DIRECTORA DE CANAL SUR 2
"Hemos perdido una generación, los jóvenes, que han cambiado la televisión por Internet y otros soportes"
Marisa Doctor pertenece a la promoción de EOI, Escuela de Negocios de 2007. Un rasgo peculiar es su condición de periodista que ha llegado a ocupar un puesto directivo. En su decisión de volver a las aulas, dos décadas después de licenciarse en Ciencias de la Información, ha pesado un planteamiento racional, que la experiencia confirma: su mundo, el de la televisión, ha cambiado profundamente en los últimos años, y afronta nuevos retos. Para hacerles frente, sintió la necesidad de complementar su formación original con un conocimiento de los métodos modernos de gestión. Su trayectoria profesional se ha desarrollado enteramente en Andalucía, primero en la prensa escrita y, a partir de 1989, en la televisión pública Canal Sur, siendo sucesivamente redactora, enviada especial (cubrió la primera guerra del Golfo), editora y presentadora de informativos. Desde 2004, dirige la segunda cadena de la televisión andaluza, con un perfil de servicio público. Marisa Doctor dice tener clara una cosa: que una televisión de servicio público ha de ser competitiva y acomodarse a la tecnología sin olvidar su misión de origen.
Hace bastante que mi cara no aparece en pantalla; desde 2004 dirijo Canal Sur 2, la segunda cadena de la televisión pública andaluza, y ésta es la razón por la que hice el máster, siguiendo el consejo del director general de la RTVA (Radio y Televisión de Andalucía). Tomé la idea con entusiasmo, porque soy una persona consciente de sus lagunas formativas. Soy periodista, sé de programación, de informativos, cómo redactar una noticia y hacer reportajes en la calle, pero actualmente tengo una función directiva, y las herramientas intelectuales del oficio a veces no son suficientes. Tengo que trabajar diariamente con responsables de otros departamentos que están a cargo de la gestión (recursos humanos, jurídico, financiero, etcétera), que saben más que yo de muchas cosas. Así fue que me dije: voy a aprovechar esta oportunidad que se me brinda para aprender y luego podré trabajar mejor con ellos.
La verdad es que ha sido un acierto total. En mi caso, por distintas razones, fue un año muy duro, sin tiempo para la vida personal y con el trabajo profesional cojeando. Porque, aunque delegues algunas tareas y tus compañeros te ayuden, tienes que hacerte cargo de los problemas y de tu responsabilidad. Pero sí, claro que estoy muy satisfecha de haber hecho el máster.
Aquí en Sevilla, en el centro que tiene EOI, Escuela de Negocios, con profesorado local, aunque para ciertas materias vi nieron especialistas de Madrid. Además de las asignaturas, pasamos varios fines de semana en Málaga, Sanlúcar y en Cádiz, porque en estos cursos son importantes las vivencias de trabajo en equipo.
Ante todo, los profesores. Por ejemplo, tuvimos un profesor de Contabilidad que me hizo disfrutar mucho de una asignatura sobre la que yo no tenía idea. Además de enseñarla, consiguió que fuera divertida, y eso ya es un logro: yo nunca hubiera pensado que la contabilidad puede ser divertida. También recuerdo muy bien a dos profesoras de Análisis Financiero, campeonas en su campo. Para mí, no sólo fue importante la parte académica; por supuesto que me enriqueció intelectualmente. Los compañeros de curso fueron... divinos.
Más jóvenes que yo, pero ninguno me ganaba en entusiasmo. Es que me comprometo con lo que hago en cada momento. Creo que tengo capacidad de liderazgo y esto se notó durante el máster. Claro está que los compañeros pusieron lo suyo: casi todos traían sus experiencias profesionales en empresas de otros sectores, y yo me preguntaba continuamente cómo aprovecharlas para mi trabajo, aunque la televisión sea tan distinta a sus empresas. Salvo alguna excepción, en general tenían una característica en común conmigo, un cierto nivel de responsabilidad y la necesidad de complementar su formación previa.
Personal y profesional. Muy grande y muy necesario, porque nuestro mundo está tan acelerado que o aprendes para mantenerte en la carrera o te quedas paralizada.
Sí. En gran medida, el aprendizaje consistía esencialmente en eso, en trabajar en equipo, organizarse, planificar, hacerse cargo de roles distintos según las circunstancias. Esto lo hacíamos a través de juegos muy interesantes. En particular, recuerdo uno en el que pintamos con tiza un polígono en el suelo, un gran damero sobre el que se enfrentaban dos equipos. Moviéndonos sobre aquel dibujo analizábamos cómo actuar en la negociación de un convenio colectivo, cuándo entrar, cuándo salir para volver a entrar, cómo llevar la iniciativa y anticiparse al juego del otro.
Veintisiete años de trabajo. Estudié periodismo en la Complutense de Madrid, y terminé la carrera en 1985, pero desde cuatro años antes ya trabajaba, primero como becaria en un periódico; luego fui redactora, y desde 1989 he hecho casi de todo en televisión. Yo creo que un periodista se hace en la calle, no en los despachos. Esa experiencia me ha servido y me sirve de mucho ahora que tengo un despacho.
