SUBDIRECTORA DE COOPERACIÓN INTERNACIONAL DE LA CRUZ ROJA
"Para trabajar sobre el terreno es necesario decidir con rapidez y sentido común, ser diplomático, paciente y saber adaptarse"
Una palabra define la vocación de Elena González Romero: internacional. Cada uno de los pasos que ha dado en su carrera tenía ese objetivo difuso que con el tiempo se hizo realidad. Licenciada en Derecho, hizo Económicas para completar su especialización en comercio exterior. Una experiencia fallida para la carrera diplomática le enseñó que eso de las oposiciones no iba con ella. Se define como una persona "constante y trabajadora" que desde el comienzo tenía claro que lo que quería era trabajar en el mundo. Por eso eligió el Master Internacional de Empresas en 1995, nuevo en aquel momento en EOI, Escuela de Negocios. Perteneció a la primera promoción, de la que conserva buenos amigos. "Las prácticas eran para mí lo mejor del curso y una plataforma para el mundo laboral fuera de España". Su entrada en Cruz Roja Internacional, como no podía ser de otro modo, se debió a una confluencia de circunstancias laborales y personales que la han llevado hasta su cargo actual, subdirectora del departamento de Cooperación Internacional. Aunque no había pensado en dedicarse a la ayuda humanitaria, ahora dice que este trabajo le da muchas satisfacciones. Ha sido responsable de misiones de seguimiento en países como Sierra Leona, Guinea Conakry, Liberia, Tanzania, Argelia o Irán.
Siempre he procurado estudiar fuera de España. Cuando hacía Derecho me fui a estudiar un año a Bélgica y dos meses a Italia, en Empresariales cursé otro año en Francia. Los veranos me iba a estudiar a Estados Unidos, a Inglaterra, a Francia, a Italia. Siempre al extranjero, porque me gusta mucho aprender idiomas in situ.
Visto en perspectiva, y haciendo un balance de lo que aprendí, puedo mencionar ahora mismo un buen número de materias impartidas en el máster que utilizo todos los días. Además, hice las prácticas en una asesoría de comercio exterior en Madrid, donde trabajaba en tareas externalizadas por la Comisión Europea. Sin duda, esta experiencia me sirvió de plataforma para trabajar después en el departamento de ayuda humanitaria de la Comisión Europea, en Bruselas.
Aquí siempre trabajo en inglés y francés. En la Escuela, la formación en idiomas era muy buena y me permitió perfeccionarlos. Otra faceta importante fue la estadística. Estoy en el equipo directivo de Cruz Roja que lleva la cooperación internacional, a cargo de los presupuestos anuales y del seguimiento de proyectos, y otros, en los que la contabilidad y las estadísticas son herramientas fundamentales. Así como la formación en Recursos Humanos. En nuestro departamento trabajamos 70 personas en Madrid y casi un centenar repartidos por distintos países en desarrollo. El marketing es otro tema que también aprendí en EOI, y que me viene muy bien porque mucho de lo que hacemos es, en cierto modo, "vender" solidaridad. El marketing comienza desde el momento en que te pones la camiseta de la Cruz Roja y estás representando a la organización.
Por amor. Trabajando en Bruselas, en la Comisión Europea, un buen día, por casualidad, me propusieron participar como ponente en un curso de Cruz Roja en Cáceres, donde estaban formando a delegados internacionales. El dinamizador del curso era quien hoy es mi marido. Acabó el curso, regresé a Bruselas y al año, Cruz Roja me planteó que necesitaban una persona que llevara los asuntos europeos aquí, en Madrid, de modo que vine a España.
En realidad, yo nunca había pensado en dedicarme a la ayuda humanitaria. Al principio de mi carrera me imaginaba en el departamento de importación-exportación de una empresa, pero la propuesta de Cruz Roja se ajustaba a todas mis necesidades del momento. No me arrepiento de haber cambiado de perspectiva; es más, estoy encantada porque este trabajo da muchas satisfacciones, te aporta mucho humana y profesionalmente.
Para algunas personas es un trabajo más, pero la mayoría lo hace por su contenido social. Lo cierto es que cuando Cruz Roja Española empezó a trabajar en cooperación internacional, apenas eran seis personas en Madrid, después doce, y ahora somos setenta en la sede y un centenar de delegados internacionales trabajando en países en desarrollo. A medida que ha crecido el volumen y la especialización de las operaciones, se requieren profesionales de muchos campos: arquitectos, médicos, enfermeros, ingenieros agrónomos, químicos, y también personal generalista. Lo que pasa es que el componente humanitario pesa mucho. Si a mí un fin de semana me envían a un país que ha sufrido un terremoto, me voy sin dudarlo. En cierto modo, Cruz Roja me ha fagocitado, porque no hay que olvidar que aquí trabajamos con personas que tienen problemas muy graves.
