SUBDIRECTOR DEL GRUPO JOLY
"Las empresas están incorporando profesionales de la comunicación para ejercer una función que antes tenían descuidada"
La primera pregunta da la clave de la conversación. Animado por la empresa para la que trabaja, que es el mayor grupo privado de comunicación en Andalucía, Juan Manuel Marqués (1966) cursó un Máster de EOI en Comunicación y Periodismo Económico, en 1996/1997. La trayectoria de este periodista gaditano ha seguido un recorrido inesperado para un licenciado en Químicas, circunstancia que añade matices al diálogo: una dicotomía entre formación universitaria y práctica profesional, y los dilemas que se plantean cuando un periodista asume tareas directivas en un medio de comunicación que, finalmente, es una empresa. Las relaciones entre el llamado cuarto poder, la prensa, y el poder económico aparecen también en la entrevista, complementadas por una visión del tejido empresarial andaluz. Por último, opina, la irrupción de los medios digitales, vistos al principio como una amenaza, se ha convertido en un factor de salvación para la prensa, que gracias a Internet puede conectar con las nuevas generaciones que han desertado de los medios convencionales.
En buena medida, la iniciativa partió de la empresa para la que trabajo, el Grupo Joly, que tiene establecida una política de formación continua de sus profesionales en todos los niveles, para facilitarles el seguimiento de un plan de carrera. Había otras motivaciones, personales, y lo cierto es que me vino muy bien el año del máster, que cursé aquí en Sevilla, en el centro que la Escuela tiene en el edificio que fue el pabellón de Canadá durante la Expo. En el curso pude penetrar en los rudimentos de la economía, que yo desconocía pese a que venía trabajando como periodista económico.
Lo es, cómo no. En este país, la mayoría de los periodistas vienen de letras, o se consideran como tales, y muchos tienen poco o ningún conocimiento vinculado con las ciencias, entre las que incluyo la economía. Ésta es una reflexión mía, genérica, que me planteo desde hace tiempo, y de la que podría dar muchos ejemplos, el último de la semana pasada. Muchos autores han escrito que este problema tiene raíces históricas, se remonta al siglo XVIII, cuando los saberes se escindieron, creando una barrera que ha subsistido hasta hoy y que la Universidad no ha resuelto.
Mi caso sería una variante, porque en realidad no era capaz de leer un balance, no sabía cómo funcionaba una empresa ni casi nada de política económica. Empíricamente, sabía algo acerca de la comunicación institucional. Pero estas limitacio nes no impidieron que mi práctica profesional fuera durante años el periodismo económico, lo que quiere decir algo.
En Madrid, donde cursé el Máster de Periodismo de El País, en 1989. Trabajé brevemente en la revista Mercado y en el diario Cinco Días, pero la experiencia no fue la que yo esperaba, y opté por volver a Andalucía, donde me incorporé a Diario de Jerez, que edita el Grupo Joly. Allí descubrí que las empresas tenían mucho que mejorar en cuanto a transparencia en su comunicación con la prensa. Una de las primeras informaciones que me tocó hacer fue una crónica en la que pretendía glosar la cuenta de resultados de una empresa local. Legalmente, son datos de acceso público y yo mismo los obtuve del registro, pero cuando les llamé para recoger sus comentarios me respondieron que sólo los accionistas podían conocerlos.
Desde luego que sí. Ahora bien, ¿las empresas deberían ser más transparentes? Desde luego que sí. En mi opinión, la mejora que hemos observado en los últimos años se debe, por un lado, a que todas las empresas, y no sólo las grandes, han tomado conciencia del papel de la comunicación y han incorporado profesionales para una función que tenían descuidada. En este sentido, el Máster de EOI ha ayudado mucho a profesionalizar la comunicación corporativa en Andalucía.
Tengo una opinión muy personal: hay un divorcio de intereses, porque mientras la Universidad vive en un mundo, el empresario vive en otro. Por supuesto que en la Universidad se investiga, probablemente mucho, pero poco de lo que se investiga interesa a las empresas.
Sí, y tras una pausa en otra actividad, en 2000 entré al Diario de Cádiz, como redactor jefe. Para mí este empleo era un reto y un orgullo, porque además de ser nativo de Cádiz, este diario es la cabecera fundacional del grupo, fundada en 1867. Tres años después, la empresa me ofreció una oportunidad atractiva pero complicada, dirigir El Día de Córdoba, una cabecera que atravesaba dificultades muy serias y se quería hacer un esfuerzo para reflotarla. Esta responsabilidad me enfrentó por primera vez a un presupuesto y al manejo de capital humano, dos aspectos que los periodistas tendemos a despreciar pero que, en este caso concreto, era jugarse la supervivencia del periódico.
