Frases de Avelino Corma que quiero grabar en mi memoria

Vivimos unos tiempos dominados por una economía, a veces deshumanizadora, en la que el objetivo casi único es obtener cada vez un mayor beneficio, exigiendo resultados cortoplacistas también a la educación y la investigación, sin tener en cuenta que el aprendizaje y generación de conocimiento transcurren por un camino largo que requiere recursos y esfuerzo continuado para recorrerlo. No podemos olvidar que el objetivo de la Universidad y los centros públicos de investigación no es solamente formar buenos técnicos preparados para triunfar en el campo profesional. Lo que deseamos y pretendemos es que nuestros jóvenes alcancen una formación integral como seres humanos libres y conscientes de su responsabilidad social. Personas convencidas de que el fin último es conseguir una sociedad más justa y de que hemos heredado nuestro planeta como un préstamo que debemos transmitir a las futuras generaciones en las mejores condiciones.

Del discurso de Avelino Corma, Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2014. 

@mariamfresno

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Resiliencia, gestión del naufragio

En estos tiempos que corren, sería fácil darle una connotación negativa a aquellas personas que ocupan cargos políticos o de alta dirección. Cargos distantes, con los que no nos sentimos identificados y que en muchos casos,  asociamos a sueldos astronómicos, poder e incluso corrupción.  Y desde luego alejados de la responsabilidad social. Quizás porque además de estar pasando por una crisis económica estamos inmersos, desde mi punto de vista, en una crisis de valores.

Podríamos pensar en ello como en una utopía. Las utopías sociales están íntimamente relacionadas con el deseo de dar un sentido a la vida y alcanzar la felicidad, se encuentran la necesidad y la búsqueda de un mundo mejor, más solidario y más justo.

El término utopía se debe a Thomas More (Tomás Moro), quien tituló así una de las obras más importantes de este género. Tomas Moro bautizó con este término una isla idílica, perdida en medio del océano, cuyos habitantes habían logrado el Estado perfecto: un Estado caracterizado por la convivencia pacífica, el bienestar físico y moral de sus habitantes, y el disfrute común de los bienes.

Solo los que pensamos, en que la aspiración hacia un escenario así aun es posible y que debe haber un esfuerzo colectivo por avanzar hacia ese fin, no tiramos la toalla.

En un libro que Pilar Gómez-Acebo nos recomendó,  titulado “Resiliencia, gestión del naufragio”, entrevistan a varios ejemplos de personas con esta fundamental característica. La resiliencia supone una mayor adaptación al cambio y a los retos, y una mayor capacidad para sobrellevar determinadas emociones negativas. La RAE lo define como la capacidad para afrontar la adversidad y lograr un mayor equilibrio emocional frente a situaciones de estrés. Sin embargo, en el libro encontramos múltiples definiciones distintas y enriquecedoras.

Las personas resilientes se caracterizan por una serie de atributos:

  • Autoestima
  • Autoconocimiento introspección y autorreflexión,
  • Resistencia a las críticas negativas
  • Automotivación y compromiso con un determinado proyecto personal,
  • Control de las propias emociones y empatía con las de otros,
  • Comunicación resiliente: comunicación positiva y coherente y recepción positiva de la comunicación
  • Adaptación al cambio y flexibilidad, valorando a diversidad.
  • Creatividad, búsqueda de soluciones, innovación, ver oportunidades en la crisis.
  • Afecto y apoyo. Capacidad de relacionarse y de establecer lazos estables con otras personas para equilibrar la propia necesidad de afecto, con la actitud de brindarse a otros.
  • Capacidad de pensamiento crítico, fruto de la combinación de las anteriores y que permite analizar críticamente las causas y responsabilidades de la adversidad que se sufre cuando es la sociedad en su conjunto la adversidad que se enfrenta. Y se propone modelos de hacerles frente y cambiarlas. Actúa.
  • Humor.Encontrar lo cómico en la propia tragedia.

Dice el libro que esta cualidad, por tanto no es estática ya que puede variar a través del tiempo.

Dentro de un grupo, la resiliencia estaría presente cuando el grupo apuesta por la cohesión, no descartando la flexibilidad. Cuando hay comunicación franca entres sus miembros. Cuando el grupo se reafirma en la búsqueda de objetivos comunes y es capaz de resolver conflictos a partir de las anteriores premisas. Pero no hay posibilidad de desarrollo grupal sin un claro proyecto personal.

El libro recoge entrevistas con 14 grandes personas, con sus personalidades y trayectoria de vida, que a través de distintas experiencias tuvieron la sabiduría y el empuje para desarrollar y compartir su resiliencia. Todas ellas a leer con detenimiento.

Quisiera resaltar la entrevista al padre Ángel, fundador de Mensajeros de la Paz. En un momento de la conversación con él, le preguntan sobre su relación con diversos políticos a los que fue implicando en sus proyectos. Contesta el padre Ángel “Uno tiene que creer en Dios y en los hombres (…). Creer en Dios a veces es más difícil todavía, pero creer en los hombres es muy fácil (…). Cuando digo creer en los políticos es porque yo tengo que creer en ellos. Y cuando deje de creer en ellos se hunde el mundo. Es decir, que en este momento en que la gente no cree en los políticos está hundiendo el país. Personalmente yo creo en los políticos y creo que además son los únicos que pueden hacer un mundo mejor; no lo puede hacer ni la Iglesia ni las ONG ni nada (…). Hay que creer en la gente. (…). Hay gente que se cree que está rodeada de gente mala, ingenuos y tontos que creen que están rodeados de traidores, claro. Si yo creyera que mi gente es traidora, sería un no vivir”

No cabe duda que nuestros políticos han creado un clima de desconfianza y unas expectativas, en el ciudadano de a pie, cuanto menos desoladoras. Pero de este libro me quedo con muchas reflexiones y querría para este momento, escoger dos:

La primera es cada uno de los entrevistados ha desarrollado su resiliencia y la han trasmitido en su ámbito de vida personal y laboral, la han compartido, como una cualidad indispensable, para que podamos salir de situaciones adversas, como una evolución hacia unos valores fundamentales para producir un cambio. Como decía Pilar Gómez-Acebo, los cambios empiezan desde las bases, desde el ciudadano.

La segunda, es que no podemos perder la fe en las personas. Como decía el padre Ángel, sería un no vivir. No debemos perder nuestra capacidad de ser críticos y obviamente, no todo es tolerable. Pero en política, en puestos directivos de instituciones y de  grandes y pequeñas empresas,  hay personas que son conscientes de que algo está pasando. Mas allá de la crisis económica, ya se percibe la crisis de valores y no podemos dejar de apoyar a aquellos dispuestos a combatir esta crisis (sin duda está muy relacionada con la primera). De este libro: “la causa es humana y no económica, y la solución también”.

El cambio puede ser para muchos una utopía y muchas personas critican las utopías porque la mayoría de las veces, los medios son más importantes que el fin. Sin embargo según Galeano, la utopía “sirve para caminar”.  Transformar utopías en realidades comienza por un esfuerzo: entender, desarrollar, aplicar y compartir  una cualidad muy desconocida, la resiliencia.

http://www.lideditorial.com/novedad/libros/1002099014101/resiliencia-gestion-naufragio.1.html

@mariamfresno

 

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