Cierto. Le daré un ejemplo: nunca llevamos comida desde España, porque el coste del transporte sería enorme y, sobre todo, porque podríamos cargarnos los precios de los productores locales. Podríamos hacer más daño del que se quiere remediar, por esto nos apoyamos en los mercados locales. Igualmente, trabajamos con los profesionales del país, por ejemplo los médicos, que conocen mejor los protocolos de actuación de su país y sus enfermedades. Distinto es el caso de los productos no perecederos o de equipamientos, como tiendas de campaña o equipos de potabilización, de cuya llegada e instalación rápida depende la subsistencia de las personas en casos de emergencia. No obstante, en el caso de la Cruz Roja, al pertenecer a la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, siempre trabajamos con la Cruz Roja o Media Luna Roja del país, compartimos las formaciones y el manejo de los equipamientos, y esto es muy importante, porque es una forma de fortalecer las capacidades de respuesta local ante futuros desastres.
Sí, y varía mucho de unos países a otros. En los campos de refugiados de Tanzania, que llevan más de 10 años funcionando, la logística, aunque compleja, está muy implantada. Pero en otras ocasiones, como algunas misiones de emergencia, en las que hay que fletar aviones con provisiones rápidamente, lo que se hace es enviar un equipo ya entrenado, que se encarga de mover lo que llega y distribuirlo. Llegan aviones de todo el mundo, hacemos el tracking de los paquetes, para evitar que lo que llega no se lo lleve nadie, nos encargamos de que todos los camiones estén disponibles en los puntos de distribución y de que la gente que los va a recibir esté informada. Todo ese trabajo no se ve en televisión, pero es básico.
Desde luego, en el caso de Cruz Roja todo está perfectamente organizado; tenemos el volumen, el contenido y el número de cada paquete. En algunos casos la gente se descontrola, claro que sí. Hay que tener en cuenta que nosotros trabajamos con la Cruz Roja o la Media Luna Roja del país, y que nuestros voluntarios son, a la vez, beneficiarios y pertenecen a la comunidad a la que apoyan; y ésta es nuestra mayor ventaja, pertenecer a la red de Cruz Roja, con presencia en todos los países y rincones del mundo.
No se puede generalizar. Lo que pasa con la Cruz Roja es que somos una federación internacional, con una larga experiencia, y auxiliar de los poderes públicos, lo que nos da una capacidad de reacción y organización que no tienen otras organizaciones más pequeñas pero que hacen una labor muy buena.
Deben ser personas capacitadas para tomar decisiones con rapidez y sentido común. Hay que ser diplomático –porque los tiempos de algunos países no se miden como los nuestros– y aunque podemos empujar, sería un error imponer lo que la gente del lugar puede hacer por sí misma. Ser paciente y tener una gran capacidad de adaptación, nunca sabes lo que va a pasar.
Sí, saber trabajar en equipo, saber delegar. Esto es importantísimo en mi trabajo actual, porque si no sabes delegar las cosas no funcionan, una sola persona no lo puede hacer todo. Con más razón cuando te enfrentas a situaciones extremas, donde eres testigo del sufrimiento de las personas.
En estas situaciones no te puedes ablandar. Tienes que ser psicológicamente estable para no derrumbarte. Yo estuve en Argelia 15 días, durante el terremoto del 2003, y recuerdo haber acumulado mucho cansancio y estrés. Pero cuando estás allí, trabajas, trabajas y trabajas. Con la adrenalina a tope. Cuando volví, me pasaban cosas como no poder contar el dinero que me devolvían en las compras.
En varias ocasiones he podido comprobar cómo, frente a situaciones extremas, sacas fuerzas y te empleas a fondo, muy por encima de lo que uno pudiera pensar que era su capacidad. Creo que el ver de cerca el sufrimiento de otros te da fuerzas y, de alguna forma, te prepara para poder hacerle frente. En Cruz Roja disponemos de varios equipos de psicólogos que apoyan en esta tarea y, además, antes de la salida en misión, se nos informa sobre los aspectos de la cultura del país, de sus gentes... Ayuda mucho conocer los códigos de conducta de cada país, pero, aún así, hay algunas misiones que machacan mucho, como las de los campos de refugiados en Sudán o los campamentos en el Sáhara. Hay personas que no aguantan, y si se tienen que volver, pues vuelven y no hay nada que reprocharles. Esto es así.
Lo primero, aprender idiomas. Aunque en España hemos mejorado mucho, todavía falta. Acumular toda la experiencia internacional posible: leyendo, viajando, acercándose a otras culturas. Si a esto le añades alguna especialización en algún campo de interés como la nutrición, la salud, el desarrollo económico, las migraciones..., pues mucho mejor. Lo importante es no renunciar a las oportunidades que se van presentando porque todas las experiencias nos ayudan a ir forjando un camino.
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