“Hemos creado un tipo de sociedad en la cual lo que prima es el valor económico”

No hay duda. Actualmente y a través de un solo click, podemos tener acceso, a tiempo real, a cualquier dato o información, sin importar en qué lugar del mundo sucede, ya sea en nuestra misma ciudad o en la otra punta del mundo. Este hecho nos hace pensar, por norma general, que estamos más y mejor informados que nunca. Pero, ¿es esto realmente así o vivimos en un exceso de información que nos lleva al extremo contrario?

De todo ello hemos hablado con Rosa María Calaf, aprovechando su visita al Colegio Mayor Guadalupe. Esta veterana y reconocida periodista, apasionada de su profesión, ha informado desde 93 países a lo largo de 26 años de una trayectoria plagada de premios. Y, desde la serenidad y la sabiduría que da la experiencia, nos alerta de los peligros que encierra el actual bombardeo informativo al que estamos sometidos.

Vienes a hablar sobre si estamos informados o entretenidos… ¿Estamos tan bien informados como nos dicen y nos hacen pensar?

No, creo que no estamos en absoluto bien informados. Es decir, se está utilizando muchísimo esa idea de que con un click tengo acceso a todo con la TV, la tablet, etc y no tenemos ninguna garantía de que todo eso que recibes como mensaje tenga calidad realmente, porque dentro de todo eso puede haber mucho tóxico.

Entonces, esto es algo que debemos saber: que hay cosas muy buenas, cosas no tan buenas y cosas muy malas. Que muchas veces se persigue un fin estrictamente mercantilista, ganar dinero, negocio, a costa de lo que sea… porque hemos creado un tipo de sociedad en la cual lo que prima es el valor económico. Pero es que además de esa situación, también hay un deseo de utilizar la fuerza que tiene la red y demás, para manipular claramente las ideas. Es decir, no darte como ciudadano aquello que necesitas saber para tomar decisiones que te van a afectar.

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– ¿Qué puede hacer un ciudadano corriente ante todo esto? ¿Cómo podemos huir de ello o filtrar todo el bombardeo de datos y noticias que consumimos diariamente?

Pues primero saberlo. El ciudadano está muy indefenso, es muy vulnerable. Entonces tiene que saber que tiene que elegir, tiene que hacer un esfuerzo y que no vale sólo tragar. Es igual que con la alimentación: si no sabemos si en una mesa lo que vamos a comer es tóxico o no, podemos acabar en el hospital. La información es exactamente lo mismo. Entonces, es muy complicado y las personas tienen que entender que los medios de comunicación, sea en el soporte que sea, pero sobre todo con esa avalancha de supuesta información, le requieren en un papel activo y en alerta para preguntarse siempre, cuando te están contando algo, quién te lo cuenta, por qué te lo cuenta, para qué te lo cuenta, y a quién le beneficia. Darse cuenta de que nada es blanco o negro, siempre hay matices, y realmente no podemos pensar que hay que confiar en todo lo que se nos ofrece. Tampoco ser paranoico, pero por lo menos saber que hay que estar atentos.

– Y quién tiene más la culpa, el poder político y empresarial porque no quiere masa crítica, el periodista y los medios de comunicación por pervertir su papel o el ciudadano que prefiere asumir todo esto que ve como cierto en vez de plantearse las cosas con un espíritu crítico?

Yo creo que a mayor poder, mayor responsabilidad. Es decir, por supuesto que el ciudadano tiene responsabilidad, porque claro que tiene que esforzarse, no tiene que pensar que se lo van a dar todo en cualquier aspecto de la vida, y en la información también.

El periodista creo que sí porque además es responsabilidad nuestra, tenemos que hacer autocrítica porque creo que también hemos sido muy mansos con los poderes, incluso aquellos que no se han alineado con ellos en pensamiento único… Ha habido una mansedumbre, una reverencia hacia los poderes que es muy dañina, pero desde luego, la empresa periodística tiene una mayor responsabilidad porque, en definitiva, es la que fuerza, obliga y se alinea con unos intereses que no son los de la mayoría. Entonces pervierte el objetivo del periodismo de servicio a la comunidad.

Por supuesto la política, porque es la que tiene que velar por la salud de la ciudadanía en todos los sentidos, tiene que tener muy en cuenta, y eso es muy difícil, la línea tan sutil del control de la calidad de la información, no puede permitir la basura informativa. Y detrás de todo eso, en este momento, pues está el poder económico, porque el gran problema que tiene la civilización actual es que el poder económico se ha comido a los demás poderes. Es decir, que hay una promiscuidad entre poder político, poder económico y poder mediático, que deberían estar completamente separados y controlarse mutuamente, y sin embargo, están totalmente mezclados. Entonces, es poner al zorro a cuidar del gallinero.

– ¿Qué papel juega a favor o en contra de esta desinformación por exceso la eclosión de internet y la irrupción de las redes sociales?

