REFLEXIONES AMBIENTALES

portada300-reflexiones-ambientalesEn esta obra se hace un recorrido por los temas ambientales que fueron suscitando la atención del autor a partir del año 2010. Comienza con un homenaje a Félix Rodríguez de la Fuente, precursor de la defensa de la naturaleza en España e inspirador de toda una generación de profesionales ambientales; continúa reflexionando sobre los conceptos que, en relación con estos temas, se barajaban en aquellos momentos y termina abordando todo aquello que, conectado con el entorno, pasaba por la mente del autor.
En cada uno de los artículos se trata, siempre, de hacer una crítica no sólo constructiva y conciliadora con el progreso, sino que también lo más alejada posible de los aspectos meramente coyunturales. Todo ello, con objeto de encontrar un punto de equilibrio en el que, tratando de poner en primer lugar la defensa del medio, no se comprometa el desarrollo económico y que éste retroalimente, a su vez, la defensa ambiental.

 

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 EL COCHE ELÉCTRICO, ¿CONTAMINA?

 

Es muy raro el día en el que no aparece en los medios de comunicación una noticia relacionada con el progreso en la introducción del vehículo eléctrico, en sus distintas versiones, en la vida real. Las principales marcas lanzan modelos que se alejan progresivamente del concepto de prototipo, las baterías son cada vez más potentes y nos permiten recorrer distancias más largas e, incluso, las autoridades apuestan por este sector y empiezan a predicar con el ejemplo, dotando a sus representantes de vehículos de este tipo o adquiriendo pequeñas flotas para prestar algunos de sus servicios.

No cabe duda de que el fenómeno es imparable y que debe contar con nuestro apoyo. Sin embargo, en mi opinión se deben hacer algunas consideraciones que nos ayuden a enfocar el tema y abordarlo con rigor, ya que el desarrollo e introducción del coche eléctrico se está presentando como la solución a casi todo, y la realidad es que resuelve algunos problemas, pero, sobre todo, puede ser un vector coadyuvante para la resolución de otros muchos.

En primer lugar, la idea del coche eléctrico se está presentando por los medios de comunicación y por las autoridades como una solución a la contaminación y una alternativa a los combustibles fósiles, y esto ni es cierto ni deja de serlo, dependerá de dónde y cómo se genere esa electricidad, sin perjuicio de la contaminación y el consumo de recursos que lleva implícita la fabricación de sus diferentes componentes: baterías, neumáticos y motores entre otros.

Si la energía eléctrica con la que se proveen las baterías se generase en una central térmica, casi tendríamos un motor diésel que en vez de contaminar en el Paseo de la Castellana o la Avenida Diagonal, lo haría en Teruel o Asturias. Si por el contrario, esa energía proviniera de una central nuclear, podríamos disponer de un utilitario atómico, pero si nuestro vehículo tuviese la suerte de succionar la energía de una de las plantas que se nutren de carbón nacional, estaríamos en presencia del último prototipo de gasógeno.

Ahora bien, también cabe la posibilidad de que la energía que empuje a esos automóviles se haya producido en un aerogenerador o una central hidroeléctrica o incluso en un huerto solar, en cuyo caso su tubo de escape virtual no exhalaría humo ni residuos radiactivos, sólo estaría transformando el paisaje o interfiriendo los cursos naturales de los ríos.

Con esto, lo que quiero poner de manifiesto es que una de las principales tareas pendientes de abordar por este país es consensuar, de una vez por todas y en un marco estable, un modelo energético en el que se establezcan los costes económicos, sociales, de dependencia del exterior, de contaminación y de cualquier otra índole que estemos dispuestos a asumir, y posteriormente y como segunda derivada, fomentemos el uso del vehículo eléctrico, que circulando por las carreteras españolas va a contribuir a difundir y socializar el modelo adoptado, contaminando al precio que la sociedad, en su conjunto, haya decido.

Dicho esto, a día de hoy, no creo que la sociedad deba renunciar a las cuotas de libertad de que le ha dotado el automóvil, pero también creo que se hace necesario reflexionar sobre el modelo social que se ha impuesto en gran parte de la sociedad, que nos ha hecho esclavos del vehículo.

Mientras se decide cuál va a ser el mix energético y reflexionamos sobre cómo queremos vivir, fabricantes y autoridades deben seguir trabajando para que este, todavía, proyecto se convierta en realidad, y no sólo nuestras calles estén menos sucias y el ruido se atempere, sino que se siga investigando para que la autonomía y los sistemas de recarga de las baterías permitan a estos modelos rebasar el ámbito urbano.

26 FEB 2011

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