Mi trabajo tiene tres facetas: dirección, liderazgo, trabajo en equipo, y eso respondería a la pregunta, pero tengo más que decir. El panorama audiovisual está cambiando, y no sé si la gente se da cuenta del ritmo frenético que lleva ese cambio. La clave está en que la tecnología va por delante, y la normativa por detrás. Falta una normativa clara y actualizada, que diga cuáles son los límites en los que debemos movernos. Este problema, que ya es grave, se hará más agudo de aquí a dos años, cuando se complete la transición hacia la televisión digital terrestre. Pero también influye la televisión en Internet y en el móvil, dos fenómenos para los que, francamente, no estábamos preparados.
Totalmente. El mayor problema es que hemos perdido una generación, los jóvenes, que han cambiado la televisión por Internet y otros soportes. Cuando eran niños, se decía que se volverían adictos a la tele, pero resulta que ahora no le prestan atención. Y esto claro que tiene un efecto sobre las audiencias, y por lo tanto sobre la publicidad. Los jóvenes son el target más apetecido por los anunciantes, pero a este target no llegamos o llegamos con dificultad.
Se ensayan muchas estrategias, siempre a prueba y error. Por ejemplo, llevamos nuestros programas a otros soportes y vemos qué pasa. O incluimos en el diseño de esos programas algunos elementos que son propios de otros soportes. Canal Sur 2 tiene un público objetivo que está muy bien estudiado: infantil, juvenil, urbano, con un cierto nivel cultural, y esto nos obliga a innovar en la programación. Por ejemplo, para un programa juvenil de nuestra parrilla, contamos con un grupo de jóvenes que nos asesoran y nos dicen qué interesa más a ese segmento de audiencia. Evidentemente, tenemos que dar importancia a la música, lo hacemos tanto en la radio como en la televisión: organizamos conciertos, los grabamos en vivo, y luego los espectadores pueden descargarlos a la carta en nuestro portal de Internet. Parece sencillo, pero es un cambio complicado.
Hay un vacío legal que nos frena, que condiciona a dónde llevar nuestro producto... a Internet, al móvil, qué acuerdos podemos hacer con YouTube, y dónde podemos estar metiendo la pata. Mejor dicho, no sólo hay vacío legal, hay perplejidad. Nadie puede predecir qué pasará con el tránsito de analógico a digital, pero ya estamos viendo lo que ha pasado con algunas licencias de primera hora de la TDT. Tienen una programación muy pobre, que contrasta con la evolución de los canales temáticos, que han tenido un subidón de audiencia. Algunas de esa nuevas televisiones han ido por el camino más fácil, se han convertido en teletiendas, y sería muy raro que más adelante recuperasen un perfil de calidad. Lo que pasa es que hay licencias concedidas que acumulan retrasos, porque en realidad no tenían un buen proyecto. En este momento, la RTVA tiene dos cadenas generalistas, y está a la espera de que la Junta de Andalucía le conceda otras dos de la TDT, una de las cuales probablemente será de información continua.
La rentabilidad que buscamos en esta cadena es social y únicamente social. Que no es incompatible con una buena gestión, con la solvencia económica, el cumplimiento de objetivos, la persecución de resultados. En 2006, la red de televisión pública de Andalucía cerró el ejercicio con superávit, y si no se ha repetido al año siguiente fue porque una cobertura electoral requiere inversiones importantes. En lo que me concierne, Canal Sur 2 es un canal que cuesta poco y goza de reconocimiento social. El presupuesto es de 6 millones de euros trimestrales, pero hay que considerar que compartimos recursos con otras áreas corporativas.
En efecto, la tecnología es un reto y estamos inmersos en él, forzosamente. Tenemos una televisión a la carta en Internet y hemos participado en pruebas de televisión para móviles. Nos apoyamos en la tecnología para tratar de captar a ese segmento de audiencia que, como decía antes, se ha alejado de la televisión. Las músicas de un programa nuestro, La Banda, se pueden descargar gratuitamente en Internet. Lo que quiero decir es que estamos atentos y despiertos a la tecnología, pero nunca podremos adelantarnos a ella. La tecnología empuja hacia una mayor comercialización, y en este plano a los medios públicos se nos presenta un dilema: adaptarnos a la corriente sin perder nuestro carácter. Y la publicidad, que es una parte de los ingresos, se mueve hacia los otros medios y soportes. La estrella del entretenimiento está dejando de ser la televisión, y esto tiene consecuencias. Los publicitarios buscan nuevas maneras de hacer llegar sus mensajes en un cuadro de oferta fragmentada.
Es un debate abierto en la sociedad, y está bien que así sea. Pero lo que tengo claro es que la televisión pública es necesaria, imprescindible. ¿Qué está ofreciendo la televisión privada? Entretenimiento, sólo entretenimiento, y para no ser injusta no voy a ponerle adjetivos. Todas las televisiones, públicas y privadas, firmaron un convenio de autorregulación en el horario de protección infantil; ¿quiénes lo están cumpliendo? Tenemos una misión que cumplir, hay un hueco que sólo el servicio público de televisión parece dispuesto a llenar.
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