ELII oficina de arquitectura

ELII es un estudio de arquitectura compuesto por tres jóvenes arquitectos: Uriel Fogué, Carlos Palacios y Eva Gil, de 35, 35 y 30 años.

Cuando al equipo  de ELII se le pregunta por la visión que ha dominado la creación de su negocio responden remitiéndose al propio nombre de la empresa: ELII es un acrónimo que significa Everyday Life Invent Itself (La cotidianidad se inventa a sí misma). El acrónimo, tras su aparente simplicidad, remite a una política sobre la arquitectura que intenta transformar en profundidad la perspectiva de intervención sobre el uso del espacio. De cara a nuestra investigación, en la que intentamos abordar las aproximaciones de distintos proyectos económicos desde la perspectiva del “humanismo”, es importante destacar la centralidad del término cotidianidad, en la posición de sujeto. Esta centralidad va a suponer correlativamente la descentralidad de los sujetos tradicionales de la arquitectura: o bien el arquitecto o bien el usuario. Es decir, la visión que ha ido perfilando la política arquitectónica de ELLI se ha basado en el descentramiento del “ser humano” con respecto a las operaciones cardinales de la construcción de los espacios para su uso.

Este ejercicio de arquitectura exige sobre todo un conocimiento acerca del estado actual de la “civilización”, es decir, un conocimiento sobre cómo es la vida de los ciudadanos que van a usar los espacios.

“La arquitectura se hace en muchos campos, uno es construir edificios, pero también hay que manejar climas, panoramas culturales, contextos… Y esos contextos son debates, congresos, publicaciones…”

 

De toda la concepción de la arquitectura que se ha expuesto se desprende una noción ética sobre el propio trabajo que implica una atención especial sobre cada proyecto. La calidad y el cuidado con los que ELLI abordan cada iniciativa son también parte de la idiosincrasia de su propuesta. Y de hecho parece obvio que un tipo de arquitectura que piensa cada proyecto de manera independiente (con distintas soluciones formales, tecnológicos, funcionales, etc) y con una clara atención a los detalles exige del arquitecto una atención mucho mayor que la de la mayoría de proyectos, donde las soluciones ya están practicadas y se conocen los efectos, riesgos y soluciones posibles.

Las condiciones de trabajo que se han creado en ELII responden al deseo de autonomía de los tres miembros del equipo para realizar los trabajos que más les satisfacen sin tener que ajustarse a pautas de distribución de las tareas que les vienen impuestas desde arriba. Es por esto que la idea de vocación está muy presente en todas las argumentaciones que  el equipo de ELII utiliza para construir mentalmente su cultura corporativa. De cara a la integración de nuevos miembros en el estudio, es precisamente esa idea de implicación, muy ligada a la de vocación, la que podría generar una integración más suave en la organización y podría denominarse la «ética de la implicación».

ELII basa su trabajo con el cliente en una conversación o juego en el que las soluciones derivan de la dinámica de negociación. Se posicionan así en un espacio intermedio entre la noción del “arquitecto-autor”, al que se le dejaría toda la responsabilidad de diseñar el espacio y la del “arquitecto-comercial”, que aplica recetas homogéneas para cualquier situación o simplemente se limita a hacer lo que le sugiere el cliente. El “arquitecto estratega” que representa ELII participa junto con el cliente en la construcción de un modelo que permite ampliar o enriquecer las experiencias que el usuario va a desarrollar en el nuevo espacio.


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