DIRECTOR GENERAL DE NEOELECTRA ESPAÑA
"Mi mayor logro profesional ha sido ser un ‘facilitador', un apoyo en la toma de decisiones a todos los niveles"
Antonio JB Cortés-Ruiz (Granada, 1967), formó parte de la primera promoción del Máster en Ingeniería y Gestión Medioambiental (1993), máster que recogía la experiencia de EOI en cursos de Medio Ambiente desde 1977, es Doctor en Minas y, después de atesorar una gran experiencia en compañías como ENRESA e instituciones como el OIEA-Naciones Unidas (Organismo Internacional de Energía Atómica), hoy dirige la delegación española de la compañía energética Neoelectra. Trabajador nato, confiesa que su mayor logro profesional ha sido ayudar a la gente de su entorno, que estará formándose toda su vida y que aún le queda todo por hacer. Se considera una persona afortunada y defiende el derecho a equivocarse como condición necesaria para crecer profesionalmente.
A los 16 o 17 años. Hacía un poco de todo, hasta que terminé la carrera de Geológicas, en 1991, y me fui a Estados Unidos.
Me di cuenta de que carecía de muchas cosas, así que opté por reforzar mis estudios tanto en el aspecto técnico, que era lo que más me urgía para incorporarme al mercado laboral, como en el conocimiento del mundo de la gestión desde un punto de vista empresarial.
Sí, de hecho, sigo formándome: ahora estoy terminando mi segundo doctorado, en Sociología y Ciencias Políticas. Creo que la formación no debe terminar nunca: si eso sucede, quiere decir que ya no tienes más capacidad de aprender. Me han educado en la creencia de que hay que aprender todos los días, desde que te levantas hasta que te acuestas: ahora, por ejemplo, me considero "embrutecido" por la técnica, y deseo profundizar en mis conocimientos humanísticos.
Porque me he dado cuenta de que el factor humano es el que decide. La tecnología está muy bien, es un valor añadido, pero, si no hay una persona detrás, con conocimiento, percepciones e intereses, no hay nada que hacer.
Aquí debo mencionar a dos personas fundamentales en todo mi proceso formativo y profesional: Rosa Arce y Concha Moreno, figuras innovadoras y precursoras de toda la formación en medio ambiente en España, que abanderaron ese movimiento desde EOI, y promovieron que hubiera una opción real de formación en esa especialidad. En el momento en que vi que estas dos personas habían creado este máster, hice la entrevista personal y fui admitido. Recuerdo que empecé las clases el 8 de enero de 1993.
Es un máster full time, así que había pocas opciones. Esto significó una importante toma de decisiones, que implicó aparcar durante año y medio toda mi vida para dedicarme a este proyecto, que iba a condicionar mi carrera profesional. Anteriormente, mi mundo era muy académico, y todo era interpretado desde el punto de vista de los profesores. A partir del máster, me di cuenta de que no había nada cierto y de que nadie te calificaba trimestre a trimestre. Ahora se aprobaba día a día. Era la vida real con profesionales de la vida real.
Sí, y me ha servido de mucho. El club EOI ha movilizado todo el networking de 35.000 o 40.000 antiguos alumnos. Tiene una gran fuerza, ya que soy compañero de presidentes de empresas multinacionales, de pequeñas compañías familiares, de promotores, de emprendedores, etcétera. De hecho, cuando tengo que contratar a alguien en un puesto directivo de confianza dentro de la compañía, acudo a EOI, ya que sé que la persona elegida tendrá la misma orientación a la hora de hacer negocios que yo. Somos gente honesta, íntegra y muy profesional.
Tuve tres opciones para las prácticas, y elegí ENRESA, del grupo SEPI. Lo cierto es que me considero muy afortunado. Me incorporé al departamento de innovación tecnológica de una empresa cuyo leitmotiv es la sostenibilidad ambiental y tuve la suerte de toparme con los dos mayores profesionales que he encontrado en toda mi vida: Julio Astudillo y Aurelio Ulibarri. Julio Astudillo ha sido quien ha definido mi vida profesional. Fue una persona que me permitió continuar la formación y creó el espacio para crecer dentro de la empresa, dándome carta blanca en situaciones en las que rara vez la tiene un recién llegado. Creyó en mí. Me dijo: "Éste es el camino, equivócate, aprende de tus errores y ahí estaré para soportarte". Si una persona no tiene la oportunidad de equivocarse y de mirar hacia atrás, jamás aprenderá y no avanzará.
Verdaderamente, a los 18 años es muy difícil tomar la decisión correcta a la hora de escoger una carrera, pero sí que tienes segundas o terceras oportunidades. Es en este momento donde hay que ser muy cuidadoso y elegir aquel centro que te dé la solución que buscas, que probablemente no esté sólo en un lugar. Yo tuve esta segunda oportunidad y la aproveché, ya que considero que mi carrera académica anterior fue un fracaso.
