PRESIDENTE DE OMNISOFT INFORMÁTICA
A espaldas del escritorio cuelgan dos diplomas: uno de licenciado en Económicas, el otro del máster que cursó en EOI en 1960/61. Si la entrevista llevara título, bien podría encabezarse con esta frase: “Una vida en la informática”, porque a esta actividad ha dedicado Luis González su trayectoria profesional, pese a que no fue su formación universitaria, por la sencilla razón de que tal carrera no existía en aquellos tiempos. Y dentro de la informática ha hecho de todo, pasando por organizaciones de muy distinta complejidad hasta crear su propia empresa de servicios. Conoció aquellos voluminosos mainframes de los años setenta, menos potentes que un portátil de ahora; trabajó con cintas perforadas y con programación Cobol. Ahora, ya retirado de la primera línea, no le duelen prendas a la hora de reconocer que su pasión por las máquinas ha decrecido: “Empiezo a estar más cerca de algunas visiones apocalípticas sobre el futuro. Las máquinas nos hacen el trabajo más cómodo, hacen cosas que eran imposibles, pero al mismo tiempo van introduciendo limitaciones a la libertad”.
Y sin casi. Estudié Económicas en el viejo caserón de la calle San Bernardo de Madrid, y tengo que decir que fui muy buen estudiante: hice la carrera en cuatro años en lugar de cinco y acabé con sobresaliente. Ya entonces me interesé en el máster de la Escuela de Organización Industrial, pero antes tenía que hacer la mili, por lo que esperé hasta el curso 1960/1961.
Un ambiente diferente al que yo había vivido en la facultad..., tenía compañeros muy distintos, y yo era del grupo de los novatos. Me gustó mucho que se aplicara el método del caso, que acudieran empresarios a exponer problemas, y algunos profesores eran brillantes, recuerdo especialmente a José Luis Pinillos...
No me extraña. Y también recuerdo la biblioteca, que a mí al menos me parecía muy completa en temas de gestión; entre los que recomendaban los profesores y los que encontraba por mi cuenta, creo que leí muchísimo.
No, yo era becario, y ya he dicho que muy buen estudiante. Pero, por indicación de un profesor del máster, entré a trabajar pronto en Galerías Preciados, haciendo estudios de mercado.
En aquellos años no había facultades de informática. Me enteré de que había un cursillo para el personal y pedí permiso a mi jefe para asistir. Entonces ocurrió que el jefe de informática pidió mi traslado; al año siguiente, en 1963, a él lo cambiaron de puesto y yo me quedé con el suyo. Estuve allí hasta el verano de 1969, cuando me contrató El Corte Inglés.
Pero estuve poco tiempo, 15 meses. El Corte Inglés tenía un proyecto para desarrollar un almacén central, el que está en Valdemoro, y me encargaron hacer la programación de la gestión de mercancías. Cuando la fase piloto empezó a funcionar, regresé a Galerías, y me encontré con que la informática había cambiado mucho. En esa nueva etapa introdujimos las primeras aplicaciones en tiempo real, el teleproceso con terminales remotos y un almacén central bastante más modesto que el que yo venía de montar. Unos 10 años después, un día entré en una tienda de El Corte Inglés y vi que usaban listados de existencias diseñados por mí.
Tecnológicamente eran similares, pero los recursos de Galerías eran escasos, sobre todo en recursos humanos. Los terminales punto de venta los implantamos con mucho éxito, inicialmente sólo para las ventas a crédito. Antes, las listas negras de tarjetas anuladas o perdidas eran manuales, se fotocopiaban y se distribuían por las tiendas... Un trabajo enorme y una fuente de problemas. Cuando pusimos los terminales, los problemas se acabaron al primer mes.
Cuando miras lo que tenemos ahora te parece algo milagroso. Mucha gente joven ignora que grabábamos los datos en tarjetas perforadas, que luego había que verificar, con errores a espuertas y carísimo. El primer ordenador de Galerías tenía 8K de memoria interna y se almacenaba todo en cintas; con eso hacíamos 8.000 o 10.000. Cuando instalamos un IBM 370 y empezamos a usar discos, nos pareció haber dado un salto gigantesco... Llevábamos 300.000 cuentas de tarjeta. Encuentro divertido que para compilar un programa en Cobol tardábamos tres cuartos de hora, pero salía bien a la primera. Ahora hay unas facilidades de máquina que te permiten compilar en segundos, claro que ya no se hace en Cobol, sino en Java.
Esa es otra cosa que ha cambiado: teníamos diez veces menos recursos humanos. Yo lo atribuyo a una concurrencia de motivos. Antes, se metían en esto los forofos de los sistemas; ahora hay mucho aficionado que acaba de empezar, que llega con una formación justita. Por otra parte, ahora todo está compartimentado: cuando se presenta un problema, juntas a siete y ninguno sabe nada más que de lo suyo..., y te dicen ¿por qué no llamamos a IBM o a Oracle? Pero cuando se juntan los de IBM con los de Oracle, te dicen que la culpa es de Telefónica.
