Peatonalidad, espacios públicos y planificación urbana

¿Es la peatonalización de espacios urbanos la forma más eficiente de resolver los problemas asociados al transporte en las ciudades? Por supuesto, dependerá de quién conteste a la pregunta, como se deduce de las “encuestas” que los medios de comunicación realizan en aquellos lugares en los que se valora esa posibilidad (por ejemplo, Madrid). Sin embargo, conviene ir algo más allá y analizar los diferentes factores a tener en cuenta cuando se plantea la recuperación de calles para el peatón.

A pesar de que el viaje a pie es el único modo de transporte imprescindible en la mayor parte de los desplazamientos (por fuerza hay que andar para llegar al coche o al transporte público), pocas veces se le da la importancia que debería tener como alternativa de movilidad en centros urbanos compactos. La forma de pensar la ciudad tiene que ver con el estilo de vida o la época, sin embargo, la planificación urbana tiene que actuar como motor para modificar ciertos esquemas que a todas luces son perjudiciales para la economía (despilfarro de energía), el medio ambiente (emisiones de efecto invernadero) y la salud (contaminación del aire y accidentes de tráfico). Es por ello que las infraestructuras peatonales tendrían que enmarcarse dentro de una solución para toda la ciudad, ya que las actuaciones aisladas, mal informadas y sin objetivos claros acaban por volverse en contra del transeúnte.

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Ejemplo de peatonalización mal ejecutada: pasos de cebra (adoquines en rosa) que nadie identifica como tales ni respeta (Barrio de Malasaña, Madrid)

Algunas ciudades sí han conseguido convertir el viaje a pie en el protagonista de la movilidad urbana, como sucede en el caso de Pontevedra. Si bien es cierto que su pequeño tamaño ha favorecido su reconversión, el éxito a la hora de expulsar al coche de su centro merece valorar la posibilidad de replicar su actuación en otras ciudades. Los resultados saltan a la vista, con opiniones favorables de los vecinos, así como estudios que cuantifican en un 66% el descenso de tráfico de coches, en un 70% la reducción de emisiones y en unas 400 toneladas de combustible diarias de ahorro. Crear un marco regulatorio adecuado, potenciar las infraestructuras que permiten desviar esta circulación hacia ejes externos, así como dotar al ciudadano de intrumentos visibles (destaca el plano que muestra las rutas y los tiempos de deplazamiento a pie por la ciudad), han hecho que Pontevedra sea reconocida internacionalmente gracias a su modelo urbano peatonal.

Plano de rutas peatonales de Pontevedra

En aquellas ciudades en las que los problemas de tráfico han degradado las condiciones de vida, la peatonalización de espacios urbanos (siempre conforme a  criterios técnicos y acuerdos socio-políticos) puede ir acompañada de pequeñas actuaciones e iniciativas que pueden parecer insignificantes: la reducción de las velocidades de circulación de los vehículos, la priorización semafórica, la conexión con el transporte público, los caminos escolares protegidos o la confortabilidad de las vías. Estas medidas se han ido desarrollando con éxito en lugares tan diversos como la misma Pontevedra, Vitoria, Rotterdam o Medellín.

La reconquista de las calles que los peatones perdieron en las últimas décadas del siglo XX es sin duda una de las formas más fáciles de dinamizar los espacios públicos de la ciudades, convirtiendo las aceras en lugares atractivos por los que desplazarse y, en definitiva, contribuyendo a la cohesión social y al contacto entre las personas y con el entorno.


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