificación del transporte público y del car-sharing y  por otro lado hay medidas a las que  aún les queda recorrido , como a la estimulación del teletrabajo y de los horarios flexibles. Pero para que estos objetivos se cumplan de una forma más efectiva parece inevitable acudir a la tecnología.

La ruta más rápida es…

Desde 2008, la compañía de navegación TomTom ha analizado minuto a minuto el estado del tráfico para saber, a día de hoy, con qué nos encontraremos en nuestro camino. Esa es una de las funciones de los últimos dispositivos GPS , que ahora ofrecen la actualización gratuita de sus servicios de mapas y radares, además de información precisa en tiempo real.  Incluso algunas aplicaciones son capaces de sugerirte, y casi en tiempo real, la ruta más aconsejada para ir más rápido y evitar las retenciones.

Un ejemplo es Waze, una aplicación comprada por Google pero que sigue operando de manera independiente, es una de estas aplicaciones que sugiere a sus usuarios las alternativas. La aplicación permite que sus usuarios informen de cualquier incidencia en cualquier lugar de la ciudad o carretera y se aplica inteligencia artificial para que solo se muestre la información cuando sea relevante (por ejemplo, cierre de una carretera por obras).

Otro ejemplo se desarrolló en la Universidad De Granada:  Su proyecto lleva el nombre de PETRA (Predicción del Estado del Tráfico) y consiste en un conjunto de aparatos situados en zonas urbanas e interurbanas de Granada, Málaga y Almería que, mediante Bluetooth, recogen información de los dispositivos móviles de los vehículos que pasan cerca de esos puntos, a los que identifican y agregan una marca de tiempo. El objetivo es ofrecer esa información como datos abiertos para su consumo en aplicaciones creadas para el móvil.

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Dando vueltas

Otra alternativa para paliar los atascos son los sensores de baja potencia y contadores inteligentes para rastrear la ocupación de plazas de aparcamiento en las zonas más congestionadas de las ciudades.Según el profesor de UCLA, Donald Shoup, entre el 8 y el 74% del tráfico en zonas céntricas congestionadas se debe a las personas que dan vueltas para encontrar una plaza de aparcamiento.

Los sensores son del tamaño de una tapa de taza de café y se incrustan en el asfalto. Los contadores inteligentes permiten a los usuarios pagar con sus teléfonos móviles.Con la información de los sensores, la ciudad es capaz de cambiar el precio de su aparcamiento en función de la demanda, elevándolo para un evento especial o una hora particularmente ocupada. Esta información también alerta a los agentes si el pago de parquímetros ha expirado y otras incidencias, lo que reduce el tiempo que las personas dedican a conducir en círculos buscando una plaza libre.Los conductores reciben alertas sobre dónde sí y dónde no es probable encontrar una plaza de aparcamiento.

Semáforos inteligentes

La tecnología también puede servir para que, de manera automática, se varíe la frecuencia de los semáforos en función de cada necesidad específica.Así, por ejemplo, en Hamburgo (Alemania) se están instalando sensores y cámaras en las principales carreteras de la zona del puerto que informan sobre el flujo de tráfico. Esta información se procesa a través de un sistema de gestión integrado que la analiza en tiempo real y vuelve a informar a los conductores sobre el estado del tráfico a través de las señales luminosas.

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El polémico peaje

Una opción que no dependería tanto de la tecnología sería el establecimiento de peajes, aunque su mayor facilidad de establecimiento va acompañada de una mayor impopularidad.Este peaje hace que suba el coste privado de usar la carretera y así algunos conductores que dudan entre usar la carretera o el transporte público  decidan hacer lo segundo.La cantidad a pagar en el peaje será cero en momentos del día en que el nivel de tráfico es igual al nivel óptimo.

Con este método se evitan gastos de subvención en transporte público, siendo responsable del coste de la externalidad quien la genera.Algunas ciudades, como Singapur han usado desde hace años peajes. Desde el 2000, otras ciudades como Londres y Estocolmo utilizan sistemas parecidos. Concretamente en Londres,el nuevo alcalde, Sadiq Khan, ha impulsado una medida con la que en dos años, los coches más contaminantes (empezando por los Diesel) tendrán que pagar unos 16 euros por poder circular por gran parte de la ciudad.Los vehículos diésel tendrán que pagar el “peaje de contaminación”, a sumar al “peaje de congestión” de 15 euros que ya se paga desde hace una larga decada para poder circular por el centro.

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Esta medida puede resultar peligrosa, ya que este coste asociado a la densidad del tráfico, no permitiría a las personas con menor nivel económico acceder a las infraestructuras que ellas mismas han financiado con sus impuestos, así como que un aumento tan gigantesco de los usuarios del transporte público requeriría de grandes inversiones.Y es algo que se ha visto en Londres, donde no puedes entrar a la ciudad con un Renault Clio sin pagar, pero si puedes entrar gratis con un BMW X6 Hybrid con motor V8.

En la ciudad de Lyon(Francia) se ha conseguido reducir el número de coches que entra en la ciudad  un 20 % en la última década, y sin recurrir a un peaje de entrada. Se ha conseguido mediante una reestructuración del centro de la ciudad, donde se fue proporcionando cada vez más espacio a las zonas peatonales, el tranvía y al sistema de bicicletas (Vélo’v).

En la actualidad Lyon cuenta con 614 km de carriles bicis).Actualmente, acceder al centro de Lyon en coche sigue siendo posible y mucha gente lo sigue haciendo.En realidad no está prohibido, está regulado, devolviendo la prioridad al peatón. Y como el coche se mueve mal en un espacio peatonal, el automóvil tiende a desaparecer de forma natural de esa zona.

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La amenaza fantasma: la gran injusticia automovilística

Un fenómeno interesante y que se está analizando mucho últimamente es el de los atascos fantasmas. Estos no son más que atascos que se producen aunque no haya excesivo tráfico rodado en la vía.Todo lo que hace falta es que un solo coche circule demasiado cerca de otro y tenga que disminuir su velocidad pisando un poco el freno. No hacen falta accidentes, ni saturaciones ni nada parecido. De ahí que lo de respetar la distancia de seguridad sea tan importante para evitar accidentes como para evitar la formación de atascos.

La forma en que se propaga el atasco hacia atrás es simplemente más lenta que la capacidad de reacción/recuperación de los coches que van delante: por eso el atasco crece y crece.El efecto final es que aunque quien provocó el atasco puede seguir adelante sin problemas, puede que haya generado un atasco monumental detrás de su vehículo con sus acciones.

Volkswagen ha instalado sistemas para implementa la estrategia de conducción en el vehículo, dando recomendaciones o controlando automáticamente la distancia y la velocidad. Otro ejemplo claro de estos sistemas es la “Luz Electrónica de Frenado” como la han llamado en Ford. Este dispositivo transmitiría una señal inalámbrica a otros vehículos incluso fuera del radio de acción de una luz convencional, lo que evitaría accidentes y mejoraría la circulación, evitando los freanzos bruscos.

Por último cabe mencionar una reciente e imaginativa solución, originaria de China y denominada TEB (Transit Elevated Bus).Fue presentado recientemente en la Exposición Internacional de Alta Tecnología de Pekín (China). Puede llevar a hasta 1.200 pasajeros y alcanzará una velocidad máxima de 60 km/h, más que suficiente dado que va a rodar en ciudad.Bai Zhiming, ingeniero encargado del proyecto, asegura que el coste de fabricación de cada uno es muy inferior al del medio de transporte con el que más similitudes tiene: el metro.

 

 


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