Emprendedores: una forma de ser más allá del fracaso.

Es importante para un adecuado crecimiento del emprendimiento y de la innovación aprender a valorar correctamente el fracaso. Muchas personas quieren ser emprendedores, ministros o gerentes sin pasar por lo que dicha condición implica, que es mucha auto exigencia y alto desempeño.

Uno de mis ídolos ha sido Michael Jordan, quizás uno de los mejores deportistas de la historia, hasta el punto de que otro de mis ídolos – Larry Bird -afirmara una noche viéndole jugar contra su equipo que “Dios se había disfrazo de jugador de baloncesto aquella noche”. Pues ese mismo referente, Michael Jordan, es el que afirmaba “He fracasado una y otra vez en mi vida, y es por eso que he sido exitoso”. Incluso otro personaje que asociamos hoy en día al éxito como es Richard Branson, fundador de Virgin,  tiene como lema “¡No me importa lo que pase, hagámoslo! (Screw it, Let´s do it!)”

A veces sorprende como en determinados foros, de jóvenes y no tan jóvenes con un nivel de capacitación que identificamos como elevado (estudiantes de postgrado, master), presentes y futuros líderes de nuestras sociedades, responden ante cualquier idea que se les presenta “es que no se puede”, lo que se traduce para el que los está escuchando o leyendo en una pérdida de tiempo.

Quizás debe aprenderse a valorar en un Cv (sinceramente creo que en este aspecto los americanos están por muy delante nuestro) el poder indicar que una persona ha intentado una serie de opciones y que en una, algunas o todas ha caído pero que le han permitido aprender A, B y C, de manera que si no lo hubiera intentado su riqueza personal si no inferior al menos si hubiera sido otra.

Obviamente es importante cuestionarse por qué una persona emprende, cuál es su propósito. No vale únicamente manifestar que se es emprendedor o empresario, como tan de moda se ha puesto en algunos ámbitos. Hay que establecer qué le mueve a emprender, en qué sociedad está pensando y cómo espera lograrla, cuál es su sueño, su motivación. Es más importante el fondo que la forma.

El que no tiene un propósito firme y claro, probablemente abandone su “sueño” ante el primer fracaso, por lo que es fundamental cuestionarse la razón por la cual se hacen las cosas, pues al final lo que somos es el fundamento de lo que hacemos. Es fundamental edificar sobre piedra y no sobre arena. Un país, una sociedad, se construye cuando unimos los propósitos y trabajamos en conjunto para lograrlo. En torno al emprendimiento se han establecido varios mitos que es necesario también afrontar y superar:

Los emprendedores nacen, no se hacen. Esta idea ha prevalecido en la conciencia colectiva de los emprendedores, dado que se le atribuyen al emprendedor características que no pueden ser enseñadas, cualidades intrínsecas de una persona, como la creatividad, el ingenio, la capacidad analítica y de tomar riesgos. Sin embargo, actualmente, el emprendimiento es casi percibido como una ciencia, pues, a través del estudio de casos, se han podido identificar modelos y procesos. Esto implica que puede ser aprendido, bajo ciertas condiciones.

Emprendedor = inventor . Si bien el status quo indica que innovación y emprendimiento van de la mano, este concepto nace de la idea errónea de que los emprendedores comercializan sus propias invenciones. Sin embargo, la innovación no radica necesariamente en crear un producto o servicio innovador, sino en encontrar una necesidad insatisfecha en un mercado específico, y cómo satisfacerla. Todo vale: puede crearse la solución o importarla. Si se opta por lo segundo, se corre el riesgo de que el producto no adopte las características del mercado y sea rechazado.

La experiencia lo es todo. Se cree que solo las personas “con mucha calle” en el mundo laboral, son indicadas para emprender. Sin embargo, el estudio de casos revela lo contrario. Es más, diversos estudios y rankings de la prensa, revelan que los emprendedores suelen tener menos de 35 años.

El empleo es seguro, el emprendimiento no. Esta falsa premisa inhibe a gran cantidad de asalariados a emprender y probablemente es la causa de que se emprenda tan tarde en muchos países. En países como Estados Unidos, Brasil o India la edad de comienzo de los emprendedores se sitúa en los 25 años. Esta cifra es sintomática de un afán claro por el autoempleo que, afortunadamente, está paulatinamente extendiéndose a otros países.

Los emprendedores tienen más tiempo libre, porque son sus propios jefes. Los emprendedores son sus propios jefes. Sin embargo, esto no implica que tengan más tiempo libre, muy por el contrario, responden por sus empresas, por lo que deben rendir cuentas a socios, inversionistas y empleados. La única libertad que goza el emprendedor es a quién responder y cuándo. Los emprendedores tienden a trabajar más horas que los gerentes de las grandes compañías, sin embargo, padecen en menor medida de trastornos como estrés. ¿La razón? Porque están plenamente satisfechos con su trabajo.


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