No elegí bien y no estuve n da contento durante el periodo de aprendizaje. Pero tuve la oportunidad de reconducir mi vida. Hoy puedo decir que la mejor inversión que he hecho, sin ninguna duda, fue formar parte de la primera promoción del Máster en Ingeniería y Gestión Medioambiental.
Ayudar a la gente que tengo alrededor, ser parte de la comunidad en la que trabajo, ser un "facilitador", un apoyo en la toma de decisiones a todos los niveles: desde poner frenos a una vagoneta en una galería a 400 metros de profundidad a negociar un acuerdo que signifique el 20% de mejora con respecto al año anterior.
Todo. Hasta ahora no he hecho nada. Mi padre realizó el primer mapa de cálculos renales que favoreció un diagnóstico inmediato. Mi hermana ha desarrollado su carrera en el sector de la ingeniería genética, donde ha estudiado la curación de enfermedades como la malaria. Yo lo único que hago es poner encima de la mesa lo que he aprendido.
En compartir todo tu saber y mejor hacer, y darte cuenta de que eres prescindible: la empresa debe estar por encima de los intereses personales. Éstos son temporales y las empresas deberían ser atemporales. El éxito de una comunidad empresarial consiste en que por ella pasen muchas personas que compartan toda su sabiduría, que sean generosas. Mi mayor reto, donde creo que está el éxito, es que todas las personas que trabajen conmigo disfruten haciendo lo que hacen. Me encanta lo que hago y creo en ello; el hecho de saber que todo lo que hago repercute en un beneficio para toda la comunidad.
Eso habría que preguntárselo al presidente. Supongo que buscaban una persona integradora, que tuviera gran capacidad de organización y de descubrir qué es aquello que falta y eliminar lo que sobra. Aunque tengo muchísimos defectos, creo que ésta es una de mis virtudes.
Me da mucho respeto dar consejos. Más bien haré una reflexión: una desaceleración o crisis es un fotograma de una película muy larga. Supongo que esta relativización del tiempo procede de mi formación como geólogo, ya que en esta ciencia la unidad temporal es el millón de años. Lo que hay que hacer es ser lo más proactivo y predictivo posible para evitar que esa crisis, cuando suceda, agote los recursos corporativos.
El precio de la energía en España está por debajo de lo que realmente cuesta. Además, es un sector muy regulado: esto, por una parte, es positivo, ya que evita la especulación, pero, por otra, no existen las posibilidades de desarrollo que hay en otros países. Es necesario que la estructura energética se desarrolle de forma equilibrada y coherente, sin depender excesivamente de terceros países. Creo que nunca asistiremos a una crisis energética en España, pero debemos estar vigilantes, ya que las necesidades están aumentando, y desarrollar la capacidad de evolucionar de forma autónoma. Aunque dependamos de otros países para obtener petróleo o gas natural, tenemos otros muchos recursos naturales, como el sol, el viento, la biomasa, el biodiésel, el bioetanol... En la medida en que aprovechemos esta riqueza, tendremos éxito.
El éxito de una empresa parte de su capacidad por integrarse en el entorno en el que trabaja; es decir, de su responsabilidad social corporativa. Una empresa debe devolver al entorno parte de sus beneficios, y no sólo para obtener reconocimiento social o político: cualquier compañía es una comunidad que debe estar integrada en la macrocomunidad de la sociedad y debe hacer que crezca con ella. Si la empresa no hace más que consumir recursos de la sociedad, la agotará; pero si es generosa y devuelve al entorno parte de estos recursos, la sociedad crecerá y, en consecuencia, demandará más y abrirá nuevas oportunidades de negocio y desarrollo. En definitiva, el éxito de una empresa debe residir en alimentar a quien le está dando de comer todos los días.
Hubo una en concreto que significó un cambio de mentalidad. Recuerdo que el actual director de Recursos Humanos, Miguel Ángel Gómez Tera, entonces director de Estudios, se presentó a mi promoción diciendo que era el sheriff, un apelativo que nos hizo mucha gracia. Un día de mayo o junio, cuando había comenzado el calor en Madrid, un compañero y yo asistimos a la escuela en bermudas y Miguel Ángel se nos acercó y nos recalcó que aquellas no eran formas de ir a una escuela de negocios. Pensamos que lo decía en broma, así que al día siguiente volvimos con las bermudas puestas. Esta vez nos amenazó con que, si se repetía esa circunstancia, nos echaba de la Escuela. Esto supuso para mí el cambio estructural desde un mundo académico en el que hacías lo que te daba la gana a un mundo en el que te tienes que ganar el respeto de los demás. Aquello no era un camping, ni un patio de colegio ni un campamento de verano: era una escuela de negocios para profesionales.
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