Claro que sí, ahora se hacen cosas que entonces eran imposibles. Pero también es cierto que en Galerías, antes de pasar la información, la revisábamos a conciencia por si había algún error; ahora se confía más en el poder de la máquina.
Tuve un par de empleos de corta duración, y pasé cuatro años como director en CapGemini, que acababa de instalarse en España. Hasta que me di cuenta de que para hacer lo que estaba haciendo no necesitaba ninguna multinacional. Entonces, con unos compañeros, fundamos CP Software, para dar servicios de desarrollo de aplicaciones. Y así hasta 1998, año en que, junto con otra persona que sigue aquí como director general, creamos esta compañía, Omnisoft. Yo era el consejero delegado, y al retirarme me hicieron presidente.
Pues básicamente lo mismo, aplicaciones. Tenemos 200 personas con nosotros.
La verdad es que mi pasión por las máquinas ha decrecido. Empiezo a estar más cerca de algunas visiones apocalípticas sobre el futuro. Las máquinas nos hacen el trabajo más cómodo, hacen cosas que eran imposibles, pero al mismo tiempo van introduciendo limitaciones a la libertad. ¿Se va a hacer buen uso de ellas? Lo más probable es que no; de momento, le ponen un chip a los perros, después nos lo pondrán a nosotros. Ahora bien, se ha evolucionado y se seguirá evolucionando. En tres o cuatro décadas hemos pasado de aquellos procesos en batch, que se hacían dejando la máquina funcionando por la noche, al teleproceso, y más tarde a los microordenadores, que ahora están en cada puesto de trabajo...
En estricta teoría, desaparecen algunas tareas y aparecen otras con más contenido. Hay posiciones que ya no tienen sentido, hay personas que ya no tienen que desplazarse. Y luego está la transformación de las aplicaciones. Aquí tenemos un equipo que atiende a distancia los problemas informáticos que se le presentan a los empleados de un banco... como “no tengo línea”, “la pantalla se ha puesto negra”; en fin, que todo se ha simplificado y da unas posibilidades enormes a las organizaciones. Al mismo tiempo, el correo electrónico es un gran avance, pero no conozco a nadie que no se queje del correo basura..., son servidumbres inevitables.
Eso iba a decir. En realidad, hay varios niveles de outsourcing; la actividad que acabo de mencionar entra en esa categoría. Son tendencias sociales, se externalizan las tareas informáticas como antes se externalizaron las de seguridad. En esto del outsourcing hay mucha subcontrata en cadena: ¿el cliente no lo sabe?, pues claro que lo sabe; ¿entonces qué es lo que le preocupa?, el coste; ¿es más barato?, no siempre.
Ha habido una época en que los departamentos de informática eran una especie de sancta santorum, que hacían lo que querían y tenían a toda la organización a sus pies. Muchas veces retrasaban prioridades, dejaban sin respuesta las necesidades de los usuarios dentro de la empresa, o tardaban demasiado... Todavía ahora hay proyectos que se extienden más allá de lo razonable, y cuando se completan puede ocurrir que el negocio haya cambiado y las necesidades ya no sean las mismas. Esto explica en parte la tendencia a apoyarse en servicios externos, y en este sentido los usuarios salen ganando.
Es una cuestión de terminología, y creo que está muy bien que dejen de ser considerados como una rama auxiliar; yo no quisiera generalizar pero creo que es importante que los directores de sistemas se incorporen a los comités de dirección. Esto es corriente desde hace tiempo en las grandes empresas, pero conozco algunas medianas que hacen depender la informática del director administrativo, y me parece un error grave. Hoy en día, todas las funciones vitales de la empresa se apoyan en la informática.
Es lógico, es el sector que más invierte en tecnología para mantenerse competitivo. No hay mejor ejemplo que el de los cajeros automáticos. ¿Sabía que desde hace años España es el país con más densidad de cajeros por millón de habitantes? Esto ha hecho más eficiente a la banca española.
Lo primero que hay que aclarar es que las multinacionales están creciendo sobre la base de compras. Y lo segundo, que algunas de las grandes multinacionales –no me pida nombres– lo que dicen que dan, en realidad no lo dan... lo subcontratan.
Sí, la tendencia procede del mundo anglosajón. En India, como todos sabemos, hay unos programadores maravillosos con una gran ventaja, su dominio del inglés, pero no les pidas que se entiendan con una empresa española. Uno de los problemas de trabajar con mano de obra barata es que les tienes que mandar las especificaciones, y entonces tú tienes que hacer el auténtico valor añadido. Hay una evolución de la sociedad que va en ese sentido.
"El factor clave para el futuro está en una adecuada gestión de las personas, en saber compaginar la experiencia con la juventud"
"Las empresas están incorporando profesionales de la comunicación para ejercer una función que antes tenían descuidada"