Las redes sociales son un instrumento magnífico, como jamás la humanidad ha tenido a su alcance, y puede ser un instrumento de conocimiento, de acercamiento a lo diferente, de información, de lucha contra la manipulación y la mentira, etc. si se hace bien. Pero si se hace mal, con mala intención, puede ser un instrumento maravilloso para todo lo contrario: para el desconocimiento, para la desinformación, para la manipulación… Entonces, como todo instrumento o herramienta, tiene que ser puesta al servicio del contenido, no al revés.

La red lo que está facilitando es que haya una difusión mucho más amplia y mucho más rápida de lo que nunca ha habido y tiene una capacidad de hacer bien, fantástica, pero una capacidad de hacer mal también fantástica. Y ahí es donde entramos los ciudadanos a defender que lo que se nos dé no sea tóxico.

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– Entonces, si actualmente tenemos todos los mimbres y herramientas para contrastar como ciudadanos la información que recibimos, ¿por qué nos la siguen “colando”?

Pues porque realmente hay poderes muy fuertes y muy interesados en construir una sociedad de consumidores dóciles, mansos, que sigan una línea de pensamiento único, que crean que todo es tremendo y malo, que además tengan esa idea de que no hay nada que hacer, que no hay otra opción, que otra alternativa es el caos, que yo no puedo hacer prácticamente nada… Se desacredita la política para que deje de tener posibilidad de intervención, se desacredita a la prensa para que deje de tener peso y realmente nos haga reaccionar, etc. Entonces todo eso pues ha ido conformando desde hace bastantes años, una sociedad de consumidores de productos comerciales, informativos, musicales, literarios… Es decir, que compra aquello que quieren que compre, y no una sociedad que piense y decida porque sepa y tenga esos elementos.

Eso es un diseño que está ahí y todos estamos metidos en él. Entonces, como no nos demos cuenta pronto y reaccionemos… Pero va a ser difícil realmente de conseguir porque tienen mucho más poder y más fuerza esos poderes, que el ciudadano. Es muy interesante la Escuela de Frankfurt, que está haciendo una serie de estudios sobre esto, que hay que devolverle a la ciudadanía el convencimiento de la capacidad que tenemos como sujetos de decidir vuestras propias vidas. Pero no tiene que ser uno a uno como se pretende individualizándonos, sino todo lo contrario, uniéndonos. Entonces esa conciencia de la fuerza que tiene la comunidad hay que volver a dársela a la ciudadanía.

– Has estado muchos años cubriendo informaciones por todo el mundo, has vivido muchos acontecimientos excepcionales e históricos y lo has contado desde la honestidad informativa… ¿Crees que ahora los medios priorizan más una bonita imagen o una cara bonita que unos contenidos buenos, honestos y de calidad?

Sí, sin duda alguna. No quiere decir que esa cara bonita no esté haciendo su trabajo bien, porque entonces parece que una cara bonita, sobre todo mujeres, es sinónimo de tonta. El problema está en que sea puesta a hacer eso, no porque lo hace bien, sino por la apariencia. Eso es lo que es muy grave y aquí volvemos a lo de los simulacros: hacemos ver que informamos cuando lo que hacemos es entretener. Vamos a utilizar el morbo, lo peor del ser humano. Pero, ¿con qué fin? En muchos casos ganar dinero, porque tiene mucho impacto etc, se prioriza lo que impacta sobre lo que importa y, desde luego, se deja por el camino la ética y los principios básicos del periodismo. Es perder el respeto básico por las personas y sobre todo dejar de poner a la persona en el centro de la atención.

El problema es que, ahora, ¿qué es sinónimo de éxito, la excelencia en el trabajo? No, el dinero. Cuantas más cosas tienes más importante eres, no importa cómo las hayas conseguido. Entonces, ése es un valor que hay que recuperar. Lo que importa es que con tus capacidades, tu talento, tu esfuerzo, hayas conseguido unas cosas. Eso es lo que tiene valor, no que tengas cosas materiales conseguidas de cualquier manera.

– Y tú que has hecho muchísima información internacional, ¿cada vez se tiende más a una desinformación basada en el maniqueísmo y la simplificación de los conflictos sin ir más allá?

Totalmente y, además, al uso de eufemismos y nunca llamar a las cosas por su nombre cuando molestan. Neutralizamos, o bien desacreditando a todo aquél que nos pone palos en las ruedas y tratan de explicar las cosas, o bien contándolo de tal manera que si modificas el sentido de las palabras lo que estás haciendo es manipular las ideas. Esto es lo que está imperando. Ahí es donde hay que luchar y el ciudadano debe saberlo para que no esté indefenso. El periodista debe comprometerse realmente a no caer en repetir eso. Es decir, es la recuperación de valores que permitan la construcción de un espacio más justo, mejor y, sobre todo, un mundo que se haga preguntas. Porque el gran problema es dar por hecho y no cuestionar lo que hay, como si fuera incuestionable. Pues no lo es. Y eso no es ser antisistema, no hay que cargarse el sistema, hay que rectificar, arreglar y reformar aquello que el sistema ha visto cómo se deterioraba… Pero eso es muy complicado.


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