Fernando D. Pividal
Profesor EOI

Eran tres: Antonio, José Antonio y Ángel que, además de las labores típicas de estos puestos ("mover papeles", entregar y sacar el correo y la prensa, acompañar a las visitas hasta los despachos, servir cafés y agua, etc.) manejaban la pequeña imprenta compuesta por mucha "manualidad", una multicopista rotaprint (llamada la "vietnamita" por su utilización no "exclusivamente" académica) y una rotativa Gestetner, ambas, evidentemente muy primitivas.
¡Ah! se me olvidaba, tanto Ángel como Antonio eran funcionarios del MINER y se ponían sus uniformes azules de gala en los actos protocolarios en el salón de actos o cuando se sabía que nos visitaba alguna personalidad para recibirles en el hall.
Pero hoy quería hablaros más de ellos, como personas, que de sus actividades laborales.
Ángel, fallecido hace ya muchos años, era un hombre rudo, lleno de excesos que le llevaron a una situación terminal en plena madurez.
A este buen hombre hubo que buscarle un lugar para hacerse su chuletón diario que mostraba "didácticamente", a los jóvenes profesores de plantilla, como símbolo de la comida adecuada para nuestro desarrollo intelectual, imposible de conseguir con el "fast food" que tomábamos en la cafetería para no perder tiempo a la hora del almuerzo.
A José Antonio, que provenía de la obtención manual (hacha y tiesto) de resina de pino en la provincia de Segovia, y que no tenía familia ni casa en Madrid, se le encargó una labor específica y diferencial respecto a los otros dos que, de paso, resolvía su problema de vivienda: era el Guarda nocturno, alojándose en los sótanos de la Escuela, donde ahora está instalado el taller de mantenimiento. Él, 365 días al año, cerraba el edificio de la Escuela, cuando creía [1] que ya no quedaba nadie, y lo abría a la hora prefijada por la mañana. Si libraba lo hacía exclusivamente por el día.
Ya entrado en años conoció a una joven que "conduciéndole" al matrimonio, le obligó a salir de la "cueva" y a comprarse un piso como todo buen español…haciéndose necesario, después de probar, sucesivamente con un par de guardas que aguantaban con dificultad las noches de soledad en la Escuela, implantar alarmas y servicios externos de seguridad.
Finalmente, merece una especial atención el más refinado de los tres, Antonio, de aspecto y trato elegante y con un nivel de conocimientos históricos y geográficos dignos de un culto aventurero. En los años que van de 1972 a 1983 la mayoría de la plantilla de Profesores Titulares se mantuvo sin prácticamente rotación alguna y, en una época en la que lo más lejos que llegaban los españoles, después de Benidorm, era París -El último tango,…- coincidimos en una enorme afición por viajar, muchas veces haciendo camping, a lugares exóticos e ignotos para la mayoría (Cabo Norte, el desierto del Sahara, Machu Picchu, etc.) por lo que era habitual oírnos transferir el know-how correspondiente para poder llegar a dichos lugares. Cuando Antonio escuchaba estas conversaciones podía afirmar, eso sí con todo respeto, que, sin lugar a dudas, habíamos visitado tal o cual tumba, cueva o cuadro de los que, en muchos casos, no habíamos oído hablar en nuestra vida; nunca nos acostumbramos a su respuesta sobre cuándo había estado allí….no había salido de Madrid…¡todo lo había leído!.
En las negociaciones laborales para la transformación en Fundación ellos pidieron el traslado a las dependencias del Ministerio donde aún su figura tenía sentido: la informatización (correo electrónico y fotocopiadoras), los servicios de recepción y seguridad externa y, sobre todo, la modernidad en las relaciones sociales en EOI les había pasado por encima.
Ambos dos, ya jubilados, mantienen una buena relación con los pocos "antiguos" que quedamos y es habitual verles por la Escuela en el transcurso de las Navidades, comentando a dónde han llegado, por ejemplo, "Elenita" (nuestra Vicepresidenta) o cualquier otro de los Profesores de entonces que en estos años han ocupado cargos públicos de alta responsabilidad.
[1] Pasados unos años, un alumno latinoamericano, hoy en día alto directivo de una multinacional de la telefonía en Nueva York, confesó que, dadas sus escaseces económicas, no le quedaba otro remedio que dormir en la Escuela escabulléndose, todas las noches, del bueno de José Antonio.
Fernando D. Pividal inició su colaboración con la EOI, como Profesor Titular, en Mayo de 1972. Desde esa fecha – hace ya 38 años- a pesar de los catorce de dedicación a puestos directivos tanto en el INI/TENEO/SEPI como en ENDESA, no ha transcurrido curso anual en la Escuela sin contar con su colaboración. En Diciembre de 2008, la Escuela y el Club EOI de la Asociación de antiguos alumnos, con motivo de su 50 aniversario premiaron esta dedicación ininterrumpida del Prof. Pividal “por su trayectoria como profesor EOI”.