Clisol: las hortalizas como destino turístico

Si se acude a Google Maps y se fija la posición en el sureste de España, en la zona de El Ejido, probablemente sorprenda la mancha blanca que inunda ese lugar (ver aquí o aquí). El informe del Atlas Medioambiental que publicó la ONU en Junio de 2005 mencionaba que, en aras de la sostenibilidad, lo que había ocurrido en la provincia de Almería era un espectáculo preocupante: se trataba de una de las zonas del planeta en la que se habían “producido los cambios medioambientales más dramáticos de las últimas décadas”. Lo cierto es que agricultores y emprendedores, en la década de los 60 y 70 del siglo pasado, tras la aplicación exitosa de un conjunto de innovaciones técnicas (principalmente el enarenado y el invernadero) habían logrado un resultado espectacular: la conversión de un desierto en un vergel, convirtiendo a Almería, en pocos años, en la principal región de abastecimiento de hortalizas de media Europa, así como la escalada de posiciones de la provincia en el ranking económico nacional.

Clisol Agro gestiona una de esas manchas blancas y su fundadora, Lola Gómez, cuando recuerda este milagro económico en su tierra se apasiona casi tanto como se enciende cuando alude a aquel informe de la ONU: “si descorriéramos el plástico de Almería, desde el cielo se vería la zona verde más productiva de Europa, veríamos una especie de Edén. Almería no está destruyendo el Medio Ambiente. Almería está contribuyendo a su desarrollo”.

Otro hito de la agricultura almeriense consistió en evolucionar desde el control químico de plagas al control biológico, algo que en palabras de Lola Gómez “Almería no ha sabido exteriorizar: Esto ha tenido consecuencias maravillosas para las personas, porque toman un producto sin ningún tipo de residuos y, sobre todo, para el medio ambiente”. Clisol fue una de las pocas empresas que, allá por 2002, comenzó a experimentar con estas innovaciones: “Hace unos diez años, de las veintiseismil y pico hectáreas que hay aquí sólo unas quinientas comenzamos el control biológico, junto con algunas empresas que nos suministraban productos determinados. Algunos, como yo, teníamos nuestros propios criaderos de insectos para estudiar el comportamiento en su medio”. Hacia 2006 el control biológico se universalizó en el poniente almeriense, siendo hoy día el método de control de plagas que se utiliza normalmente.

Clisol Agro posee una di­latada trayectoria en el sector de la Agricultura Mediterránea bajo plástico, una agricultura que si bien ha contribuido al desarrollo económico y demográfico de la pro­vincia de Almería en las últimas décadas, tal y como se ha mencionado, también ha estado denostada por muchos, presentada con “una imagen manipulada con respecto a lo que verdaderamente representa”, tal y como argumenta Lola.  La labor que desempeña Clisol Agro es preci­samente desmitificar todas esas creencias erró­neas, mediante visitas guiadas durante las cua­les se enseña y demuestra cómo la agricultura almeriense está aprovechando la incorporación de nuevas tecnologías para optimizar al máximo la utilización de los recursos naturales y conservar al mismo tiempo el medio ambiente.

La misión de Clisol no es solamente la de una empresa productora de hortalizas, aunque produce y vende desde sus dos hectáreas de terreno; no es solamente una empresa que realiza visitas guiadas con fines turísticos o pedagógicos a los invernaderos para enseñar cómo es el proceso de producción, aunque lleve a cabo estas actividades. La misión de Clisol va más allá: tiene por objetivo prestigiar la agricultura y, en particular, la agricultura de la provincia de Almería. Para conseguir esta finalidad, Clisol ha hecho de la lucha biológica una de sus banderas, en contraposición con el uso de plaguicidas en la agricultura bajo abrigo. No sólo promueve y difunde este tipo de producción “limpia”, sino que desarrolla una intensa labor de educación ambiental.

La actividad de la empresa para conseguir su propósito consiste, por tanto, en hibridar tres piezas: la agricultura, el turismo y el medio ambiente, para que se puedan beneficiar recíprocamente los unos de los otros como fuente añadida de riqueza, y como medios para alcanzar esos objetivos que trascienden la propia agricultura, el propio turismo y el propio medio ambiente.


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