Salió bien. Normalmente, a ningún periodista le gusta ocuparse de cuestiones de personal, recortar costes, optimizar recursos... Son misiones que pueden ser odiosas. Si lo hubiera hecho mal, o me hubiera negado a ciertas cosas, evidentemente hoy no estaría aquí, pero lo importante es que conseguimos estabilizar las cuentas del periódico y gracias a ello nos salvamos todos, el diario y sus periodistas. En cualquier empresa, el primer deber es la rentabilidad, y una empresa periodística no tiene por qué ser una excepción.
Aprendí economía. Dirigir es algo que aprendí dirigiendo.
Si asumimos que el periodismo es un contrapoder, y que el poder económico es el más fuerte que existe, la conclusión es que el periodismo económico es el más difícil de ejercer. Y lo es más aún cuando las corporaciones ajenas al sector invierten en medios de comunicación. Por suerte para mí, ésta es una empresa que no tiene otros intereses que la prensa, y por lo tanto no plantea cortapisas a sus periodistas.
La familia Joly lleva más de un siglo en este negocio, lo que no obsta para que el grupo funcione como una empresa moderna. En realidad, su dimensión actual es reciente, desde los años ochenta. El objetivo empresarial es ser un grupo andaluz de referencia en los medios de comunicación. Ahora mismo, es propietario de ocho periódicos, tiene una participación minoritaria en prensa gratuita y ha obtenido la concesión de una televisión digital de ámbito regional.
El gran cambio empezó con la Expo. No quiero decir que la Expo sea la causa, sino que el acercamiento con el resto de la Península, gracias a la alta velocidad inaugurada en 1992, en coincidencia con la Expo, es una referencia ineludible. Fue a raíz de la entrada en servicio del AVE cuando se inició una evolución de las empresas andaluzas y empezaron a venir empresas de fuera a Andalucía.
Algo ha tenido que ver, facilitando excedentes de capital que se diversificaron en nuevas actividades. Lo más llamativo es la importancia que han adquirido las empresas tecnológicas y el tejido de innovación que las rodea. Estoy pensando en las empresas instaladas en el Parque Tecnológico de Málaga, en la planta que EADS tiene en Sevilla, y en Abengoa, una gran empresa española con proyección internacional, pero también podría hablar de muchas pymes. Todo se ha acelerado en los últimos 15 años.
Hay dinamismo, hay empresas punteras y competitivas, pero tal vez hacen falta más ingenieros, más tecnología, que aparezcan nuevas formas de financiación. Las cajas de ahorro andaluzas, que son un pilar de la economía y funcionan muy eficientemente, creo que deberían apostar más por los sectores modernizadores.
Durante casi cuatro años trabajé en la oficina del portavoz del Gobierno de la Junta. Fue una experiencia interesante, mientras duró. Desde el primer día me la tomé como un proceso de formación adicional.
Está muy clara: una cosa es hacer información y otra la comunicación, sea empresarial o institucional. Yo he hecho las dos cosas, y estoy en condiciones de distinguir por dónde pasa la frontera. Cuando haces una tarea de comunicación, estás moldeando la información, tu trabajo consiste en destacar los puntos positivos y limar los negativos; tu público objetivo son los periodistas. Pero cuando haces información te debes al público que te lee, al que debes informar con veracidad y honestidad.
Al principio, no aquí sino en todo el mundo, la prensa escrita vio en Internet una amenaza, un competidor que jugaba con ventaja; esa visión primaria ha cambiado mucho. Ahora vemos Internet como una tabla de salvación para regenerar el negocio y conectar con las nuevas generaciones. Dentro del grupo, tenemos la visión de que la prensa escrita y la digital no son rivales sino dos medios entrelazados, que requieren tratamientos diferentes. Ya no vale volcar por la noche la edición en papel a un formato electrónico; la edición digital tiene que actualizarse constantemente, e ir incorporando otros contenidos, un ritmo que en el papel no se puede seguir. Los servicios al lector son fundamentales para tener audiencia, y en esto los medios digitales son insustituibles.
A todos los periódicos les ha costado resolver esta cuestión, cuyo núcleo consiste en que hay que garantizar la misma integridad editorial en ambos soportes. Creo que, como mínimo, las dos redacciones han de estar en el mismo lugar, sin más separación física que la imprescindible. Y tampoco estaría mal que los redactores rotaran entre una y otra edición, aunque éste es un planteamiento difícil de encajar por distintas razones.
Ante todo, que el periodismo es un oficio que se aprende trabajando, que un periodista necesita una formación continua, y que en esto no difiere de otras profesiones.
"El factor clave para el futuro está en una adecuada gestión de las personas, en saber compaginar la experiencia con la juventud"
"Las empresas están incorporando profesionales de la comunicación para ejercer una función que antes tenían descuidada"