entrevisa Franciso Fernandez Dopico

 

Francisco Fernández Dopico

VICEPRESIDENTE DEL BANCO DE ANDALUCÍA

“En los años setenta había unas expectativas increíbles. Sorprende que las empresas pudieran absorber costes financieros tan altos”

 

Francisco Fernández Dopico

Una vida (o casi) en la banca. Ésta pudiera ser la síntesis de la trayectoria de este hombre que se jubiló el año pasado como consejero delegado del Banco Popular y sigue siendo vicepresidente –no ejecutivo, aclara con una sonrisa pícara– del Banco de Andalucía, en cuya sede sevillana tuvo lugar la entrevista. Con la perspectiva que dan los años, pero atento a los nuevos avatares del sistema financiero mundial, Fernández Dopico analiza paso a paso, se diría que minuciosamente, la historia de la banca española tal como la vivió, desde la transición hasta bien entrado el siglo XXI. Empezó su carrera poco después de cursar un máster de la Escuela de Organización Industrial (1970/1971). Cuando se le pide una definición, ofrece dos: economista de empresa (“cuando empecé a trabajar, ninguna pyme tenía un director financiero”), y banquero (“por cuenta ajena”).

¿TODA SU CARRERA PROFESIONAL SE HA DESARROLLADO EN EL BANCO POPULAR?

No exactamente. Al terminar la facultad, trabajé un año y medio en Galerías Preciados, y me marché a una promotora inmobiliaria del grupo Ferrovial, que se llamaba Ibervial. Fue una experiencia muy interesante que me hizo ver una faceta práctica de mis estudios, una limitación que me convenció de la necesidad de completarlos con un primer máster de Dirección Comercial y luego otro de Administración de Empresas, de nueve meses cada uno, en la Escuela de Organización Industrial.

¿POR QUÉ DOS CONSECUTIVOS?

Creo que por necesidad intelectual, porque era joven y ambicioso. En aquella época era muy fácil encontrar un trabajo al acabar una carrera universitaria, pero estábamos peor preparados que los graduados de hoy; ya había una disociación entre la Universidad y el mundo de la empresa

¿ESTA CRÍTICA YA SE HACÍA EN AQUELLOS AÑOS?

No se decía mucho, pero era más grave que ahora. Estudié Económicas en Madrid, en la vieja facultad de la calle San Bernardo, sin que nadie me enseñara nada sobre los problemas que tendría en la inmobiliaria. No es una queja, porque tuve el privilegio de estudiar con un claustro de profesores irrepetible. Iba a clase no sólo por aprobar la asignatura, sino por escucharlos; entre ellos recuerdo a José Luis Sampedro, que luego sería novelista de éxito; a Manuel Fraga, catedrático de Teoría del Estado en segundo curso; a Gonzalo Arnaiz, en Estadística, o al profesor Uría en Derecho Mercantil. Y tengo muy presente a Enrique Fuentes Quintana, que enseñaba Hacienda Pública en cuarto y Sistema Fiscal en quinto. De modo que en la Universidad recibí una formación excepcional, que he disfrutado durante el resto de mi vida, pero echaba en falta un conocimiento más profundo de la economía de la empresa; esto lo encontré en la Escuela. Allí conocí personas que tendrían gran influencia en mi vida personal y profesional, como Teodoro Cardoso León.

Además de los conocimientos académicos, la Escuela te daba una manera de relacionarte profesionalmente, de abrirte caminos. A fuerza de ser sincero, me sirvió para completar un currículo, pero no para sacar un fruto directo. Yo tenía una inquietud, que era trabajar en un banco; así entré al Banco Popular ganando 500.000 pesetas menos que en Ibervial. Yo no tenía antecedentes familiares en la banca. Pero el Banco Popular ha sido mi tercera empresa, y la definitiva, puesto que cerré mi carrera en 2007 como consejero delegado.

LA BANCA OFRECÍA UN TRABAJO SEGURO Y DE PRESTIGIO.

