LA PARADOJA DE LA RIVALIDAD ORGANIZATIVA

En el llamado “Mundo Occidental” hemos sido criados en una cultura de la rivalidad y la competencia, entendidas como el enfrentamiento con otras personas para así alcanzar los mejores resultados.

Esta rivalidad o comportamiento competitivo se supone que es un generador de eficacia, ya que saca lo mejor de los individuos, entronizando así a los mejores. De esta manera, los mejores sobreviven, se perpetúan y triunfan, tal y como hacen las empresas en un mercado competitivo. Visto así, los individuos son como empresas que compiten entre sí para ganar el favor de sus clientes, que en este caso serían los directivos y propietarios de las empresas en que trabajan.

Todo ello suena bastante intuitivo y natural, sólo que individuos y organizaciones son entes diferentes en esencia, y a los que por tanto no puede aplicarse la misma lógica. De hecho, una organización es la suma de muchos individuos, no un individuo en sí misma. Esto también es bastante obvio e intuitivo, pero incluso así, por alguna razón seguimos pensando que un grupo de individuos compitiendo entre sí producirá el mejor resultado colectivo posible.

Ello explica porqué enfrentamientos internos sin fin, conflictos absurdos e irrelevantes, y una pueril y eterna lucha por el poder, copan el día a día de ejecutivos y directivos de todo el mundo, generando así un desperdicio fenomenal de energía humana y, como consecuencia de ello, de recursos materiales y financieros que podrían ser utilizados más constructivamente al servicio de los resultados empresariales y del éxito en el mercado.

Rivalry between two workers

¿Pero por qué ocurre esto? Muy fácil: empleados, técnicos, ejecutivos, directivos, todos ellos luchan por triunfar en sus propias carreras profesionales, compitiendo entre sí y olvidando por el camino que los verdaderos competidores están fuera de sus empresas, en otras organizaciones que proveen de productos y servicios parecidos al mismo mercado. Este comportamiento individualista socava la competitividad empresarial y el potencial de éxito de la propia empresa en el mercado, y como resultado de ello también las oportunidades de progresar, desarrollarse profesionalmente y acceder a remuneraciones más altas.

Resumiendo: cuanto más competitivo es el comportamiento de los individuos en las organizaciones, menos competitivas se vuelven éstas. O en otras palabras: cuanto mayor sea la rivalidad y menor la colaboración internas, menos competitiva será una empresa en su mercado. Llamemos a esto La Paradoja de la Rivalidad Organizativa.

© Daniel Siles 2016


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