“No hay líder mejor o peor por sí mismo, sino contextos adecuados para un determinado tipo de liderazgo”

Luis Arroyo es uno de los consultores más respetados en comunicación política, social y empresarial del mundo hispano. Asesora a gobiernos, primeros ministros y líderes políticos, empresariales y sociales de Europa y América Latina y colabora en el diseño de campañas electorales en todos sus niveles. Es sociólogo, profesor, profesor y conferenciante en una decena de universidades y escuelas de negocio, tanto en nuestro país como en América Latina… Pero Luis Arroyo también se ha acercado al Colegio Mayor Guadalupe para analizar Cómo se fabrica un político y ha respondido a nuestras preguntas.

L. Arroyo 1

Dices que tenías 18 años cuando te empezaste a interesar por el comportamiento político de la gente: cómo se difunden las ideas, por qué unas se aceptan y otras se rechazan… ¿Qué lleva a un chico tan joven a analizar todo eso?

Siempre me gustó observar a cualquier artista en cualquier espectáculo y la reacción del público. Por qué y cómo la gente sincroniza un aplauso, se emociona con ficciones, como empieza un concierto y cómo termina para seducir al púbico… Es fascinante descubrir que los seres humanos en eso no somos muy distintos de las hormigas o los estorninos o los peces que nadan en bancos.

– ¿Dónde reside la fuerza del liderazgo político y cómo se produce éste? O dicho de otro modo, ¿cuáles son las claves para un liderazgo político?

Acertar en el contexto. No hay líder mejor o peor por sí mismo, sino contextos adecuados para un determinado tipo de liderazgo. Un candidato excelente como Kerry perdió con Bush porque era el momento, por la guerra de Irak, de un comandante en jefe fuerte, papel que Kerry no supo interpretar. Obama no habría ganado aquel año. Hizo falta que llegara 2008 para que pudiera trasladar su mensaje de esperanza. Más cerca de nosotros, Podemos no habría tenido ningún éxito fuera del contexto de la crisis y la indignación que ahora vivimos.

– ¿El líder político nace o se hace? Es decir, ¿existe un liderazgo político natural o siempre se tiene que, por así decirlo, diseñar?

Para ser líder hay que querer, y eso en buena parte está en los genes. Hay que ser algo vanidoso, considerar que puedes y quieres dirigir… Pero hay habilidades que se aprenden sin ninguna duda: la comunicación, la empatía, el trabajo en equipo, la estrategia de negociación, el manejo de las expectativas.

L. Arroyo 2– ¿Cómo podemos distinguir un líder político natural de uno “diseñado”?

La gente nota la impostura rápidamente.

¿Y cómo se diseña a un líder político que no tiene la madera suficiente para serlo de forma natural?

Nada es natural en la política. Al político conocido le persiguen los medios, le protegen los escoltas, lo encapsulan, le diseñan la agenda… Un político ha de ser un actor o una actriz. No solo eso, pero también ha de interpretar un papel.

– ¿Cómo ha cambiado en las últimas décadas el liderazgo político? ¿Qué cosas importaban antes a los líderes políticos que ahora se pasan por alto y viceversa?

Ahora se exige más presencia porque las noticias son constantes. Hace 30 años no había esta presión sobre los políticos, que podían permitirse el lujo de hablar un par de semanas solo. Por lo demás, yo creo que hay mucha más frivolidad, más chorradas, más tonterías, más ruido, porque también el espacio se ha multiplicado y hay posibilidad de difundir cualquier cosa en unos minutos. Lo interesante siempre ha predominado sobre lo importante, pero hoy en día acaso se nota más.

Y en el sentido inverso, supongo que también el ciudadano antes exigía ciertas cosas a los líderes políticos que ahora no le importan tanto, mientras que ahora pone el foco en algunos aspectos que quizás antes o no se planeaban o se pasaban más por alto…

En realidad, yo creo que lo que la gente espera de la política no ha cambiado en los últimos, digamos, 200.000 años. Nuestro cerebro sigue pidiendo lo mismo: alguien que nos represente como pueblo unido y que administre los bienes en beneficio del pueblo, respetando los usos y costumbre del momento. No mucho más. Creemos que reinventamos la política cada década, pero básicamente siempre es lo mismo.

– ¿En qué han cambiado las nuevas tecnologías a la hora de ejercer el liderazgo político?

La ciberutopía estuvo de moda hasta hace un par de años. Algunos creían que Internet favorecería el contacto directo de los políticos con la gente, el intercambio más rico de ideas y propuestas, una comunicación más participativa y más horizontal, etc. Yo nunca lo creí, y me temo que en eso acertaba. Internet  ha constatado que el comportamiento político es muy gregario, emocional y tribal. Internet no ha cambiado eso en absoluto. Solo lo ha constatado.

– España está inmersa en un año electoral a varias bandas… ¿Cómo andamos de liderazgo político?

La tendencia a pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor está siempre presente, pero lo cierto es que yo creo que se ha producido una renovación generacional bien interesante con los nuevos líderes nacionales, todos ellos de una misma generación, más o menos: el rey, Sánchez, Iglesias, Garzón, Susana Díaz, Rivera… Me parece que no estamos nada mal.


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