«La producción de obras libres ayuda a la difusión de la cultura»

El próximo viernes EOI acogerá un seminario dedicado al tema del OpenCourseWare, un movimiento de puesta a disposición de contenidos docentes libres, organizado por eMadrid, una red de investigación y de desarrollo de tecnologías de apoyo al aprendizaje coordinada por la Universidad Carlos III de Madrid. En este sentido, hemos charlado con Jesús G. Barahona del Grupo Libresoft, profesor en EOI y en la Universidad Rey Juan Carlos, quien nos pone en antecedentes sobre el software libre.

¿Qué se entiende por obras libres?

La definición de obra libre es similar a la de programa libre, y está basada en ella. En resumen, son aquellas obras intelectuales para las que su autor otorga a cualquiera que las reciba permiso para «usarlas» (leerlas, escucharlas, verlas), redistribuirlas y realizar trabajos derivados. El autor garantiza estas libertades para quien recibe su obra distribuyéndolas bajo una licencia libre.

La producción de obras intelectuales libres es una realidad cada vez más extendida, aunque aún muy desconocida, ¿no?

Sí. El crecimiento de la producción intelectual libre está siendo muy grande en los últimos años, pero aún es una porción pequeña de la producción total. Sin embargo, hay ámbitos o proyectos que ya tienen una gran proyección social. Entre ellos, cabe destacar el ámbito de los blogs, donde las licencias libres o casi libres son bastante habituales, y la Wikipedia, que produce sólo contenidos libres. Naturalmente, el software libre (programas como Firefox, OpenOffice.org o el kernel Linux) son también obras libres.

Obras libres igual a defensa de la cultura…

Desde luego, la producción de obras libres ayuda a la difusión de la cultura, y a que ésta sea más rica. Las obras libres no están sujetas a barreras de acceso económicas, y en muchos casos, su disponibilidad es incluso mejor que la de otras obras no libres (gracias a la libertad de redistribución). Por otro lado, la posibilidad de realizar trabajos derivados (en otras palabras, usar la obra para, mediante modificaciones o en combinación con otras, hacer obras nuevas) contribuye a la diversidad cultural, y permite la adaptación de las obras a entornos específicos (como por ejemplo, a nuevos idiomas). Desde luego, los autores que están produciendo obras libres están contribuyendo a que todos tengamos más y mejor acceso a la cultura.

En el taller comentaste que los derechos digitales hoy en día necesitan una relegislación, ¿a qué te refieres?

Las tecnologías (la informática e Internet) han cambiado completamente las reglas. Ahora podemos realizar copias de cualquier obra en formato digital, y colocarlas  virtualmente en cualquier parte del mundo, en cualquier cantidad, de forma casi inmediata y a coste prácticamente cero. Nunca habíamos tenido esta posibilidad. Los cambios los estamos viendo ya, pero serán cada vez mayores, según nuevas generaciones vayan descubriendo cómo usar estas nuevas posibilidades.

Sin embargo, el entorno legal y socioeconómico sigue siendo el que se ha desarrollado desde hace dos o tres siglos para un mundo completamente diferente: el de la imprenta, primero, y el cine y el fonógrafo, después. Por eso hemos llegado a un punto donde no tiene ya sentido tratar de «hacer evolucionar» la legislación actual en temas de propiedad intelectual, sino que hay que repensar, desde todos los puntos de vista (económicos, sociales, y por supuesto, legales), qué queremos hacer con esta nueva tecnología, sin vernos encorsetados por esquemas mentales, económicos y legales del pasados.

Entre los proyectos que incitan a la participación ciudadana, se encuentra el software libre. ¿Qué opinión tienes al respecto?

El software libre ha sido hasta hace poco un caso único de participación de individuos de todo el mundo en un esfuerzo común, para dotarse de nuevas y mejores herramientas informáticas. En este esfuerzo han participado (y están participando cada vez más) también empresas y ONGs, pero la participación de individuos, organizados en comunidad, es también muy importante. Muestra en gran medida lo que puede hacer un grupo interesado en desarrollar sus propios productos, cuando tienen la infraestructura y las herramientas adecuadas (que en este caso, han construido ellos mismos, utilizando intensivamente la informática e Internet). En gran medida, han mostrado ya la potencia de los modelos de coopetición (colaboración y competición) en grandes comunidades distribuidas geográficamente por todo el mundo. Y han abierto el camino por el que está transitando ahora la producción intelectual libre.

¿Qué ventajas tiene el software libre?

Es difícil resumirlo en pocas palabras. Pero si hubiera que destacar una, creo que es el paso del control sobre los programas de ordenador desde los fabricantes, a las comunidades que los usan (incluyendo tanto individuos como empresas y grandes organizaciones).


Suscribirse a comentarios Respuestas cerradas, se permiten trackback. |

Comentarios cerrados.


Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies