Desarrollo sostenible como antecedente de la construcción sostenible en Construcción sostenible 3

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Wikilibro: Construcción sostenible > Capítulo 1: Introducción a la construcción sostenible

Sección 1

Desarrollo sostenible como antecedente de la construcción sostenible
Construcción sostenible y Desarrollo Sostenible son conceptos estrechamente ligados, hasta tal punto que aquélla debe ser considerada como la manera que tiene el sector de la construcción de contribuir a éste. Por ello resulta esencial comprender la noción de desarrollo sostenible, su origen, su necesidad y su esencia.

En diciembre de 1983, el Secretario General de las Naciones Unidad pidió a Gro Harlem Brundtland, entonces Primera Ministra de Noruega, que constituyera y presidiera una Comisión independiente que elaborase una agenda global para el cambio. Se constituyó así la Comisión de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Desarrollo, fruto de cuyos trabajos fue el informe “ Our Common Future ” que se presentó en la Asamblea General de la ONU de 2007 y en el que, por primera vez, se hablaba de desarrollo sostenible en los siguientes términos: “La humanidad tiene la capacidad de lograr un desarrollo sostenible para asegurar que cumple con las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”. El desarrollo sostenible implica el cumplimiento de las necesidades básicas de todos y la garantía para todos de tener la oportunidad de satisfacer sus aspiraciones para una vida mejor.

El citado documento, comúnmente conocido como informe Brundtland, declara que la satisfacción de las necesidades y aspiraciones de las personas es el principal objetivo del desarrollo. Sin embargo un gran volumen de población en los países en desarrollo no tiene cubiertas sus necesidades de comida, ropa, vivienda y trabajo y además tiene aspiraciones legítimas para mejorar su calidad de vida. El informe consideraba que aunque, hasta el comienzo del siglo XX, ni el volumen de la población mundial ni el nivel de la tecnología habían tenido el poder suficiente para cambiar los sistemas del planeta de una forma radical, el gran aumento de la población a lo largo del siglo y el impacto de sus actividades estaban produciendo cambios importantes en la atmósfera, el suelo, el agua las plantas y los animales y en las relaciones entre todos ellos.

La inteligencia humana tiene un poder tan extraordinario que está permitiendo generar un nivel de actividad enorme cuyos impactos están produciendo efectos significativos y rápidos sobre el clima, con lo que se está generando un riesgo para su propia supervivencia. Por ello se considera necesario introducir cambios en los modelos de producción y consumo que garanticen la seguridad, el bienestar y la propia supervivencia.

Se hace pues necesario equilibrar tres dimensiones básicas que están solidamente interrelacionadas: el desarrollo económico, capaz de proporcionar bienes y servicios necesarios para satisfacer las necesidades humanas, especialmente de los más desfavorecidos; el equilibrio ambiental, necesario para no poner en riesgo los ecosistemas del planeta y el progreso social, esto es la mejora del bienestar y el nivel de vida de una población cada vez más numerosa que en noviembre de 2011 ya alcanzó 7.000 millones de personas de las cuales el 40% vive con menos de 2 $ al día.

El equilibrio de las tres dimensiones resulta esencial para garantizar el desarrollo sostenible ya que el desarrollo económico permitirá abastecer a una población cada vez mayor mejorando su nivel de vida pero el deterioro ambiental limita las posibilidades de desarrollo económico y tiene efectos directos sobre la salud y el bienestar de las personas.

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Resulta innegable el crecimiento económico experimentado por la población mundial en el último siglo. Sin embargo, dicho crecimiento y el consiguiente aumento de la calidad de vida se ha producido, hasta ahora, merced a un aumento similar en el uso de los recursos, especialmente de la energía, lo que ha llevado aparejada una degradación ambiental evidente. El reto consiste en conseguir disociar ambas variables para frenar los impactos negativos de las actividades humanas sobre el entorno, tal y como ha sido reiteradamente propuesto desde diversas instancias como la OCDE, la UE o la ONU, antes mencionada.

En palabras de Robert Korád , Director General de Estrategia de la Dirección General de Medio Ambiente de la Comisión Europea, “el uso de los recursos naturales utilizados para satisfacer la producción es simplemente insostenible”

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Las Naciones Unidas habían manifestado con anterioridad su preocupación por el medio ambiente y por su repercusión sobre el ser humano. Así, el 16 de junio de 1972 se aprobó en Estocolmo la Declaración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano en la que se señalaba que, gracias a la rápida aceleración de la ciencia y la tecnología, el hombre había adquirido el poder de transformar, de innumerables maneras y en una escala sin precedentes, cuanto lo rodea.

La Conferencia de Estocolmo declaraba que, de todas las cosas del mundo, los seres humanos son lo más valioso y son ellos los que promueven el progreso social, crean riqueza, desarrollan la ciencia y la tecnología y, con su trabajo, transforman continuamente el medio. Sin embargo también declaraba que los recursos no renovables de la Tierra deben emplearse de forma que se evite el peligro de su agotamiento y se asegure que toda la humanidad comparta los beneficios de tal empleo.

Una preocupación similar se ve reflejada en la Declaración de la Cumbre Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo de 1992 , conocida como Declaración de Río, en cuyo primer principio establece que los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible. Para alcanzar un desarrollo sostenible, la protección del medio ambiente deberá constituir parte integrante del proceso de desarrollo y no podrá considerarse en forma aislada.

La Unión Europea se ha interesado vivamente por el Desarrollo Sostenible y ya en 2001, en el Consejo de Gotemburgo, se adopto la primera Estrategia Europea de Desarrollo Sostenible , posteriormente revisada y adoptada en el Consejo de Bruselas de 2006, que se implanta a raíz del Consejo Europeo de Barcelona de 2002. La nueva estrategia se fija como objetivo generar, determinar y elaborar medidas que permitan mejorar continuamente la calidad de vida para las generaciones actuales y futuras, mediante la creación de comunidades sostenible capaces de gestionar los recursos de forma eficiente para aprovechar el potencial de innovación ecológica y social que ofrece la economía garantizando la prosperidad, la protección del medio ambiente y la cohesión social.

Para alcanzar ese objetivo la estrategia establece siete áreas de actuación: cambio climático y energías limpias, transporte sostenible, producción y consumo sostenibles, retos de la salud pública, gestión de recursos naturales, inclusión social, demografía y migración y lucha contra la pobreza mundial.

Con anterioridad y como base para la elaboración de la estrategia, el Consejo Europeo de junio 2005 aprobó una declaración con los siguientes objetivos: protección ambiental, equidad y cohesión social, prosperidad económica y cumplimiento de las responsabilidades internacionales. También adoptó los siguientes principios: promoción y protección de los derechos humanos, solidaridad dentro y entre generaciones, sociedad abierta y democrática, implicación de los ciudadanos, implicación de los agentes económicos y sociales, coherencia de las políticas y sistemas de gobernanza, política de integración, empleo de los mejores conocimientos disponibles, principio de precaución y principio del que contamina paga.

En diciembre de 2008 la UE adopta un paquete de medidas sobre energía y cambio climático, comúnmente denominado 20/20/20 encaminado a conseguir una mejora en la eficiencia energética del 20%, a conseguir una tasa de energías renovables del 20% y a reducir las emisiones de GEI en un 20% y en el año 2020. Finalmente en 2010 se adopta la hoja de ruta 2050 , una guía práctica hacia una Europa próspera baja en carbono.

España, siguiendo la recomendación de la estrategia europea, aprobó su propia Estrategia de Desarrollo Sostenible en noviembre de 2007, estableciendo objetivos específicos en cada una de las tres áreas que se definieron: sostenibilidad ambiental, sostenibilidad social y sosteniblilidad global.

En el área ambiental, los objetivos específicos por cada línea de trabajo son:

  • Producción y consumos
  • Aumentar el ahorro y la eficiencia en el uso de los recursos en todos los sectores
  • Prevenir la contaminación, reducir la generación de residuos y fomentar la reutilización y el reciclaje de los generados
  • Mejorar la calidad del aire, especialmente en zonas urbanas
  • Optimizar energética y ambientalmente las necesidades de movilidad de las personas y los flujos de mercancías.
  • Revalorizar el sistema turístico en clave de sostenibilidad
  • Cambio climático
  • Reducir las emisiones a través del aumento de las renovables en el mix energético, la mejora de la eficiencia energética en el transporte y la edificación, medidas sectoriales e instrumentos de mercado
  • Integrar la adaptación al cambio climático en la planificación de los sectores económicos
  • Conservación de los recursos naturales y ordenación del territorio
  • Asegurar la sostenibilidad ambiental y la calidad al recurso hídrico
  • Frenar la pérdida de la biodiversidad y del patrimonio natural
  • Promover un desarrollo territorial y urbano sostenible y equilibrado

En el área social la estrategia española de desarrollo sostenible se centra en dos líneas de actuación propias de los gobiernos: empleo, cohesión social y pobreza y salud pública y dependencia. No se consideran otras actuaciones sociales que, aunque fuera del ámbito general de las administraciones públicas, son muy habituales dentro de las iniciativas de responsabilidad social de las empresas, tales como la seguridad y salud laboral o las actividades de voluntariado.

La principal línea de actuación fijada por la estrategia española en el área de la sostenibilidad global es la cooperación internacional para el desarrollo sostenible, mediante el incremento de la ayuda al desarrollo y de la eficacia de la cooperación.

La dimensión ambiental de un modelo de desarrollo sostenible ha de contemplar, tanto los procesos de producción ecoeficientes, capaces de producir más con menos, como los hábitos de consumo responsables en los países desarrollados. También se ha de considerar una gestión económicamente racional y ambientalmente correcta de los residuos, que promueva su aprovechamiento como recursos alternativos a los recursos naturales, preservando así el agotamiento de éstos.

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Los impactos ambientales de las actividades humanas dependen del nivel de la actividad, del volumen de la población humana y del nivel de desarrollo de las técnicas. Por tanto, para no sobrepasar un nivel de impacto que se considere tolerable, solo existen unas pocas líneas de actuación: moderar el crecimiento de la población, desarrollar técnicas cada vez más eficientes en el empleo de recursos naturales y aprovechar los recursos de flujo del planeta que tienen un origen solar tales como la radiación solar o el viento.


NIVEL DE ACTIVIDAD
IMPACTO = VOLUMEN DE POBLACIÓN ----------------------------------------------------
DESARROLLO DE LAS TÉCNICAS


En un sistema semicerrado, como el planeta Tierra solo existen dos fuentes de recursos renovables capaces de mantener un nivel de desarrollo creciente: la energía radiante procedente del Sol, normalmente conocida como constante solar cuya intensidad promedio sobre la superficie terrestre es de 170 W/m2, un valor muy elevado pero limitado, y el talento humano, que es la única fuente de recursos ilimitada de que dispone la humanidad.

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Siendo el desarrollo sostenible una preocupación de los organismos internacionales y de los gobiernos, son las empresas las que, con sus actividades, materializan el modelo de desarrollo sostenible a través de la creación de valor, el desempeño medioambiental y la responsabilidad social corporativa.

La creación de valor es el objetivo esencial de la empresa y lo que garantiza su viabilidad, si bien su futuro a largo plazo dependerá de un comportamiento socialmente responsable y de que sus actividades se realicen de forma saludable para el entorno y utilizando unas técnicas que favorezcan la ecoeficiencia, lo que le conferirá una ventaja competitiva.

El desempeño medioambiental de una empresa incluye diferentes aspectos tales como los consumos de energía, agua y recursos naturales, las emisiones atmosféricas de gases de efecto invernadero y de otros contaminantes, la generación de residuos o el vertido de aguas. Estos parámetros se contemplan en la guía del GRI (Global Reporting Initiative) y las empresas que elaboran informes anuales de sostenibilidad los miden e informan sobre ellos. El informe de sosteniblilidad es una excelente herramienta de comunicación para informar a los grupos de interés sobre el comportamiento sostenible de las compañías.

Un desempeño medioambiental correcto no debe ser considerado como una barrera para el desarrollo empresarial, sino como una oportunidad para una mejora de la eficiencia a través de la innovación y como una ventaja competitiva, si la empresa es capaz de poner en valor su gestión ambiental a través de una política de comunicación veraz y preactiva.

Respecto a la responsabilidad social corporativa que se considera una de las dimensiones del desarrollo sostenible, la UE publicó en 2001 el Libro Verde sobre la responsabilidad social de las empresas donde ésta se definía como “la integración voluntaria, por parte de las empresas, de objetivos sociales y medioambientales en sus operaciones comerciales y en sus relaciones con el resto de actores implicados”.

En noviembre de 2011 la UE publica una estrategia renovada sobre responsabilidad social corporativa donde figura una nueva definición de la RSC como la responsabilidad de las empresas por sus impactos en la sociedad. Los dos objetivos de esta nueva estrategia son crear valor compartido para los accionistas, grupos interesados y sociedad en general e identificar, prevenir y mitigar sus posibles impactos adversos.

La estrategia contempla un programa de acción para el periodo 2011-2014 centrado en ocho objetivos.

  • Aumentar la visibilidad de la RSC y difusión de buenas prácticas
  • Mejorar los niveles de confianza en las empresas
  • Mejorar los procesos de auto regulación
  • Aumentar el conocimiento de la RSC por parte del mercado
  • Mejorar la comunicación de las empresas en información social y ambiental
  • Mayor integración de la RSC en las áreas de educación, formación e investigación
  • Destacar la importancia de las políticas de los estados y regiones europeas en materia de RSC
  • Mejorar la alineación del enfoque europeo.

Otros organismos internacionales también proporcionan principios y guías de reconocida solvencia en materia de RSC tales como las Guías de la OCDE para empresas multinacionales, los 10 principios del Global Compact de las naciones Unidas o la norma ISO 26000.

Aspectos esenciales que debe incluir la RSC, según la estrategia europea son: derechos humanos, prácticas laborales y de empleo (formación, diversidad, igualdad de género, salud y bienestar de los empleados), asuntos ambientales (biodiversidad, cambio climático, eficiencia en el uso de los recursos, evaluación de ciclo de vida y prevención de la polución) y lucha contra el soborno y la corrupción. La implicación y el desarrollo de la comunidad, la integración laboral de discapacitados, la consideración de los intereses de los consumidores, salvaguardando su privacidad, son también parte de la RSC.

La UE desarrollará políticas en los ámbitos de consumo, compras públicas e inversiones para reforzar los incentivos de mercado a favor de la RSC. En el campo de las compras públicas la UE pretende conseguir una mejor integración de las consideraciones ambientales y sociales en la Directiva de Compras Públicas. En cuanto a las inversiones la UE está preparando una serie de medidas regulatorias para garantizar que el sistema financiero sea más responsable y transparente.

La UE considera que un desarrollo adicional de la RSC requiere nuevas capacidades así como nuevos valores y comportamientos y que los estados miembros pueden jugar un papel importante promoviendo la integración de la RSC, el desarrollo sostenible y la ciudadanía responsable en la formación de los estudiantes, lo que sin duda sería determinante para favorecer el proceso de decisión a favor de empresas responsables y productos y servicios más sostenibles.

Por lo que respecta a España, la Ley de Economía Sostenible fija criterios para reconocer la responsabilidad social corporativa en las empresas y promover una ventaja competitiva basada en estos criterios.

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