EL BOSQUE NO SOLO ES MADERA

IMG_2262Dependiendo de que seamos habitantes de una gran ciudad o de que vivamos más cerca del mundo rural solemos percibir el monte casi exclusivamente como proveedor de paisaje o como fuente de madera. Sin embargo, a poco que se reflexione sobre los beneficios que el bosque puede proporcionarnos, tanto los “urbanitas” como los que moran en pueblos y aldeas no tardarían en percatarse de que un bosque bien gestionado ayuda a proteger el suelo, colabora a mantener la biodiversidad, que gracias a él mejora la calidad del aire y que su presencia, sobre todo en las cabeceras de las cuencas fluviales es fundamental para evitar las avenidas y mejorar la calidad del agua.

La mayoría de los beneficios, más arriba apuntados, tienen un carácter intangible y no por ello son menos importantes, sin embargo, a lo largo de las siguientes líneas me gustaría centrarme en media docena de beneficios económicos directos que además de poder contribuir a la explotación sostenible del monte en su faceta social y económica, generando empleo y riqueza, no sólo no tienen porque perjudicar el medio natural, sino que incluso pueden protegerlo y mejorarlo.

No cabe duda de que es imprescindible respetar escrupulosamente nuestro entorno y velar por la conservación de los diferentes recursos naturales que alberga, ahora bien, la humanidad no se puede permitir el lujo de no aprovechar unos recursos renovables y saludables en su propio beneficio y con el objetivo fundamental de que más gente viva mejor.

#MICOLOGIA

En este sentido me atrevo a mencionar actividades económicas, ligadas al monte que sin embargo no están relacionadas directamente con la explotación de la madera. En primer lugar me quiero referir a la explotación de las resinas naturales que tras décadas de abandono se vuelven a extraer de los pinos pinaster en amplias zonas de Castilla, también a la industria corchera, antaño boyante y hoy en día con serios problemas de viabilidad en muchas de sus empresas transformadoras, tampoco nos podemos olvidar del piñón, de la trufa, de las explotaciones micológicas, poco no nada reguladas, de la caza o de las múltiples variantes del turismo y el ocio.

Estas actividades fijan población al medio rural, generan empleo y riqueza en zonas donde no lo hay y contribuyen a la conservación del recurso forestal manteniendo limpio el monte y por tanto protegido de los incendios. Es incuestionable que cuando a cualquier recurso se le dota de un valor económico se favorece su cuidado y conservación y en consecuencia se produce una mejora y un incremento de la producción, entrando en un círculo virtuoso.

Ahora bien la explotación de los recursos propuesta no se puede hacer de cualquier modo y a costa de todo. Se deben regular, sin asfixiar, las actividades productivas y se tiene que proteger la titularidad de esos bienes para que el propietario se implique en su gestión. De lo contrario, el furtivismo y la técnica de tierra quemada impedirá una explotación racional y sostenible en el tiempo de unos recursos que periódicamente son esquilmados por gente ajena a ese entorno que queremos proteger.

Por último sería muy importante que estas explotaciones no sólo se modernizasen y se incardinaran, en la media de lo posible, en la era tecnológica sino que sobre todo rebasasen el umbral tradicional de la mera obtención del recurso y diesen el salto a su procesamiento y trasformación de modo que la riqueza que de por sí generan se pudiese multiplicar en aquellas regiones donde se generó.

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