Sin duda ofrecía una perspectiva profesional, pero era un sector injustamente vituperado, una profesión mal vista, que muchos asimilaban al usurero. Se hacía mucho entonces una distinción entre bancario y banquero, a la que nunca le he encontrado sentido. Puedo admitir que se distinga entre banqueros por cuenta propia, que ya no hay ninguno, y banqueros por cuenta ajena; yo he sido, obviamente, de los segundos. Un banquero es alguien que compra y vende dinero, y tan banquero es Emilio Botín como el interventor de una agencia del Banco de Andalucía, que autoriza un descubierto. Naturalmente en lo que a profesión se refiere, pues el señor Botín es un banquero que ocupa un puesto de privilegio en el ranking mundial.

¿CÓMO EMPEZÓ SU CARRERA DE BANQUERO POR CUENTA AJENA?

Lo que me atraía era que antes de prestar dinero teníamos que hacer un estudio previo, profundizar hasta tomar una decisión. Mi primera labor fue en el departamento de Análisis de Inversiones, y lo que hacía era aprobar o denegar las operaciones que nos mandaban las sucursales. Pero no era una labor de despacho: he visitado muchas empresas para conocerlas, para aprender de los que sabían más que yo.

SUELE HACERSE OTRA DISTINCIÓN: POR UN LADO LA ECONOMÍA FINANCIERA Y, POR OTRO, LA ECONOMÍA REAL...

No creo que sea acertada, y menos para la banca que se hace en el Popular. Es verdad que muchas nociones arraigadas han sido desvirtuadas por ciertas prácticas. Ahora mismo, en el momento en que hablamos, es imposible saber quién está comprando acciones del banco, y puede que un señor las esté comprando a crédito para venderlas el mismo día en el mercado de futuros, lo que se conoce como un derivado...

¡PERO SI ÉSA ES CLARAMENTE UNA MANIFESTACIÓN DE ECONOMÍA FINANCIERA...!

Que en mis tiempos no existía. Cuando entré en la banca, lo único que había eran cuentas corrientes, cuentas de ahorro e imposiciones a plazo fijo. Yo diría que las necesidades de los empresarios del país estaban más que cubiertas. No había productos financieros como los que se han desarrollado después. Ni siquiera había créditos hipotecarios a más de 8 o 10 años, como los hay ahora.

¿CÓMO VIVIÓ LA ÉPOCA DE ORO DE LOS SIETE GRANDES BANCOS, CON TANTA REPERCUSIÓN EN LA PRENSA?

En realidad, mis responsabilidades estaban por debajo de aquellas reuniones, en las que supuestamente se ponían de acuerdo para no competir. No sé de qué hablaban los presidentes, pero me consta que en la calle había una competencia feroz entre los bancos: teníamos que comprar dinero, que unos pagaban más caro que otros, y teníamos que vender dinero, que unos lo cobraban más barato que otros.

HASTA QUE ROMPIÓ LA BARAJA LA BANCA EXTRANJERA...

Aquel fue un primer cambio, que tuvo poca trascendencia operativa. Al principio, los bancos extranjeros no eran una competencia real, porque se limitaban a trabajar con sus multinacionales, y no hacían caso al empresario español, entre otras cosas porque lo normal era que estuviera muy endeudado y era práctica corriente que tuviera doble o triple contabilidad; por ahí, la banca extranjera no pasaba.

¿Y LA BANCA ESPAÑOLA, SÍ PASABA?

Eran nuestros clientes y teníamos que entender la situación por la que atravesaban [...]. Entonces desembarcaron los bancos extranjeros, fueron sacando poco a poco productos nuevos, que la banca española supo replicar, a veces adelantándose. Me consta que la banca extranjera nunca llegó a ser la amenaza que muchos presagiaban.

¿CUÁL ERA LA VENTAJA DE LOS BANCOS ESPAÑOLES?

Estar pegados al cliente. Naturalmente, el caso que mejor conozco es el del Popular. Al ganadero le llevábamos personalmente los pagos de la industria láctea, al pensionista le pagábamos la pensión en la sucursal de su pueblo, y así llegamos a ser imbatibles por la capilaridad de nuestra red comercial, algo que no podían emular los que acababan de desembarcar. Eso sí, tuvimos que reaccionar en las grandes ciudades, y gracias a ello la banca española evolucionó, paralelamente a la cultura financiera del empresariado.

¿CUÁL ERA EL ENTORNO PARA LAS EMPRESAS EN LOS AÑOS 70?

Difícil, sin duda, pero había unas expectativas que hoy pueden parecer increíbles. Cuando lo cuentas, sorprende que las empresas pudieran absorber costes financieros tan altos. Sí, se les cobraba el 15% por un crédito, pero el banco pagaba el 12% o el 13% por el pasivo. Recuerdo que Rafael Termes, entonces consejero delegado del Popular, nos exponía estudios del Banco de España según los cuales la proporción del coste financiero sobre el total de gastos podían asumirlo las empresas, incluso con aquellos tipos de interés.

¿CÓMO VIVIÓ LA LIBERALIZACIÓN DE LA BANCA?

Me voy a permitir hacer justicia a lo que para mí fue un cambio radical en la banca española, el momento en el que el Santander decidió liberalizar la remuneración de las cuentas corrientes. Antes hablábamos de los siete grandes; pues bien, el Santander era el sexto y el Popular, el séptimo. Luego hubo un reordenamiento general, que probablemente no ha terminado aún.

INICIALMENTE, LA LIBERALIZACIÓN PROVOCÓ UNA MULTIPLICACIÓN DE FICHAS BANCARIAS...

Y una multiplicación de las quiebras, que luego condujo a la concentración. Pero sí, ahí estuvo el despegue. Luego vino la modernización: la banca española entendió que tenía que invertir en tecnología y en formación, y los frutos los vemos ahora.

¿POR QUÉ EL POPULAR HA SIDO REACIO A LAS FUSIONES?

El asunto de la dimensión nos ocupaba, pero no nos preocupaba; nunca dejamos de estudiar ninguna oportunidad. No es exacto decir que fuéramos reacios; es una cuestión de filosofía de trabajo. En realidad, nuestra filosofía es bastante elemental, y siempre la misma: estar cerca del cliente. Por ejemplo, hemos llegado a financiar el 60% del algodón que se produce en Andalucía; ¿cómo?, pues poniendo sucursales en los pueblos algodoneros. Lo mismo hemos hecho con la fresa o con el olivar.

POR CIERTO, ES EL ÚNICO BANCO QUE HA MANTENIDO FILIALES CON PERSONALIDAD Y MARCAS DIFERENCIADAS. ¿POR QUÉ?

Creo que ha sido una visión estratégica. Lo que han hecho otros, normalmente, ha sido comprar bancos y eliminar las marcas. Mucho antes del Estado de las autonomías, el Popular decidió mantener las marcas de sus filiales, y la mejor prueba del acierto es que allí donde cualquiera de ellas compite con el Banco Popular, ambas ganan más compitiendo que si se hubieran fusionado bajo un nombre común. Es una filosofía de grupo.

CON LA EXCEPCIÓN DE PORTUGAL, EL POPULAR NO HA TRATADO DE CRECER FUERA DE ESPAÑA.

Lo que no quiere decir que no esté abierto a crecer. Lo que pasa es que hay tres condiciones sine qua non definidas hace años: que se pueda obtener el mismo retorno de la inversión que en España, que exista estabilidad jurídica y que no se deterioren las ratios del banco. Porque, pese a su tamaño, el Popular goza de una calificación que normalmente reciben bancos más grandes.

LA BANCA ESPAÑOLA GOZA DE BUENA SALUD.

Estoy de acuerdo. El Santander y el BBVA están entre los primeros del mundo, ganan puestos en el ranking y esto es un orgullo para todos. ¡Ay, si hace uno o dos años nos hubieran dicho que el Citi, el Deutsche Bank o el BNP iban a tener los problemas que están teniendo! [...]. En cambio, se está viendo que la banca española goza de buena salud, y esto le permite lanzar operaciones de crecimiento fuera de España.

¿HAN SEGUIDO SUS HIJOS LA CARRERA BANCARIA?

Ninguno de los tres. Tal vez porque, después de la experiencia itinerante que ha tenido su padre, todos han buscado profesiones que les permitan una mayor estabilidad.

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