Cerámica y Rakú

La cerámica es un apasionante mundo lleno de muy diferentes materiales y formas de hacer. Extremadura, tierra en la que estoy afincada, (aunque provenga de un poco mas al sur, de las tierras del gran maestro Picasso), es bastante conocida por su amplia tradición cerámica. Extremadura es tierra de barros. Ha sido una gran productora y exportadora de piezas de alfareria, pero ahora se va sumergiendo cada vez mas en un mercado globalizado, en el que predomina el precio mas bajo. Esta tendencia va llevando a los alfares de estas tierras a pasar por muy malos momentos. Por ello, es cada vez mas importante reconocer que es necesario reinventar estos conocimientos de saber hacer generacionales, para innovar e introducir otras formas de entender, hacer y hacer entender a otros el valor del mantenimiento de estos oficios cargados de tantos conocimientos de las materias y los elementos.

Para mi la cerámica es un mundo interminable de posibilidades, es una de las manifestaciones artesanales y artísticas mas antigua de la especie humana, con la que, posiblemente por primera vez, el ser humano demuestra su dominio sobre los cuatro elementos – tierra, agua, aire y fuego. Las piezas nos acerca, y mucho, a la personalidad y al modo de vivir de quien la produce. Ha significado siempre una de las fuentes de información mas importantes en el mundo arqueológico, para conocer a las civilizaciones que las producían. Ya que sus formas y decoraciones dan multitud de información de sus usos y costumbres y saberes.

Hoy, desde aquí os voy a mostrar un poco de una de tantas interesantes técnicas cerámicas. Con la cual experimento y produzco. El Rakú

Contenedores de Cerámica Rakú _ Lola Chamizo

Contenedores de Cerámica Rakú hechos en los últimos meses

El Rakú es una técnica tradicional oriental de elaboración de cerámica. Rakú significa tranquilidad, pero también “diversión” o “felicidad”. Se cree que es originaria de Corea, sin embargo es desde Japón de donde se ha extendido y encantado a todos los que tienen contacto con ella. Las piezas se llevan a un horno a 900 grados centígrados aprox. Cuando los esmaltes se funden, se sacan en estado de incandescencia y se depositan en un recipiente lleno de viruta de madera. El contacto con este medio incendia la viruta y se genera una enorme cantidad de humo que penetra en la pieza y entra a ser parte de ella. Se obtienen tonalidades, texturas, matices y colores fascinantes y nunca iguales de una pieza a otra. El Raku es, pues, una compleja alquimia donde intervienen los cuatro elementos (tierra, fuego, agua y aire) de la cual resultan piezas únicas, siempre maravillosas.

Pincha aquí para ver un vídeo del proceso de cocción


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